ESTACIÓN SUFRAGIO

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AGENTE O DOBLE AGENTE:

Aunque en Colima se haya roto la alianza de Movimiento Ciudadano con el frente que integran PAN y PRD, el candidato presidencial de MC sigue siendo Ricardo Anaya. Y con él comparte Leoncio Morán, líder moral del partido naranja en el estado, una percepción social ambigua.

Por un lado están quienes ven a esos dos candidatos como víctimas de circunstancias particulares, las mismas que los llevaron a romper las reglas del juego para imponer otras, tratando siempre de sobrevivir en un entorno que no favorece a los políticos que buscan hacer las cosas de manera diferente.

Por otro, están los que sospechan que tanto Anaya como Locho son beneficiarios de una gran conspiración gubernamental para hacerlos pasar como enemigos del régimen cuando, en realidad, tienen la encomienda de mediatizar las aspiraciones de verdaderos opositores.

Morán Sánchez nunca ocultó su intención de ir por la alcaldía de Colima. Administrar su propio partido (en este caso una franquicia del Movimiento Ciudadano creado por Dante Delgado Rannauro) le permitiría cristalizar esa candidatura, en la que se siente competitivo tras haber sido el primer y único presidente municipal en concluir con superávit financiero.

Locho fue el último panista en ese cargo antes del ciclo que integraron Mario Anguiano, Ignacio Peralta y Federico Rangel, con sus respectivos interinos; secuencia priista que rompió, por cierto, Héctor Insúa García, a cuya reelección por el blanquiazul se opone ahora Morán.

El proyecto inicial se frenó cuando, como resultado de las negociaciones cupulares, Leoncio fue designado candidato al Senado en la primera posición de la fórmula que integran MC, PAN y PRD.

SE BAJÓ O LO BAJARON:

Se le creía muy cómodo en esa candidatura pues, en un escenario donde a falta de una fórmula de Morena que lograra aterrizar el arrastre que como aspirante a la Presidencia de la República tiene Andrés Manuel López Obrador, estaba garantizada para Locho por lo menos la senaduría por la primera minoría.

Ni siquiera las fricciones entre las facciones del Acción Nacional que se disputaban el control del PAN en Colima y las candidaturas locales, bajo una lógica de todo o nada, pusieron en riesgo la posición cedida a Movimiento Ciudadano y, en concreto, a Leoncio Morán. Fue la obligación de cumplir con la cuota de género en el partido naranja, lo que llevó a cambiar a Morán por la regidora capitalina María Elena Abaroa.

Los detractores de Jorge Luis Preciado especularon que el senador presionó en la dirigencia del Frente para que se diera este cambio, a fin de posibilitar el arribo de su protegido, el diputado local Luis Ladino, a la segunda posición de la fórmula que le correspondía al PAN, en lugar de cualquiera de las mujeres que se apuntaron para el cargo: la congresista local Gabriela Sevilla o la diputada federal Gretel Culin.

Pero no faltó el malpensado que le achacó la intriga al propio Leoncio Morán, entendido ya supuestamente con un proyecto local para frenar la reelección de Insúa. El resultado es una fórmula poco competitiva cuya votación dependerá del arrastre que tenga Ricardo Anaya, cuando el objetivo general era sumarle votos al candidato presidencial.

El cambio en la fórmula de senadores nos privó también, como electores, del ansiado debate entre el exgobernador Fernando Moreno y el ex alcalde Leoncio Morán, célebre a nivel nacional por haber intentando, en una lucha cuerpo a cuerpo, mover la Figura Obscena de José Luis Cuevas (escultura colocada por la administración de Moreno Peña) del crucero de avenida Camino Real y tercer anillo periférico.

El debate comenzó hace unos días en el programa radiofónico de Edison Solís. Sin competir entre ellos, la mesa fue una acalorada discusión o, probablemente, la mejor puesta en escena que hemos visto de la comedia política estatal.

LLENAR LOS HUECOS:

Leoncio Morán se enfila hacia la alcaldía capitalina cuando las circunstancias se le presentaban más favorables a Insúa: indeciso el director del Instituto Nacional de la Juventud, José Manuel Romero Coello, por aceptar como premio de consolación la candidatura del PRI a la presidencia municipal (luego que su aspiración de contender por el Senado se frustró con la nominación de Fernando Moreno), se creo en el oficialismo un vacío que aprovechó el ex priista Roberto Chapula de la Mora al postularse por el partido Nueva Alianza.

Hace una semana trascendió –en lo que no se sabe si fueron fake news difundidas por el interesado o por sus malquerientes– que Romero Coello no iría por la Alcaldía. Y hasta se mencionó el nombre de Federico Rangel, líder de la bancada del PRI en el Congreso, como sustituto. Oficialmente se filtró que el director general del Injuve se incorporaría como coordinador del sector juvenil en la campaña presidencial de José Antonio Meade.

La misma explicación que se daba a por qué José Manuel rechazó la oportunidad de estar otra vez en las boletas después de seis años, cuando compitió por la sindicatura en la planilla que encabezaba Rangel (cargo al que pidió licencia para integrarse al gabinete ampliado de Enrique Peña Nieto), se puede argüir en el caso de Federico que nadie se puede postular a un cargo tan competido sin la certeza de contar con el respaldo del aparato estatal.

El aparente final de esta historia es que el PRI, que había registrado al dirigente municipal del Partido, Antonio Carrillo, como precandidato a la Presidencia Municipal, nominó a Walter Oldenbourg Ochoa, un empresario sin experiencia política al que días antes, en su calidad de presidente de la Canaco local, se le había visto flanquear y aplaudir al munícipe capitalino durante la presentación del programa del Festival del Volcán.

POR LOS MISMOS VOTOS:

Con Walter Oldenbourg crece la lista de candidatos a la Alcaldía que buscan el voto de las clases medias y la pequeña burguesía en la ciudad de Colima. Con un perfil parecido llegaron, en su momento, Leoncio Morán y el propio Héctor Insúa.

Como dijeron cuando se postuló Ignacio Peralta, los priistas de la base deben estarse preguntando si no había en el priismo un cuadro suficientemente

competitivo como para no tener que traer a un presunto simpatizante panista como artista invitado.

En realidad, los tres (Insúa, Morán y Oldenbourg) responden al arquetipo del alcalde surgido de las filas de los comerciantes o los profesionistas destacados, cuando no un funcionario público identificado con el sector empresarial, como ocurrió con Peralta Sánchez.

Locho, como Walter, también fue dirigente de la Cámara de Comercio, ahí fue donde ambos descubrieron su vocación política. Y con ese precedente creen tener el apoyo de la familia que ha manejado la empresa mercantil más fuerte en Colima en el último siglo.

Chapula mantiene su ascendencia sobre los sectores populares del municipio, aunque ya una vez perdió la alcaldía porque en esta capital no hubo en décadas un presidente municipal de sombrero y botas… hasta Mario Anguiano.

Locho, Oldenbourg y Chapula buscan arrebatarle a Insúa una porción de un electorado heterogéneo, formado por una ciudadanía que ha recibido servicios de la actual administración tanto en las colonias populares como en el renaciente centro histórico o en las zonas de mayor plusvalía.

Lo que no sabemos es quién terminará siendo el beneficiario de esta pulverización del mercado electoral.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com; esta columna se puede leer también en carvajalberber.com y en sus redes sociales.

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