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REGLAMENTO PARA LOS PERRHIJOS

El apego a los perros ha llegado a niveles inauditos a grado de verse que algunos tenedores de esas mascotas las quieren más que a los niños. Hay quienes no son capaces de adoptar a un niño huérfano para darle amor y hogar, pero en cambio consideran a los canes como “perrhijos”, es decir como hijos de sus entrañas y miembros de la familia, y hay que ver lo que son capaces de hacer por ellos.

En la ciudad de México es donde quizá sea más frecuente ver ese exagerado “amor” por los animales, lo que es fácilmente entendible por la soledad y el aislamiento en que viven algunos capitalinos -pese a ser uno de los puntos más poblados del planeta-, a las que les resulta más fácil relacionarse con los animales que con sus congéneres. Hemos visto en esa gran metrópoli a parejas de hombre y mujer (presunto matrimonio), o a parejas del mismo sexo -también presuntos marido y mujer, ya sabe usted-, empujando una carriola donde se imaginaría uno que viaja un bebé humano, pero lo que llevan es un perro incluso ataviado con ropa de bebé, bien abrigado si es que hace frío o con ropa ligera si el clima es primaveral; es decir, están muy pendientes de las “necesidades” del “perrhijo” porque hasta le llevan alimentos y juguetes en compartimentos de la propia carriola.

En provincia, donde no estamos tan “adelantados” en el amor a los perros, sin embargo ya se ven cosas tan absurdas como ridículas: perros vestidos de niño, si se trata de un macho, o de niñas si es una hembra; además de que se les lleva a la estética a que les pinten las uñas, les hagan rizos, bucles o a peinarlos no al gusto de la mascota, sino del dueño o al dueña. El resultado a veces es que la perra parece una piruja pintarrajeada o un perro gay si se trata de un macho.

Quienes así proceden con sus mascotas las despojan de su dignidad de perros al ridiculizarlas de tal manera, ignorantes de que el perro lo que necesita es que lo traten como tal no como lo que, en sus desvaríos, creen que es. El perro necesita caminar, pero no lo dejan hacerlo, y hay mascotas que viven en los brazos de sus dueños y jamás pisan el suelo, sea en casa o la calle. Los más desgraciados en ese aspecto son los perros pequeños que se prestan para traerlos abrazados y no dejarlos pisar el suelo, pues los perros corpulentos su peso los salva de la condena del eterno abrazo de sus propietarios.

Es tanto el amor por los perros que se llega a la tragedia: el viernes, un perro pitbull mató a una niña de diez meses cuando “por un descuido” de los padres (así dice la nota) el perro atacó a la tierna criatura cuando gateaba en la casa de la colonia Las Amarillas. Es para llorar el imaginarse a la bebita siendo desgarrada por las fauces de una fiera pitbull. La nota no dice más, no refiere nada de que la autoridad haya procedido contra el dueño del perro o que hubiese dejado las cosas en un “todo quedo en familia”.

¡Malditos irresponsables!

MESON.- Como este caso cercano de la muerte de una pequeña en las fauces de un perro, ha habido otros muchos en todas partes del país… Pero como lo que más nos interesa es lo que pasa en Colima, permítame insistir en que es hora que alguno o algunos de tantos funcionarios públicos -a cual más de chambeadores, como por ejemplo regidores, diputados, alcaldes o gobernador-, atine a crear una ley -y su reglamento- aplicable a los tenedores de mascotas, a ver si logramos evitar que, por un lado, tanto animal deje de pulular por las calles sin un dueño responsable, o sea los perros y gatos callejeros; por otro, que los dueños de mascotas se hagan responsable de que su animal no defeque en cualquier sitio, que lo traigan sujeto a una correa, vacunarlos y de que en la noche no den conciertos de ladridos en detrimento del descanso de los vecinos… Por cierto, un estudio realizado por expertos japoneses de una universidad de Tokio encontró que el constante contacto con excremento o saliva de perro o gato puede causar cáncer a partir de una bacteria que portan los animales de compañía... Esto va para quienes gustan de -¡wácala!- dar besos y dejarse lamer por perros y gatos… ¡Arrieros somos!

En provincia, donde no estamos tan “adelantados” en el amor a los perros, sin embargo ya se ven cosas tan absurdas como ridículas: perros vestidos de niño, si se trata de un macho, o de niñas si es una hembra; además de que se les lleva a la estética a que les pinten las uñas, les hagan rizos, bucles o a peinarlos no al gusto de la mascota, sino del dueño o al dueña. El resultado a veces es que la perra parece una piruja pintarrajeada o un perro gay si se trata de un macho.
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