CAMINO REAL

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CAMINO REAL


Los capitalinos de la Ciudad de México podrán disfrutar de imágenes fotográficas de paisajes de Colima en cuatro estaciones de su Tren Metropolitano (metro), con las que se pretende inhibir los impulsos suicidas de esa gente amontonada en la mega urbe del otrora paradisiaco valle de Anáhuac.

En efecto, imágenes de nuestro bellísimo Colima estarán en las estaciones Insurgentes (línea Uno, que va de la monstruosa estación Pantitlan a la de Observatorio), Allende, Hidalgo y Tacuba (estas tres en la línea 2 que corre de Cuatro Caminos a Tasqueña), se deben al acuerdo del gobierno de Colima y el de la ciudad de México, que encabezan Nacho Peralta y Miguel Angel Mancera, respectivamente.

La verdad es que harían falta más que las hermosas estampas colimotas para restituir el sosiego y las ganas de vivir y de no suicidarse a los chillangos que se la viven en un hilo y al filo de la butaca, siempre a la defensiva y con el ¡Jesús! en la boca, gracias a lo que le han hecho (ellos mismos) a la capital del país, convirtiéndola en un territorio salvaje, de violencia y delincuencia por el hacinamiento, el tráfico vehicular, las distancias de locura (unos 50 kilómetros de cabo a rabo de la ciudad, que ojalá fueran de llanura y no de calles, avenidas, semáforos, puentes, túneles, viaductos con segundos pisos, baches, socavones, inundaciones, etc.) y otros males irremediables en una área donde se amontonan

más de veintidós millones de habitantes (de la zona conurbada que abarca la ciudad propiamente dicha y 60 municipios de Estado de México, Hidalgo y Morelos) y seis o siete millones de automotores que parecen que circulan sin conductor.

Justamente estos días en que no se publicó Camino Real, los pasé en la Ciudad de México y observé, igual que las ocasiones precedentes, un lamentable estado de la capital del país que solo tiene breves lunares donde realmente se puede vivir en paz.

Las manifestaciones -por la causa que sea, así sean nimias-, son una de las razones del desbarajuste citadino, apartado éste en que los llamados “ayotzinapos” tiene un bien ganado sitio porque incluso han erigido en pleno Paseo de la Reforma (paraje que está hecho una pocilga) un monumento metálico que reza: “nos faltan 43”. Pésimo alumbrado, inacabables obras de reparación urbana, basureros por doquier, malos olores, la plaga de ambulantes que por las buenas o por las malas se apropia de todo espacio disponible, etc., son lo cotidiano en la capital de nuestro país.

Tengo la impresión de que los gobiernos perredistas han empeorado el aspecto y la convivencia de la capital mexicana, pero ojalá que los paisajes de Colima -y supongo que de otras entidades del suelo nacional-, lleven a la Ciudad de México eso que les hacen falta: la belleza natural de la provincia mexicana para que se convenzan de que no es cierto eso que se dice de que fuera de la CDMX todo mes es Cuautitlán, y que en vez de que les den ganas de arrojarse a

las vías del metro, tengan deseos de venir para acá. ¡Pero por favor, no vayan a quedarse!

MESON.- Y andando por la CDM me fui al estadio “Guillermo Cañedo” que no es otro que el Azteca… Vi el primer partido de la temporada del América contra el Querétaro que ganaron 1-0 los gallos blancos con un penal postrimero que en la afición azulcrema hizo los efectos de una cortada de carrizo… La verdad sea dicha: de no ser por el portero queretano, Tiago Volpi, las llamadas águilas se hubiesen levantado con un cómodo triunfo... Las mentadas de madre al meta brasileño de los gallos blancos de parte de la afición americanista, estuvieron bien ganadas… ¡Que porterazo!... Disfruté el juego con algunos sobresaltos como cuando un vecino de asiento me preguntó: “¿Verdad que no fue penal?”… Viéndome en medio de la porra americanista y que el aquel chilango que me interrogaba traía el uniforme de los de Coopa, le contesté: “¡Claro que no! El pinche árbitro fue muy rigorista”… El inmueble del Azteca, que tenía muchos años de no verlo, sigue siendo impresionante por sus dimensiones y aunque de lejos luce como nuevo, de cerca está muy deteriorado y en la zona de palcos tiene muchos parches que lo achilangan más de la cuenta… Por si faltara, el entorno es una barriada típica de la mega urbe chilanguera que inspira más miedo que ganas de volver… ¡Arrieros somos!

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