ESTACIÓN SUFRAGIO

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A CUALQUIER COSTO:


La estrategia de jibarizar a la oposición, fragmentando a la izquierda y, en general, desbaratando a un eventual frente político antipriista, le resultó este domingo al Partido Revolucionario Institucional (de confirmarse la ventaja de Alfredo del Mazo sobre Delfina Gómez).

Pero la gran enseñanza de la elección del Estado de México es que Morena y su líder e insoslayable candidato Andrés Manuel López Obrador, será (en singular, porque son uno y lo mismo) el contrincante a vencer en los comicios presidenciales de 2018.

Para derrotar a Delfina Gómez, el gobierno federal convirtió los comicios para Gobernador en la entidad natal del presidente Enrique Peña Nieto en una elección de Estado: se repartieron no sólo despensas sino pantallas planas y recursos a fondo perdido.

Se inauguró, de hecho, la más cínica forma ensayada hasta ahora de usar el poder para ganar elecciones: con giras presidenciales, visitas de los secretarios de Estado, arranque y terminación de obras públicas a pequeña escala o con grandes inversiones, como la del proyectado aeropuerto de la ciudad de México en terrenos de Texcoco.

Bursatilizar la política, que es como llaman los especialistas a este proceso de encarecer las elecciones y costearlas con dinero ajeno al erario, es malo para la democracia entre otras cosas porque, al no contar con una segunda vuelta, estamos eligiendo en México a gobernantes que lograron tan solo el 30 por ciento de los sufragios, pero de una votación efectiva que apenas rebasa el 50% del padrón electoral. Eso los hace gobiernos intrínsecamente ilegítimos.

Y es malo para la economía nacional, porque se confirma que la mayor inversión pública que se está haciendo en nuestro país tiene como propósito conservar o disputar el poder. No solo hay una gran cantidad de recursos fiscales que se destinan a la organización de comicios confiables, reiteradamente violentados por una subcultura del fraude, sino que vemos la creciente importancia que adquiere el dinero oscuro en la competencia política.

A pesar de los ‘estrictos’ controles que se aplican para transparentar el origen de los fondos y no exceder los topes en los gastos de campaña, en México ya no celebramos simples elecciones de Estado. Ahora realizamos escandalosos comicios donde la mayor cantidad del dinero circulante nunca fue presupuestado, fondos que bien pueden provenir de la defraudación fiscal y hasta de la delincuencia organizada y que, a final de cuentas, son fuente de enriquecimiento ilícito para una nueva clase política especializada en organizar campañas y, si se puede, ganar votaciones.

La fórmula mexiquense resultó, pero la mayoría de los analistas coinciden en que no sería ético ni viable financieramente repetir en 2018 este mismo esquema: pagar por los votos que reciba el PRI y, sobre todo, pagar para que no se depositen en las urnas boletas a favor de Morena.

En su discurso al cierre de la jornada electoral, el dirigente nacional del tricolor agradeció el voto útil de aquellos ciudadanos cuya primera opción no era el PRI. Y celebró que hubiesen podido parar en el Edomex el “populismo autoritario” (versión priista de aquella etiqueta de “un peligro para México” con la que los panistas intentaron frenar a AMLO en 2006) que el año próximo, según Enrique Ochoa Reza, intentará convertirnos en una nueva Venezuela.

Para conservar el Estado de México, a la administración Peña Nieto no le preocupó perder el gobierno de Nayarit, muy probablemente perder el de Coahuila ni sufrir una debacle electoral en los comicios municipales de Veracruz.

Había que retener el Edomex porque es la joya de la corona, la entidad donde el grupo Atlacomulco seguirá haciendo negocios cuando inevitablemente tengan que entregar el gobierno de la república, ya sea a López Obrador o a cualquier otro candidato no priista con el que, como en 2000 con Vicente Fox, pacten la continuidad de México como ejemplo de gobierno neoliberal.

VER PARA CREER:

No fue solo un lector quien, a juzgar por sus comentarios a esta columna, se quedó con la idea de que el dinero obtenido por la venta del avión del Gobierno del Estado se invertiría en el sector salud, por lo que se sorprendieron con la campaña oficial para publicitar la rehabilitación de 65 espacios deportivos.

Pero, en efecto, lo que adelantó el mandatario estatal Ignacio Peralta en rueda de prensa es que el dinero del avión habría de destinarse a la rehabilitación de espacios deportivos y al centro de oftalmología.

Los espacios deportivos ya se rehabilitan, por eso es lo que se difunde ahora mismo. Y cuando se tenga el centro de oftalmología, también se difundirá esa inversión, reiteró a este columnista un vocero autorizado de la administración Peralta.

Había que retener el Edomex porque es la joya de la corona
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