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Debate

El evento que pudimos presenciar el pasado domingo por la noche en el Palacio de Minería de la UNAM se pareció -ahora sí- más a un debate porque el nuevo formato así lo permitió, aunque no imperó la discusión de propuestas e ideas, sino los señalamientos y las acusaciones, lógicamente contra el puntero en la preferencia electoral por la Presidencia de la República.

Descartando acusaciones y señalamientos, el panista Ricardo Anaya aprovechó sus dotes de orador para hacer propuestas y compromisos claros y concretos. Como era de esperarse, atacó en varias ocasiones a López Obrador e hizo cuestionamientos a José Antonio Meade, sobre todo uno en particular: le preguntó si podía asegurar que el gobierno de EPN era honesto, lo cual no contestó Meade de inmediato y segundos después sonó la campana del tiempo.

Margarita Zavala estuvo bien en general. Se vio propositiva, aunque tuvo que cargar con la imagen de su marido el ex presidente Felipe Calderón, a quien cuestionaron en materia de seguridad pública y economía. Lo peor que le pasó es que fue prácticamente ignorada por los demás candidatos.

José Antonio Meade no mostró nada nuevo. Siguió repitiendo lo mismo que ha dicho en su campaña con el discurso hueco y acartonado del PRI y el mismo esquema de actuación del gobierno federal priista. De poco le sirvió que un día antes el gobernador de Michoacán, el perredista Silvano Aureoles, anunciara que lo apoyaba para ser presidente, y que el jueves Armando Ríos Pitter informara que se sumaba a su campaña.

Jaime Rodríguez “El Bronco” lució sencillo y claro, como los norteños. Reprochó a López Obrador algunas de sus propuestas e ideas, aunque perdió lo que había ganado al hablar de enviar a elementos del Ejército a dar clases en las escuelas y proponer cortar las manos a los corruptos y rateros. También no fue tomado casi en cuenta por los otros contendientes.

López Obrador estuvo evasivo y poco participativo: Hizo más compromisos que propuestas, aunque no dijo qué haría para cumplirlos. Fue cuestionado casi por todos los candidatos por la propuesta de dar amnistía a miembros de la delincuencia organizada, la cual trató de disfrazar, y se quedaba callado ante las críticas o cuestionamientos, como el reclamo de Anaya de que el falso mesías de Morena acusó hace años de corruptos por el asunto del Fobaproa a un candidato de Morena a senador y a su jefe de gabinete en la Presidencia legítima que acostumbra hacer.

Si hay que hablar de un ganador y un perdedor, habría que decir que el primero fue Ricardo Anaya y el segundo fue López Obrador, lo cual se confirmará en las próximas encuestas más serias y creíbles –que son pocas-, pues se esperaría un aumento en el porcentaje del panista y una leve disminución del morenista por rehuir incluso al debate de propuestas e ideas, ya no se diga a señalamientos y acusaciones, y porque al final del debate mostró una de las facetas por las cuales ha sido criticado: la soberbia, al retirarse rápidamente del escenario (parecía que huía), cuando los demás candidatos permanecían aún en su lugar despidiéndose de la audiencia.

También crecerían, aunque sea un poco (uno o dos puntos), los independientes Margarita Zavala y El Bronco, así como José Antonio Meade, quien sin embargo se vería rezagado aún más de Anaya en el tercer lugar.

En el siguiente debate presidencial de mayo en Tijuana se podrá ir vislumbrando si la elección es entre Anaya y López Obrador o si meten a Meade en la pelea (aunque para ello tendría que sacudirse el discurso hueco y acartonado del PRI, ser más comprometido con la realidad y ser más elocuente en sus propuestas y señalamientos).

Si se observa lo primero, el próximo Presidente de México sería el panista Ricardo Anaya.

REPESCA

NO SÉ si las autoridades sientan alguna responsabilidad por las muertes de personas y las verdaderas tragedias familiares que se han presentado por los trailers que transitan por la carretera Colima-Manzanillo con pesados contenedores u otras cargas pesadas, los cuales se desprenden y aplastan vehículos con personas. El pasado domingo, al parecer se registró una doble tragedia familiar al fallecer 10 personas debido a esta situación añeja. No es la primera ni la última vez –si no se toman medidas- que ocurre esto. Pese a que esta lamentable situación tiene años dándose en esa importante carretera, ninguna autoridad federal o estatal ha tomado verdaderas medidas que

garanticen la seguridad a las personas que peligrosamente van por donde también circulan trailers con esas cargas pesadas. Desconozco si funcione, por ejemplo, que haya una supervisión estricta del acomodo de los contenedores o cargas en estas unidades, si se destine un carril exclusivo para los trailers o si se recomienden algunas precauciones a los automovilistas, pero lo cuestionable es que no se implementa ninguna medida. No es suficiente demandar una investigación y deslindar responsabilidad, tal como se pronunció el gobernador JIPS ante la tragedia familiar del pasado domingo. Hay que aplicar medidas para detener esta forma de morir de bastantes personas. No puede estar por encima el interés económico de empresas sobre la vida de las personas que transitan por esa vía.

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