CAMINO REAL

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El domingo antepasado llovió a cántaros en Quesería y sus calles, que tiene una pendiente casi a plomo en algunos casos,


se convirtieron en fuertes torrentes de piedras y lodo que semejaban un lahar generado por el cercano volcán. Poca agua faltó para que el pueblo cañero, junto con las instalaciones del ingenio azucarero, terminaran en un montón de escombros atorados en un repecho de la Barranca de los Lobos.

Quesería, como tantas rancherías, pueblos y ciudades, no del país sino del mundo, se construyeron al ahí se va, como Dios les dio a entender a los pioneros que no previeron que a poco o mucho andar iban a estar metidos un una trampa generada por su propia imprevisión. Al paso que se construían casas y más casas pendiente abajo o cuesta arriba, se han generado cañadas artificiales muy bonitas pero muy peligrosas porque han segado las salidas naturales del agua (lo mismo que con el asfalto su permeabilidad al subsuelo), lo que convirtió las calles en algo parecido a los vertedores de demasías de las grandes represas de almacenamiento.

Por ahora todo quedó en apuros y sustos pasajeros para los habitantes de Quesería, pero nadie sabe que los depare el destino… y la próxima puede ser la vencida.

Después de la tempestad viene la calma, dice el dicho, pero no fue así en el caso de Quesería, donde la tromba dejó un ambiente calientito entre gobierno estatal y el municipal, una problemática por atender y una población que expectante que, independientemente de la solución que se aplique, deberá aprender de la experiencia para ser más previsores porque el problema es suyo y de nadie más.

Pero para el alcalde de Cuauhtémoc, Rafael Mendoza, parece ser más importante en su agenda meter moto taxis ilegales (la Ley de Movilidad las prohíbe) que conseguir recursos financieros (unos $40 millones) para los seis colectores pluviales que, según la lectura después del tormentón, le urgen a Quesería para evitarse otra sorpresita como la del 23… o algo peor. ¿Por qué son más importantes los colectores pluviales que los moto taxis?, pues porque, como se pudo apreciar se requieren para que en el futuro no haya daños como los de la Avenida 20 de Noviembre y la calle Ávila Camacho que, como hemos dicho, sus pavimentos de hecho terminaron en la Barranca de los Lobos. No hace falta decir que con otra lluvia de iguales o mayores proporciones habría consecuencias trágicas. A lo mejor es lo que espera el alcalde, pues parece que eso no le importa y más bien es notorio su empeño por figurar con miras en las elecciones del 2018; es decir,sintiéndose anticipadamente muy salsa prefiere hacer grilla y enfrentar al gobierno estatal en su intención de alcanzar una anhelada contienda electoral.

Pero la estrategia rafaelista es equivocada a los ojos de los propios habitantes de Quesería (la localidad más importante del municipio, tanto que le disputa la cabecera municipal al viejo San Jerónimo), pues han visto que los quiere utilizar políticamente sin importarle el riesgo que corren que, como se vio, no es imaginario.

Los colectores pluviales no dan votos, debe decir en sus cavilaciones el alcalde; los moto taxis sí, pues recorren el municipio recogiendo pasajeros a precio de ganga aunque violando la ley.

A tanto llego la postura mentirosa del alcalde Mendoza que, si bien reconoce las fuentes de empleo que general el ingenio Quesería, le ha echado la culpa la culpa a la factoría azucarera de -dice- la poca ayuda que le proporciona al ayuntamiento. Se le olvida al buen Rafles que, en primer lugar, el ingenio paga impuestos y, además, que se instaló primero y que fue la población la se le fue amontonando alrededor.

Lo sucedido en Quesería demuestra que Rafael Mendoza no gobierna para la gente, sino para sus propios intereses, contrario al gobernador Ignacio Peralta que, junto con su equipo de trabajo, acudió raudo al lugar de los hechos y dio solución inmediata a los problemas que le plantearon.

MESON.- Muy malos cálculos hace el presidente venezolano, Nicolás Maduro, al decir que el gobierno mexicano lo quiere derrocar… Un gobierno como el mexicano, que a duras penas se sostiene a sí mismo, nada puede hacer para derribar a otro… Maduro, como lo demostró al afirmar que la canción El Rey es de Pedro Infante y no de José Alfredo Jiménez (Pedro ni siquiera la cantó, pues el guanajuatense la compuso ya muerto el de Guamúchil), no sabe lo que dice y se anda cayendo solo… Se cae de maduro, diría un ocurrente…

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