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EL PRI DE NACHO PERALTA

Vamos a suponer que el oficialismo postula en 2018, como candidatos del Partido Verde, al actual diputado federal Virgilio Mendoza para la alcaldía de Manzanillo y a Nicolás Contreras, hoy líder del Congreso y de la bancada “independiente”, a la presidencia municipal de Colima. Y que ganan.

Dado que históricamente el edil capitalino es aspirante natural a la gubernatura y que el ayuntamiento porteño ya ha producido un mandatario estatal, Elías Zamora, sin olvidar que Manzanillo es el gran polo del desarrollo económico en la entidad y una urbe que compite en población con la zona metropolitana al norte del estado, para la siguiente elección de gobernador, en 2021, el PRI tendría por sí solo dos cuacos menos en una de por sí flaca caballada.

Desde cierta perspectiva, tiene lógica apostar contra el partido gobernante cuando al entonces candidato Ignacio Peralta le pesaron tanto las siglas del PRI, pero no hay que olvidar que en las elecciones ordinarias de 2015 el oficialismo en Colima estaba dividido, y que el candidato a la gubernatura eligió presentar como propias planillas del PVEM para los ayuntamientos, ante la evidencia de que el gobernador saliente, Mario Anguiano, había acaparado las nominaciones del tricolor.

Que los candidatos del Verde compitieran contra los del tricolor permitió el arribo de (neo) ecologistas a los gobiernos municipales de Armería y Minatitlán, pero también el triunfo del PAN en otros tan importantes como Colima. Se consiguió el objetivo de derrotar al PRI de Mario Anguiano al costo de sacrificar la estructura priista que estaría al servicio de Ignacio Peralta.

Si bien es cierto que JIPS también fue candidato del Verde (y de Nueva Alianza), no se suponía que por ello el PRI resultara el patito feo de la coalición oficialista. Sin embargo, ese fue el sentimiento que embargó a la clase política tricolor cuando, de entrada, fueron desplazados de la administración pública por profesionistas y empresarios… si no apartidistas, sí impolíticos y notoriamente antipriistas.

Sería injusto decir que el gobernador Peralta, jefe nato del PRI, no ha apoyado al partido en el que milita. Por ejemplo, durante su mandato el Revolucionario Institucional tendrá su propio edificio después de casi tres décadas de rentar casa, luego que en 1991 Luis Donaldo Colosio les ordenó desocupar el edificio de La Concordia, propiedad del gobierno del estado.

Por lo demás, es indudable que Nacho se ha propuesto transparentar la relación financiera que tiene con el partido en el poder, rompiendo una tradición en la que los dirigentes cobraban sueldo como funcionarios públicos, y de la tesorería estatal salía el dinero para los gastos de operación del PRI. Ahora el partido debe sostenerse con las cuotas que aportan sus militantes, especialmente los (cada vez menos) priistas que trabajan en el gobierno del estado, a quienes les descuentan de nómina su contribución.

De José Ignacio Peralta debe haber sido también la idea de renovar las estructuras del PRI con otros perfiles: cuadros jóvenes, con una imagen fresca y un lenguaje contemporáneo.

Los bromistas dicen que se llamó a empresarios de la localidad a ocupar las dirigencias del PRI municipal en lugares como Manzanillo y Colima, esperando que estos hombres de negocios pusieran de su bolsa el dinero que había dejado de fluir de las arcas del estado. Pero creo que la intención era otra y buena: gestar a los priistas del siglo XXI y formar la generación de políticos del gobierno de Peralta, puesto que si algo sobra en el PRI son cartuchos quemados.

La apuesta fue arriesgada y fallida, como ya se vio. Los dirigentes del PRI municipal en Manzanillo y Colima terminarían renunciando a los cargos en medio de escándalos, silenciado uno, estridente el otro.

Especialmente el empresario porteño Rubén Álamo se fue molesto por la falta de apoyo y lo absurdo del planteamiento: debía fortalecer al partido pero jugando en desventaja contra la vertiente oficialista que representa el ecologista Virgilio Mendoza y sin atacar a la alcaldesa panista Gabriela Benavides; además, debía moderar, por no decir reprimir, sus aspiraciones a algún cargo de elección popular en 2018.

Álamo puede haber concluido que si quiere ser alcalde, es más fácil, más barato y menos frustrante caminar por la vía independiente.

Ahora bien, ¿qué cuadros se están formando en el PRI?

Si recorremos la estructura del comité directivo estatal de arriba a abajo, empezando por el presidente: Rogelio Rueda ya es un (joven) veterano. Ha aspirado a la gubernatura en cuatro ocasiones. Le resten tres vidas pero no es una cara nueva. Se le sigue asociando para bien y para mal con Manlio Fabio Beltrones, que llegó a ser el caballo negro de la sucesión presidencial, pero quien ahora está literalmente fuera del PRI.

La secretaria general, Lizeth Rodríguez Soriano, tiene la oportunidad asegurada por su posición y por cuota de género. Viene del equipo cercano del gobernador Peralta y prefirió hacer carrera de Partido que tener un puesto importante en la administración pública. Mas no sé si esa relación con Nacho le ayude a ganar o le cueste demasiados votos si se lanza como candidata.

El secretario de Organización, Edgar Noé Larios Carrasco, tiene una larga hoja de militante: comenzó de soldado raso en la Liga de Comunidades Agrarias y Sindicatos Campesinos hasta presidir la Comisión de Procesos Internos de la CNC estatal. Y llegó a ser secretario de Acción Electoral del CDE del PRI, dos veces secretario de Organización y presidente interino del PRI estatal. Es actualmente el delegado del CDE en el municipio de Colima, y ha sido consejero político municipal, estatal y nacional… para lo que eso sirva.

Edgar Larios combina esa faceta partidista con un perfil ciudadano: fue secretario técnico de la Comisión de Gobierno Interno y Acuerdos Parlamentarios del Congreso del Estado de Colima, miembro de la Comisión Estatal para el Acceso a la Información Pública (CAIPEC) y posteriormente consejero presidente del Instituto de Transparencia, Acceso a la Información Pública y Protección de Datos del Estado de Colima (INFOCOL).

Por cierto, los otros dos consejeros fueron Carlos Noriega, hoy secretario de Planeación y Finanzas del gobierno estatal, y Ximena Puente, que llegó a ser consejera presidente del IFAI.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se publica en el sitio web de CARVAJALBERBER: www.aacb2.com

Los bromistas dicen que se llamó a empresarios de la localidad a ocupar las dirigencias del PRI municipal en lugares como Manzanillo y Colima, esperando que estos hombres de negocios pusieran de su bolsa el dinero que había dejado de fluir de las arcas del estado. Pero creo que la intención era otra y buena: gestar a los priistas del siglo XXI y formar la generación de políticos del gobierno de Peralta, puesto que si algo sobra en el PRI son cartuchos quemados.

La apuesta fue arriesgada y fallida, como ya se vio.
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