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Del voto duro al de castigo

El voto duro del PRI está siendo menguado otra vez por las decisiones cupulares que han tomado los líderes reales y formales de este partido en torno a las candidaturas a cargos de elección popular.

En el caso de Colima, el voto duro priísta se vio disminuido por primera vez en la elección para gobernador en 1997, cuando el entonces rector de la Universidad de Colima, Fernando Moreno Peña, fue designado candidato a la gubernatura del estado y ganó con una diferencia muy marginal. Desde entonces, el PRI no ha vuelto a ganar -y al parecer ya no lo hará- con aquellas diferencias de votos que le daban triunfos contundentes e inobjetables.

En 2003, Gustavo Vázquez Montes (qepd) amplió un poco la diferencia, aunque tuvo que ganar dos veces la elección debido a la intervención de Fernando Moreno en la elección ordinaria, según lo dictaminó el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, por una ventaja marginal.

Llegó 2009, y Mario Anguiano Moreno, a pesar del “fuego amigo” de Fernando Moreno en el proceso interno y durante la campaña Constitucional, obtuvo la gubernatura con un poco más de diferencia con la que habían ganado sus antecesores…

Y en el 2015, José Ignacio Peralta Sánchez ganó la ordinaria por apenas 500 votos (la diferencia más estrecha con la que gana un priísta), aunque en la extraordinaria ganó con más margen, gracias a las alianzas que hizo con otros partidos, en particular con el ahora dirigente estatal del Pvem y la actual candidata de este partido al Senado de la República -ambos provenientes del PAN-, que le permitieron levantarse de la primera derrota en Manzanillo y ganar en la segunda ronda. Esto seguramente dejó acuerdos y compromisos con estos actores políticos que ya se están cumpliendo.

Hay sospechas de que tales acuerdos que presuntamente tuvo el líder real del PRI en Colima con los ahora distinguidos militantes del Pvem alcanzarían hasta el 2021. Y para ello, ya se perfiló a Gabriela Benavides Cobos al darle la posición 1 de la fórmula al Senado por parte del PRI-Pvem. Con esto, la alcaldesa de Manzanillo ya aseguró el cargo en el Senado y a partir del 2 de julio será una aspirante natural a la gubernatura por este partido. Sin embargo, se infiere que quien realmente acercó más votos a JIPS y lo hizo ganar en Manzanillo y en el estado fue el actual dirigente estatal del Pvem, por lo que tendría el compromiso del gobernador de apoyarlo para la principal candidatura de una eventual alianza PRI-Pvem en el 2021.

Sin embargo, hubo cambios en las candidaturas del Frente por México. Salió Leoncio Morán Sánchez de la primera posición de la fórmula al Senado y entró la regidora de Movimiento Ciudadano, Rosa Abaroa, por lo que las posibilidades de que el ex gobernador Fernando Moreno sea senador han aumentado. Esto cambiaría los

escenarios en el PRI, y si los ahora candidatos priístas a las diputaciones federales, Meyli Romero y Francisco Zepeda, ganan el 1 de julio, se convertirían en aspirantes naturales a la candidatura del PRI a la gubernatura y estarían en la baraja que se presente ante el CEN priísta o el presidente de la república.

El líder real del PRI en el estado estaría quedándose huérfano políticamente hablando en su partido, aunque tiene la opción de reconciliarse con el director del IMJUVE y ex coordinador de su campaña extraordinaria, José Manuel Romero Coello, candidato priísta a la alcaldía de Colima. Si el también ex Secretario de la Juventud y ex diputado gana en la próxima elección, sería también aspirante natural a la candidatura priísta para el 2021.

De cualesquier manera, el voto duro del PRI se estaría viendo menguado otra vez para el 1 de julio de este año, en esta ocasión por los acuerdos políticos que hizo el líder real del partido con el Pvem sin tomar en cuenta a la militancia para las elecciones de diputaciones locales y presidencias municipales. Esta falta de respeto o de consideración a los militantes tendrá seguramente sus consecuencias en las elecciones porque priístas que tenían merecimientos para buscar candidaturas, fueron marginados por gente del Pvem, cuando se esperaban que al no aliarse con Nueva Alianza, el PRI tendría más candidaturas que las que finalmente obtuvo.

En toda esta descomposición política, lo peor que puede suceder en el PRI es que esta aparente disminución del voto duro priísta tenga también consecuencias en la elección del Presidente de la República y se traduzca otra vez en voto de castigo.

Los resultados de las elecciones en Colima tendrán su impacto en los comicios para la gubernatura del estado en 2021, con el riesgo real de que por primera vez en la historia política del estado, el PRI pierda la elección de gobernador, luego de que en 2015 no sólo perdiera por primera ocasión la mayoría en el Congreso del Estado, sino que en un hecho sin precedente obtuvo sólo 2 de las 10 presidencias municipales.

El error que habría cometido el PRI, principalmente sus liderazgos reales y formales que ha tenido desde 1997, es que pese a los malos resultados que ha tenido desde entonces, en donde ya no ha obtenido aquellos triunfos inobjetables, ya no digamos carros completos, no han promovido o no han impulsado verdaderos cambios en el partido, sino que han permanecido los vicios de la simulación y el engaño.

Ante esta situación, los militantes se han quedado prácticamente con los brazos cruzados, admitiendo de nuevo y simuladamente las decisiones verticales, cupulares, que ya no funcionan como antes y sólo han beneficiado a los grupos políticos priístas

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