ESTACIÓN SUFRAGIO

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EL PRI EN SU LABERINTO


Ver las estructuras del PRI mexiquense movilizándose para arrebatarle la gubernatura a la candidata de Morena, Delfina Gómez Alvarez, cuando su propio candidato, Alfredo del Mazo Maza, es un cuadro que en absoluto representa los intereses del militante promedio del Revolucionario Institucional (tiene más cara de Niño Verde), me hace pensar en cuán fuerte es la lealtad partidista en el tricolor.

En el PAN, por el contrario, le reprochan a Ricardo Anaya que, como dirigente nacional, les haya impuesto a Josefina Vázquez Mota como candidata a la gubernatura. Según la ex primera dama Margarita Zavala y el ex mandatario poblano Rafael Moreno Valle –ambos interesados en restarle bonos a Anaya, quien busca como ellos la candidatura presidencial del blanquiazul–, no consultar a las bases respecto a la nominación de JVM explica por qué Acción Nacional acabó en el cuarto lugar de la contienda por el estado de México.

Y hasta las dirigencias de los partidos de izquierda (PT y PRD), así como los impulsores de la candidatura independiente, pretextaron la imposición que hizo López Obrador de la maestra Delfina como abanderada de Morena, para no integrar un frente progresista en el Edomex. No obstante, al cierre de la campaña el candidato del Partido del Trabajo terminó declinando a favor de Gómez Álvarez.

Resulta tentador decir que al PRI no le afectó esta abismal separación entre un candidato que forma parte de la oligarquía mexiquense (el Grupo Atlacomulco) y las bases priistas, pero no hay otra explicación al más de un millón de votos que perdió el tricolor entre la elección de Eruviel Ávila hace un sexenio y la de Alfredo del Mazo.

Ya hemos dicho que a Los Pinos no le importó apostarlo todo, incluida la unidad partidista, con tal de retener el Palacio de Gobierno del Edomex, porque hacer negocios desde Toluca es lo que le quedará al clan que hoy encabeza Peña Nieto después de 2018, cuando tengan que entregar el gobierno de la República.

Sin embargo, hace seis años, Peña Nieto, como virrey del Estado de México, decidió que era preferible entregarle la candidatura a Eruviel Ávila con tal de evitar que el ex alcalde de Ecatepec se fuera al PRD y les ganara la gubernatura. A fin de cuentas, el grupo Atlacomulco confiaba en que llegarían a Palacio Nacional.

Como gobernador saliente, Peña Nieto entendió que al postular un candidato estimado por la gente y no al primo más querido (ya entonces Del Mazo figuraba como precandidato), le evitarían a su futuro régimen los señalamientos de una elección de Estado y las sospechas de un masivo fraude electoral.

En 2017, con un candidato en el Edomex aprobado por las bases, el PRI se habría salvado a sí mismo de la vergüenza de incurrir en las viejas prácticas de coerción del voto y de defender unos resultados inverosímiles.

La prensa oficialista ha festinado que en el Edomex perdió López Obrador y no Delfina. Pero al reducir la elección mexiquense a la fase estatal de un plebiscito nacional, en realidad están aceptando que apenas una minoría de votantes validó con su boleta la continuidad del régimen priista, ¡en la antesala de los comicios presidenciales del año próximo!

El pasado domingo aprendimos que, pese a la existencia de organismos electorales ciudadanizados, en los procesos comiciales todavía se vale todo y que no será la oposición sino su propia militancia la que terminará derrotando al PRI.

¿Y LA CHEYENNE APÁ?

¿Cuál de las dos lecciones extraerá de los comicios mexiquenses el PRI de Colima? Un amigo mío, priista, me comentó que su partido requiere de líderes en los principales municipios que, en verdad, luchen porque el tricolor recobre la fuerza y el orgullo de ser y de sentirse priistas.

La receta, me dice, es sencilla. Pero, como el rompope, requiere de muchos huevos: escuchar a la gente, escuchar a la gente y escuchar a la gente. Y luego, encabezar sus demandas ante el desgano no sólo de las autoridades panistas o verdes. Su trabajo debe ser, sobre todo, defender a los priistas… ¡del asedio de los propios funcionarios estatales y federales priistas!

Y es cierto, que Rubén Álamo haya movido tanto el avispero en Manzanillo no fue sino porque, no obstante su corta hoja de militante, constituía una posibilidad, una promesa (porque no es más, pero tampoco menos que eso: una promesa) de recuperar para el PRI la alcaldía del puerto.

El último alcalde porteño salido de las filas del PRI fue Rogelio Rueda, en el ya lejano 2000-2003. Es decir, el PRI tiene 14 años fuera de la presidencia municipal de Manzanillo. Tiempo durante el cual han gobernado panistas y priistas que fueron panistas y regresaron a la órbita del oficialismo como candidatos del Partido Verde, una estructura vacía en donde todos son jefes y ninguno apache.

Algo semejante ocurre en la capital con la anunciada candidatura de Nicolás Contreras a la Alcaldía. Con el agravante de que, por salirse del PRI, muchos militantes lo consideran traidor.

El fenómeno se repite en los partidos con mayor tradición de democracia interna, como es el PAN, donde también se han dado imposiciones. En Villa de Álvarez, un buen candidato, como hubiera sido Gonzalo García Vega de haber tenido una carrera partidista firme, se condenó cuando lo impuso su esposa, la alcaldesa saliente Brenda Gutiérrez. Y lo mismo le va a pasar a la actual edil villalvarense, Yulenny Cortés si se empeña en imponer a su hermana y a una amiga cercana a los cargos de elección que se disputarán en 2018.

Como otros analistas, coincido en que si la cúpula priista en el estado promueven para las alcaldías de Colima o de Manzanillo a candidatos no priistas, ganen o pierdan estos candidatos, el tricolor habrá abandonado la plaza para el 2021. Porque los ediles de esos municipios son aspirantes naturales a la gubernatura.

Tanto Virgilio como Nicolás, quienes ya se beneficiaron del voto de rencor del priista, saben que las bases del tricolor reaccionarían en automático votando en contra de lo que consideraran imposiciones. Y lo saben porque Virgilio se benefició del voto anti-Nabor, quien intentó imponer a Armida Núñez en 2012. Y Nicolás Contreras se benefició de su rivalidad con los Rangel en 2015.

Para estos priistas, ex priistas y nuevamente oficialistas, el acuerdo de las élites de poco les servirá si no logran la aceptación de una militancia que, insisto, es real en el caso del PRI, mientras en el Verde es tan circunstancial como panistas consigan Virgilio y Nico llevar a su proyecto.

Quedó claro en el Edomex, cuando las bases priistas se sienten traicionadas por sus líderes de manera automática votan en contra de los candidatos presuntamente impuestos. Y el mensaje lo tiene que entender el gobernador como primer priista del estado.

¿Cuándo no se equivocan los llamados fieles de la balanza a la hora de designar candidatos? Cuando postulan a quienes las mayorías quieren. Los priistas suelen acatar el dedazo cuando el beneficiario es un cuadro que ha demostrado lealtad y trabajo partidista. O, en su defecto, caras nuevas que vengan a refrescar el ambiente político.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna se puede leer también en el sitio web de CARVAJALBERBER: www.aacb2.com.

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