CAMINO REAL

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En la más reciente elección de gobernador del Estado, el muy volátil alcalde de Cuauhtémoc, Rafael Mendoza Godínez -igual que el de Tecomán, Lupillo García Negrete-, violentó la ley electoral al presentarse en actos proselitistas con su investidura oficial, por lo que el Trife ordenó al Congreso del Estado le aplicara sanción (y a Lupillo también), cosa que no ocurrió. Quizá envalentonado por eso, el bronco Mendoza volvió a las andadas y esta vez se declaró en rebeldía en contra de las autoridades gubernamentales de la entidad en el caso de las mototaxis que, en contravención a la ley, puso en servicio en su municipio, lo que de paso afectó a los taxistas legalmente constituidos que ven y sufren la competencia desleal por los puros calzones del cerril munícipe.

En efecto, convocando el apoyo de policías municipales, funcionarios, regidores y un grupo de ciudadanos, el tiroloco alcalde Mendoza impidió que la Secretaría de Movilidad (Semov) del Gobierno del Estado retirara de las calles del viejo San Jerónimo las susodichas mototaxis que operan con la pura bendición de montaraz Rafaelillo pero sin autorización de la autoridad estatal.

Así, con la finalidad de evitar que la Semov procediera a la detención y retiro de las unidades que no cuentan con permiso o concesión de la dependencia, el silvestre alcalde encabezó un bloqueo en diversas calles de la colonia Las Higueras, y amenazó con bloquear la autopista federal (¡Ave María purísima!) para evitar -dizque-, que se atente contra este servicio público autorizado por el ayuntamiento.

Sabíamos que los ayuntamientos no tienen facultad para legislar en cuestiones de transporte (ni de pasajeros, ni de carga ni de ninguna clase), pues esa es materia del Ejecutivo del Estado y, en su caso, de la Federación; pero menos habíamos visto que un alcalde ensoberbecido le parara el carro al Estado cuando éste intentó aplicar la ley. El actuar del rebeco Rafael Mendoza es semejante al del delegado de Tláhuac (cargo equivalente al de alcalde), quien expidió licencias a mototaxis en contubernio -se dice-, con “El Ojos”, el mafioso jefe del cártel del mismo nombre recientemente ultimado por resistirse a ser detenido.

Por si fuera poco, el rústico alcalde amenazó con que en caso de que las unidades que han sido detenidas -y que permanecen en el municipio a bordo de grúas-, no sean entregadas al ayuntamiento, serían “bajadas a fuerza”, lo que podría generar “un

enfrentamiento” con las autoridades enviadas por la Semov. Valentonadas aparte, el montaraz alcalde está incurriendo en delincuencia organizada al encabezar a un grupo de personas para impedir la aplicación de la ley, lo que de por sí es un delito grave que debiera costarle el cargo.

El diputado Javier Ceballos acusó al fiero alcalde Mendoza de ser el principal responsable de la operación ilegal de mototaxis en este municipio; pero independientemente de ello, fue una clara obstrucción a la autoridad por parte del munícipe, cuando debería ser el primer interesado en cumplir la ley. Mendoza tenía todo el terreno jurídico para alegar su derecho, suponiendo que lo tuviera, de expedir licencias de servicio de transporte de pasajeros; pero muy lejos de eso, su actitud belicosa perturba el Estado de Derecho que impera en Colima, cosa que no debe permitirse, pues ya bastante tenemos con los delincuentes tradicionales.

Será el Congreso del Estado quien deba atraer el caso y deliberar si la postura del tosco alcalde es la adecuada ante la legislación estatal, siendo que las autoridades son los primeros obligados en cumplir la ley.

Veremos si ahora si se atreven a sancionarlo con todo rigor, pues lo que hizo no es ninguna gracia y sienta un grave precedente.

Pero lo más seguro es que el cerril Rafaelillo esté diciendo que lo que hagan y digan los diputados le tiene muy sin pendiente y vale una pura y dos con sal. Y que le volverán apelar los dientes.

MESON.- El susodicho alcalde de Cuauhtémoc, Rafaelillo Mendoza, argumentó que en su partido, el PAN, supieron oportunamente de su proyecto de los mototaxis y -dijo-, no se lo reprobaron… ¡Pues claro! ¿Qué esperaba que le dijeran en la jungla blanquiazul?... ¡Arrieros somos!

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