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EU en México


A propósito de la visita política y estratégica que acaba de realizar al estado el Secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, un amigo me preguntó sobre cómo veo el panorama para la elección presidencial del 2018.

De entrada, le dije que el PRI postularía a un candidato con poca oportunidad de ganar, ya que los poderosos que mandan realmente desde hace un buen rato en el país (nuestros vecinos del Norte) determinaron, al parecer, la salida de los priístas de Los Pinos. Al menos, desde hace dos años han venido enviando señales de que así sería.

Para justificar o documentar mi opinión, a mi amigo lo puse en contexto: La historia intervencionista que desde hace siglos han marcado de manera encubierta o abierta los poderosos de Estados Unidos en los asuntos que deberían competer sólo a los mexicanos comenzó en la actual etapa histórica desde aquella "caída del sistema" en la elección de 1988, cuando los operadores de esos vecinos del Norte no fueron tan eficaces para ocultar esta maniobra encubierta al calcular mal y subestimar la fuerza que tomó Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano.

La intervención de los poderosos de EU –millonarios y políticos- en las elecciones presidenciales de México se viene dando tal vez desde los 60s y 70s o quizá desde antes. Sin embargo, en cuanto a lo que he observado, en 1988 vi por primera vez la mano de los poderosos vecinos en la elección presidencial. Al enterarse de que el conteo electoral tenía una tendencia que ponía en riesgo sus intereses, maniobraron para que se registrara aquella famosa e inesperada "caída del sistema" electoral, a fin de que Carlos Salinas de Gortari ganara oficialmente. La percepción ciudadana fue que, al final, le arrebataron el triunfo a Cuauhtémoc Cárdenas.

El siguiente episodio que puso en evidencia la intervención de los poderosos vecinos se pudo observar en la sucesión presidencial del 2000, una vez que en 1994 no tuvieron que mover prácticamente nada para que ganara Ernesto Zedillo Ponce de León, aprovechando a su favor la simpatía que ya tenía la mayoría de los mexicanos hacia Luis Donaldo Colosio Murrieta. El PRI habría ganado con cualquier candidato.

Para el 2000, la estrategia de los poderosos estadunidenses fue instruir al PRI que postulara a un candidato que no garantizara el triunfo, como me parece que ahora volverá a suceder en 2018. Para ese proceso electoral, el PRI postuló a Francisco Labastida Ochoa, cuando todo indicaba que los priístas ganarían con Roberto Madrazo Pintado.

El propio ex gobernador de Tabasco puso al descubierto la elección interna simulada y dirigida que se realizó en el PRI para que Labastida fuera el candidato al comentar días después de este proceso interno que en España le preguntaron qué había pasado, que si se había caído el sistema, a lo que Madrazo respondió que no se había caído el sistema, sino que "me lo echaron encima".

Lo más vergonzoso y humillante para los priístas fue que esos poderosos vecinos le ordenaron a Ernesto Zedillo que saliera a declarar que la elección había sido ganada por Vicente Fox Quezada, cuando este anuncio le correspondía darlo por rigor Constitucional y legal a la autoridad electoral. Con esta maniobra, los norteamericanos se descubrieron solitos respecto de las intervenciones que han venido realizando en las elecciones presidenciales.

El siguiente capítulo del espíritu "intervencionista" norteamericano y que tampoco se pudo ocultar por más que lo tratarno de hacer fue la elección del 2006. En esa ocasión no fue una caída del sistema para que Felipe Calderón triunfara oficialmente sobre Andrés Manuel López Obrador. En este caso, los vecinos del Norte dispusieron que se manipularan los resultados y hacerlos cuadrar a favor de Calderón. Todos vimos que las cifras entre ambos eran muy cerradas y que la diferencia entre ambos eran contados miles de votos.

La ventaja del panista no llegaba ni a un digito. Hasta donde pude apreciar, hubo unos momentos que parecían que el entonces perredista rebasaría al panista. Este fue el momento justo por el cual se sospechó de turbias maniobras, ya que extrañamente Calderón repuntó y mantuvo esa ventaja.

Actualmente, las señales que indican que se repetiría la historia se han venido enviando desde el año pasado, principalmente. Y son tan claras, como aquella que nuestros vecinos enviaron en torno a la legitimidad o autenticidad del movimiento de los "zapatistas" en Chiapas. El gobierno de Carlos Salinas sabía no sólo de la preparación de este movimiento. También estaba enterado que iba a estallar (ahí están los informes previos del Ejército Mexicano), pero que no podía frenarlo porque estaban protegidos por vecinos del Norte. Al final, esos poderosos humillaron a Fox ordenándole que no sólo permitiera al subcomandante Marcos en su caravana por el país, sino que también lo protegiera (lastimosamente con los propios elementos del Ejército Mexicano)…

Lo que sí es claro que los EU no dejarán llegar a la Presidencia a un izquierdista.

En 2018 no ganará el PAN. Perderá el PRI o el candidato priísta, pues las señales enviadas desde Estados Unidos indican que los poderosos están molestos, encabronados, porque el gobierno de Enrique Peña Nieto y el PRI no movieron ni un dedo para aterrizar pronto las reformas estructurales, sobre todo la energética y la financiera, mismas que son de sumo interés económico para nuestros vecinos.

Bajo esta perspectiva, me aventuro a considerar, proyectar, pronosticar, que el candidato que triunfará en la elección presidencial sería el panista Rafael Moreno Valle.

El sacrificado en el PRI sería Osorio Chong, quien desde hace más de un año viene cuidando su imagen. Desde entonces ya no se ve al Secretario comprometido y resuelto a entrar a la solucionar de los problemas de seguridad interior y política. Se cuida o lo cuidan para no rasparse o desgastarse.
De lo que sí estamos ciertos es de aquella frase del vox populi: tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.?

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