CAMINO REAL

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Hay dos tipos de violencia: la que ocurre entre los grupos de la delincuencia organizada y la que cobra la vida de gente positiva y apreciada por la comunidad. Una y otra son lamentables por cuanto se pierden vidas humanas, pero en el primer caso se trata de gente advertida de que el ilegal negocio en el que andan no admite competencia y se paga con la vida cuando se rompe esa regla. En el segundo caso no podemos resignarnos a perder a personas valiosas.

La violencia imparable tiene a sus responsables; por un lado los autores materiales, viles y vulgares sicarios; por otro, los que la propician y la alientan y me refiero a quienes hacen leyes e instituciones totalmente equivocadas que dan lugar a la impunidad que viene corroyendo nuestra vida en sociedad. En ese sentido, los mismos abogados y conocedores del tema afirman y sostienen que el nuevo sistema de justicia penal es muy garantista a favor de los delincuentes facilitándoles evadir la justicia para que vuelvan a delinquir. Por otra parte, las leyes que presuntamente defienden derechos humanos, virtud a la cual criminales confesos ganan la calle a delinquir reiteradamente, si se quejan de alguna nimiedad violatoria de sus presuntas garantías. Recordemos el

caso de la francesa Florence Casez, integrante de la banda Los Zodiacos que lideraba su novio y que fue responsable de muchos secuestros. A la francesa hubo que ofrecerle disculpas y dejarla en libertad porque a ella y a otros secuestradores se les hizo reconstruir, para la TV, la forma en que habían sido atrapados. No obstante la flagrancia, la tipa fue dejada en libertad porque para los jueces era más grave éso que los delitos cometidos.

Los que protestan contra gobernadores y contra el presidente de la República por la criminalidad, mejor debieran hacerlo ante los legisladores que crean leyes que premian al crimen.

Al país no le quedan muchas opciones contra la delincuencia que reina en el territorio sin que nadie le haga frente como se debe. Una opción es crear autodefensas, como en Michoacán, donde se ha logrado reducir la criminalidad aunque no acabarla, pues las autodefensas tienen que combatir al crimen y defenderse del “gobierno”. La otra es exigir a los legisladores que deroguen las leyes que permiten al criminal volver a delinquir.

A este país le hace falta mano dura contra la criminalidad, pero para eso se necesitaría un gobierno con mucha testosterona lo que no se ve en el actual mando nacional ni entre los candidatos a la

Presidencia. Al contrario, López Obrador quiere perdonar a los criminales.

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A los empresarios que financian a Héctor Insúa y que lo ven como su proyecto para el 2021, los visita y lamenta cuando sufren algún incidente, ya sea un robo o una irrupción en sus comercios por parte del crimen organizado. De inmediato se toma la foto y la publica en sus redes sociales, como si ese sólo hecho bastara para tener seguro al municipio.

Pero cuando la misma delincuencia lastima a otro tipo de empresarios, los que no tienen nada que ver en actividades electorales y mucho menos simpatizan con su proyecto, sencillamente los ignora y prefiere ver hacia otro lado. Se hace el muertito.

Lo sucedido la semana pasada con el empresario Ricardo Uribe Clarín -al que intentaron asaltarlo y al resistirse fue ultimado a balazos afuera de una tienda departamental por la Avenida San Fernando de la ciudad de Colima-, conmovió a todos los sectores de la sociedad, desde periodistas, académicos, clase política y la sociedad en su conjunto… menos al alcalde de la capital del Estado, Héctor Insúa, que se dio por muerto.

¿Por qué, si el hecho se suscitó en su demarcación, no realizó ningún posicionamiento? ¿Por qué, pese a que es su responsabilidad patrullar el primer cuadro de la ciudad, por el convenio que existe entre el ayuntamiento de Colima y el gobierno del Estado, no se ha hecho responsable ni ha lamentado el suceso?

Parece que está más preocupado en su reelección que en cumplir con su promesa de campaña de brindar seguridad en la capital colimense.

Héctor Insúa demuestra una vez más que lo suyo, lo suyo, lo suyo, es lo banal, lo que le dé votos, y no velar por los colimenses.

MESON.- ¿Por qué hay resistencia, incluso entre gobernadores -como el santo de palo de Chihuahua Javier Corral-, a que se aplique la ley de seguridad interior que le da marco jurídico al Ejército para que patrullen las ciudades y atrapen delincuentes? ¿Qué instituciones, si no han sido el Ejército y la Marina, han dado la cara para que centenares de criminales sean detenidos y encarcelados. ¿A quiénes conviene acuartelar al Ejército y la Marina para que la delincuencia cabalgue a gusto?... ¡Arrieros somos!

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