CAMINO REAL

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VEDA ELECTORAL: NI UNA TROMPETILLA =LA FAUNA DE COLIMA; INSOLITO: VI DOS GUACAMAYAS

Ayer inició la veda electoral: por disposición del INE -so pena de ser ajusticiados-, no se puede hablar de los candidaturas a cargos de elección -sea para pitorrearnos de algunos(as) y mucho menos para alabar a otros(as) aunque de esta clase haya muy pocos(as) que lo merezcan-, hasta pasados los comicios del domingo. Digo: si no se puede uno desahogar, como que no tiene chiste hablar sin decir que ese(a) es malo(a), que este(ta) es peor y que de aquel(lla) ¡ni se diga! Así las cosas, abordemos un tema de animales, pero no de los presupuestívoros ni de los depredadores de las finanzas públicas, sino de esas criaturas inofensivas, aladas, rastreras o cuadrúpedas, que a lo más que pueden llegar es mordernos e inocularnos alguna ponzoña o propinarnos algún rasguño.

Luego de muchos años de no verlos, hace días atestigüé la maravillosa imagen del relámpago verde de los loros. Una pareja de esas aves volaba entre los mogotes de las riberas del Río Colima. Pero si eso me

pareció extraordinario porque no es muy dable ver esa especie en plena zona urbana, francamente no estaba preparado para lo que vi hace apenas una semana en tierras de Comala cercanas a La Nogalera: un par de guacamayas viajaban, volando altísimo y soltando su graznido característico, del Cerro Grande rumbo al Oriente. ¡Qué belleza! Y yo que las creía extintas en al menos el territorio de Colima. ¿Será que por alguna buena razón se vuelven a reproducir por acá?

Las chachalacas abundan en los cerros y barrancas de los montes de Colima; pero últimamente lo hacen aquí en la ciudad, entre los automóviles y la gente. Las he videograbado en la acera de mi casa que es la suya, saltar por los balcones del vecino apenas asustadas porque me les acerco. Las cuarras (como también se les llama porque su canto parece sonar patarrajada-patarrajada) son huidizas, muy tímidas y ariscas allá en el monte; y si las vemos muy mansas en la ciudad, sobre todo en las cercanías del Río Colima, se debe a que nacieron entre el fragor de los automóviles y la gente, es decir ya son chachalacas urbanas. Por eso las he visto en los árboles del colegio Campoverde con la chiquillada y sus escandalosos juegos abajo.

Por las riberas del Río Colima, en la parte norte de la ciudad, se oyen en las mañanas y el atardecer el

grito de los guacos, un ave del tamaño de un gavilán y aspecto feroz. No es fácil verlos y se tiene uno que conformar con oírlos emitiendo un sonido que semeja el fonema guaco. De ahí su nombre común.

Si el ver tlacuaches o sarigüeyas en la ciudad es cosa común, no lo es tanto tratándose de armadillos de seis bandas, como el que estuve a punto de atropellar (¡no me lo hubiese perdonado!) al cruzarse casi bajo las ruedas de mi auto y me hizo frenar bruscamente. El insólito hecho ocurrió hace dos semanas junto a un puente del arroyo que pasa junto al Panteón de los Gringos, pero aguas arriba de este punto.

Apenas hace una semana, un amigo me envió imágenes fotográficas de una calle de la colonia La Albarrada. Las gráficas presentan calle asfaltada, aceras pobladas, postes de la CFE, automóviles… ¡y un jabalí! ¡Una belleza! El cerdo salvaje husmeando unas plantas junto a una casa. Tenía noticias de la presencia de jabalíes en un afluente del Río Colima a la altura del rancho Santa Bárbara, en plena zona urbana, por lo que supongo que los animales se desplazaron, siguiendo el cauce del río, hasta La Albarrada.

Ultimamente se ve una abundancia de palomas “de collar” o habaneras, muy cantadoras, que han

hecho suyos baldíos y zonas arboladas. Ya son casi tan abundantes como las palomas que tradicionalmente vemos en las cúpulas de templos y en las azoteas de casi todas las casas. Aquí en la ciudad están a salvo de los huiloteros que con resortera, chispetas, rifles y escopetas les dan implacables caza.

Esas y otras aventuras con la fauna colimota me han tocado.

Nuestra ciudad es un aviario gigante; no se diga fuera de la zona urbanizada. A las mencionadas palomas hay que agregarles bandadas de pericos australianos, ticuces, mirlas, calandrias, torcacitas, zanates, churíos, gorriones, cotorras atoleras, mulatos -el pájaro que imita cualquier sonido que escuche-, colibríes (o chuparrosas), pájaros carpinteros (tijos), hurracas, gavilanes de todo tipo y, entre otros muchos, las auras y zopilotes . Eso en la ciudad misma, porque fuera de ella la población de la fauna alada es abrumadora en cantidad y variedad.

MESON.- Hoy el mesón está solo… En razón de la veda electoral, los comensales y pasajeros que suelen frecuentarlo, se han ausentado… ¿Dónde y qué estarán comentando?... ¡Arrieros somos!

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