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MELY, AL PRI NACIONAL

De la pertinencia de llevar a Mely Romero a la dirigencia estatal del PRI habla su reciente designación como secretaria de Gestión Social en el comité ejecutivo nacional que encabeza Claudia Ruiz-Massieu y Salinas de Gortari.

Pero las decisiones políticas en el estado se piensan tanto (o se dudan tanto en el proceso) que ya no habrá forma de reconocer a nivel local a la candidata del PRI que proporcionalmente más votos obtuvo, aunque no haya ganado, en los pasados comicios.

Sin embargo, la indecisión de Ignacio Peralta tuvo sus beneficios. Ahora el Gobernador puede nombrar como presidente estatal del PRI (con toda la parafernalia que implica la simbólica aprobación del consejo político estatal) a quien quiera, sin tener que responderle a quienes se erigen como su conciencia por haberle otorgado a una figura que todavía tiene futuro una de las pocas posiciones que le quedan a los priistas para hacer política hacia el 2021.

Para tranquilidad de una caballada por demás flaca, ya pueden dejar como dirigente del PRI estatal a quien sea con tal que garantice no aspirar a la candidatura al gobierno local. Por lo visto, de eso se trataba.

Tras la debacle del PRI este 2018, Mely Romero Celis es –me atrevo a decir– la única priista colimense con proyección nacional. Lo era en el sexenio pasado, primero como senadora y luego como subsecretaria de Desarrollo Rural en Sagarpa. Y habría continuado siéndolo como diputada federal, pero perdió la elección en el distrito I.

En el nuevo gobierno de la república ya no habrá subsecretarios ni directores generales, es más, ya no habrá ni delegados federales que, siendo priistas, participen en la escena política nacional.

Al haber perdido todas las posiciones importantes de mayoría que se disputaron en el estado, únicamente sobrevivió al naufragio Ximena Puente de la Mora como diputada federal plurinominal, que por cierto también tuvo su proyección nacional en la administración de Peña Nieto como comisionada presidente del INAI, aunque tan relativa como la tendrá ahora en San Lázaro.

Ya no habrá siquiera delegados federales que militen en el PRI. Y emerger como candidateable del gabinete estatal, se ve tan difícil como lo fue para José Antonio Meade ganar la elección presidencial.

(TRATAR DE) REIVENTAR AL PRI
Al Revolucionario Institucional no le queda mucho margen de acción. Pero uno de los espacios donde podrán hacer política los priistas es el Partido, incluso con mayor proyección que en las cámaras del Congreso de la Unión donde los tricolores ya pasaron a formar parte de la chiquillada.

Bajo la conducción de una líder reformista como se planteó serlo Ruiz Massieu en el posicionamiento del PRI con motivo del sexto informe presidencial, Mely tiene posibilidades de destacar.

Quienes seguimos de cerca su discurso de campaña, le escuchamos ideas progresistas y renovadoras que escapan a la retórica del viejo partido que no conocía derrotas y fue incapaz de refundarse. Y es que durante la docena trágica del PAN, de partido de un régimen presidencialista el PRI pasó a ser el instrumento de los gobernadores priistas.

Luego, en 2012, recuperó el viejo esquema de la monarquía sexenal pero con todo el desgaste partidista que implicaba que un presidente –salido del estado de México– persiguiera a los ex mandatarios estatales que lo ayudaron, con dinero y alquimia electoral, a llegar a Los Pinos.

La cartera en el PRI, Gestión Social, corresponde al perfil que ha llevado Mely Romero tanto en el Senado como en la Secretaría de Agricultura, pero especialmente en la CNC donde llegó a ser secretaria de Acción Femenil y presidente de la Conferencia de Mujeres Rurales de México. Aunque haya sido objeto de mofa, en su nuevo cargo le servirá la experiencia de repartir gallinas ponedoras.

La fortaleza del viejo PRI se basaba en una estrategia clientelar que dependía de los recursos públicos. Ahora en la oposición y con las medidas de austeridad que le impondrá la administración de López Obrador a los estados donde todavía gobierna el PRI, el Partido tendrá encontrar una fórmula para (volver a) ser revolucionario sin ser ya institucional.

Sólo priistas habituados a remar contra la corriente, con un pensamiento poco ortodoxo y un auténtico acercamiento a las bases, podrán destacar en esta nueva realidad política. Esperemos que Mely Romero sea una de ellos.

CALIBRE 25:
Aunque coquetearon con la idea de traer a Calibre 50 para amenizar la verbena popular del Grito de Independencia, al final la administración Peralta resolvió invitar al dueto Ha Ash.

Cambiaron la narco-música por algo más fresa, después de pulsar la opinión de la gente en las redes sociales, donde soltaron el rumor de que vendrían los intérpretes norteños.

Es probable que, más que la determinación de no terminar haciendo apología del delito, haya pesado más en la decisión el precio al que se cotizan los grupos norteños.

Como sea, es la segunda vez en este sexenio que el Gobierno del Estado organiza conciertos populares –fuera del ámbito de la feria de Todos los Santos– para contrariedad de la prensa oficialista que hizo toda una campaña contra el alcalde Héctor Insúa por andarse metiendo a promotor de espectáculos.

La primera vez fue para inaugurar el parque de La Campana, donde cantaron Las Tres Grandes (Eugenia León, Guadalupe Pineda y Tania Libertad). El evento lo organizó la Secretaría de Cultura y sirvió para que todo el gabinete estatal arropara al ya para entonces inviable candidato del PRI a la alcaldía capitalina, Walter Oldenbourg.

Poner a Ha Ash a cantar en el Jardín Libertad legitima el uso recreativo de ese espacio, reservado tradicionalmente a eventos religiosos y político-partidistas. Le acabaron dando la razón a Insúa en el sentido de reinventar el centro histórico como lugar de esparcimiento, más allá de sus funciones mercantiles y burocráticas.

Aprovechemos la gratuidad del espectáculo de las hermanas Hanna y Ashley, y la promesa de que la plaza de armas será tan segura como lo fue durante los eventos que organizó el ayuntamiento.

Porque de confirmarse el triunfo de Leoncio Morán en la Presidencia Municipal de Colima, lo que tendremos como Festival del Volcán –si es que no le cambian de nombre y le ponen el Festival de las Palmeras o alguna cosa así, para variar– será el mismo programa del teatro del pueblo en la feria.

O sea, el ballet hawaiano de Armería y la rondalla de Villa de Álvarez. Y no es infundio, así lo dijo Locho en campaña.

La indecisión de Ignacio Peralta tuvo sus beneficios. Ahora el Gobernador puede nombrar como presidente estatal del PRI (con toda la parafernalia que implica la simbólica aprobación del consejo político estatal) a quien quiera, sin tener que responderle a quienes se erigen como su conciencia por haberle otorgado a una figura que todavía tiene futuro una de las pocas posiciones que le quedan a los priistas para hacer política hacia el 2021.

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