CAMINO REAL

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Si la función pública midiera su eficiencia en las fotos que los políticos suben a sus redes sociales y en los likes y comentarios a modo que reciben, el presidente municipal de Colima, Héctor Insúa García, sería de los mejor evaluados y ya se le andaría erigiendo una estatua. Pero las cosas no son así y, lamentablemente para él, el ejercicio del poder no funciona de esa manera, sino que, por el contrario, se lleva a la práctica dialogando, dando soluciones a los problemas que a veces ni siquiera se originaron en su periodo de gobierno, sino muy atrás pero que aun así se deben sacar adelante en la agenda cotidiana y dar los mejores resultados a la ciudadanía.

Sin embargo, nada de eso ha hecho el panista jalisciense alcalde capitalino de Colima; por el contrario, se ha dedicado a menospreciar a la gente, gobernando para unos y dándole la espalda a otros en una actitud de muy reprobable sectarismo -con motivaciones político-partidistas-, pues por un lado se muestra descaradamente indolente con los locatarios de un mercado popular (municipal, por cierto), cuando mataron a un vendedor; pero por el otro, con semejante descaro acude al catrín restaurante de un amigo empresario que fue víctima de la inseguridad en el municipio, se toma fotos y, mostrándose compungido -e insinuando estar a punto del puchero que precede al llanto-, con acento dramático pone cara de circunstancia como una manera de solidarizarse con el restaurantero.

Lo mismo sucedió apenas la semana pasada en la Plaza Perla -un local comercial de la calle Venustiano Carranza-, donde una fuga de gas originó una fuerte explosión que alarmó a gran parte de los colimenses, a donde fue el alcalde Insúa a tomarse la foto con los locatarios para sus redes sociales, aun cuando los daños afortunadamente fueron exclusivamente materiales, sin pérdida de vidas qué lamentar. Pero aparte de posar para la foto -con gestos casi convincentes de estar seriamente mortificado por los acontecimientos-, el munícipe no hizo nada más.

El común denominador de estos dos últimos casos es que los dueños son empresarios amigos del alcalde, gente con recursos económicos suficientes como para financiar campañas políticas, algo que Héctor Insúa busca desesperadamente para seguir en la función pública, aunque quizá para ese entonces sus hipotéticos candidatos a mecenas políticos ya se hayan enterado de que las poses de Insúa son… pura pose.

Se ve, entonces, que la sensibilidad, la solidaridad y el trato humano no es lo de Héctor Insúa, pues así lo ha demostrado fehacientemente una y otra vez; lo de él es estar cerca de los empresarios, pero de los de la élite para la que trabaja y gobierna, que son los de la abundante biyuya, los de mucho varo, sin importarle lo que le pase o le deje de pasar al grueso de la población que, aunque no tenga dinero para financiar campañas, sí vota, algo que, al parecer, se le olvida al presidente municipal.

MESON.- La bandera política que al parecer enarbolará el jefe de gobierno de la Ciudad de México, Miguel Angel Mancera, en su proyecto de candidatearse en vía externa por el PRD (¡otra vez!) pero ahora a la presidencia de la República, será la del alza salarial, pues en ese tema ha venido martillando desde hace meses… No está mal como estrategia política, pues el rezago salarial de los mexicanos es espantoso y nadie lo tiene en cuenta como propuesta de campaña, a excepción de Mancera… Planes van y planes vienen y de los asalariados nadie se acuerda… Y es que en México todos los políticos se acuestan y se levantan convencidos de que al sector empresarial no hay que tocarlo ni con el pétalo de una alza salarial que viniera a resarcir el rezago que la Comisión Económica para América Latina -la llamada CEPAL-, estima en 70% por ciento acumulada en los últimos 30 años… Una buena banderita para Mancera, no cabe duda… ¡Arrieros somos!

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