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QUE NO HARÁN 500 CASAS:

El terreno que ocupa la XX Zona Militar es tan grande, 15 hectáreas, que cabrían dentro 500 casas. Eso no significa que los desarrolladores de vivienda en Colima pretendan darle a ese predio un uso habitacional, aclara el presidente estatal de la Canadevi, José Francisco Rivas Valencia.

El arquitecto Rivas, quien representa a las cámaras empresariales en la presidencia colectiva de la Comisión Ciudadana formada por el gobernador Peralta, aclara que el consejo integrada por 23 organizaciones e instituciones no ha predeterminado el destino del predio. Eso resultará de la consulta pública.

Y aunque pidió esperar a que dicha presidencia colectiva anuncie en el transcurso de la siguiente semana el procedimiento a seguir para que la consulta realmente refleje la voluntad ciudadana, aseguró que al menos la Canadevi no tiene interés en hacer negocios con el terreno que desocupará la Secretaría de la Defensa Nacional cuando la XX Zona, el 29 Batallón de Infantería y las familias del personal castrense que habitan al interior del predio ubicado en Calzada Galván se trasladen al nuevo campo militar en Loma de Fátima, antes de que termine la administración de Peña Nieto.

Para entonces el Gobierno del Estado deberá tener claro qué va hacer con el predio de la Calzada. Y los proyectos que presente deberán conciliar la preocupación que siente la sociedad de que ese terreno acabe siendo privatizado como ocurrió con el Parque Regional “Griselda Álvarez”, con la estrategia administrativa del gobierno de Ignacio Peralta para que los espacios públicos sean de alguna manera autosuficientes.

IBA A SER HOSPITAL
He preguntado a varios conocedores de la historia local y nadie me supo decir el nombre de ese predio al que llamamos la XX Zona Militar. Lo cierto es que las instalaciones que ocupa el 29 Batallón desde principios de los años setenta son históricas.

Antes, el inmueble fue el cuartel de un batallón que fue llevado a Chiapas y de allá trajeron al vigésimo noveno. Por eso, durante mucho tiempo los soldados tuvieron monos como mascotas, que se balanceaban entre las ramas de los árboles que dan a la Calzada.

Las construcciones que dan a esta avenida son la recuperación de un edificio levantado a finales del siglo XIX para servir como hospital civil, me explicó el ingeniero José Levy Vázquez.

El nosocomio llevaría el nombre del presidente Porfirio Díaz pero nunca funcionó. Primero porque lo derribó el temblor de 1900, luego porque cayó la dictadura una década después y, finalmente, porque las ruinas terminaron de colapsar con el sismo de 1932. Hoy solo queda en pie una parte de la construcción original.

UNA PARTE ES VIVIENDA:
Como campo militar, el predio está dividido en tres secciones:
- Una franja habitacional donde están no sólo la casa del comandante de la XX Zona Militar sino las viviendas de otros jefes y oficiales de su estado mayor, además de los departamentos para las familias de los suboficiales que son visibles desde la calle 1 de Mayo de la colonia Infonavit-La Estancia.

La oficialidad dispone de otra área habitacional más a la vista de los colimenses, en la conocida colonia militar que ocupa toda una manzana sobre la avenida San Fernando y un conjunto de departamentos anexo.

- El cuartel del 29 Batallón de Infantería, con los dormitorios para la tropa, patios de maniobras e instalaciones deportivas, entre las que se cuentan un antiguo campo de beisbol, el primero que hubo en el estado y que llevó el nombre de Roberto Fierro, fundador de la Fuerza Aérea, hasta que fue transformado en dos campos de futbol –según le escuché decir a Roberto Pizano Camberos, promotor de ligas infantiles de pelota.
Por cierto, la mayoría de estos espacios de prácticas no están arbolados, pero eso no significa que no puedan ser reforestados.

- Y, por supuesto, las oficinas de la XX Zona Militar que, además del 29 Batallón comprende al 88 Batallón de Infantería con base en Tecomán.

En esta sección del actual campo militar hay edificios amplios, como el casino de oficiales que eventualmente podría ser aprovechado como restaurante.

NO CREAR MÁS PROBLEMAS:
Frente a la tentación de privatizar este espacio, de convertirlo por ejemplo en un coto residencial de acceso restringido e incluso de ofrecerlo como la ubicación aparentemente perfecta para una plaza comercial, el destino deseable de ese espacio es el de un parque urbano, cuyo referente es el Bosque de Chapultepec en la ciudad de México.

Han sonado algunas propuestas, entre ellas la de construir ahí un centro de convenciones con todo y hotel, o el de trasladar algunas de las oficinas de gobierno que están esparcidas por toda la mancha urbana, pagando rentas altísimas por antiguas residencias que resultan disfuncionales para un uso burocrático.

Se habla de reubicar incluso las dependencias de Gobierno que quedarán sin sede cuando toda la manzana de enfrente, donde se encuentra el C-4, el Incoifed, el Insuvi, los bomberos y la imprenta del estado, sea convertida en el C-5 (que, como dijo un amigo, a ese paso terminará siendo C-9).

Pero todo estos proyectos demandarían elevar la densidad vehicular en una zona ya de por sí congestionada. ¿Qué sentido tiene destinar prados a estacionamientos?.

Creo que los proyectos para el aprovechamiento de lo que tendríamos que empezar a llamar el Parque de la Piedra Lisa, deben partir de considerar que, detrás de la barda perimetral oriente, está una de las colonias con mayor densidad poblacional de la mancha urbana.
Y que la población de la Infonavit-La Estancia, y junto con ellos la de todas las colonias que se prolongan hasta los terrenos de la feria, exige nuevos accesos al centro histórico.

Antes de gestar nuevos problemas con la transformación de la XX Zona en cualquier otra cosa, hay que pensar en la problemática social que se podría solucionar simplemente conservando el terreno como un espacio público y de libre acceso.

Mi correo electrónico: carvajalberber@gmail.com. Esta columna también se puede leer en: www.carvajalberber.com y sus redes sociales.

Antes, el inmueble fue el cuartel de un batallón que fue llevado a Chiapas y de allá trajeron al vigésimo noveno. Por eso, durante mucho tiempo los soldados tuvieron monos como mascotas, que se balanceaban entre las ramas de los árboles que dan a la Calzada.
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