ESTACIÓN SUFRAGIO

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¿LA MANO DE AMLO EN EL PRI?


Llama la atención que dos priistas surgidos de la base denuncien la línea cupular a favor de Alejandro Moreno Cárdenas y la intervención del presidente López Obrador en la elección interna del PRI.

El ideario manifestado por Ivonne Ortega y José Encarnación Alfaro en su campaña para la dirigencia del Partido Revolucionario Institucional se asemeja más al proyecto de la 4T, especialmente en lo que se refiere a la urgencia de acabar con la corrupción y restablecer una política social, que las tesis neoliberales defendidas por los 11 gobernadores priistas que respaldan al ex mandatario de Campeche.

Y aunque para un priismo dolido por la debacle de 2018 suena tremenda la teoría de una conspiración de Morena para imponer una dirigencia a modo en uno de los dos grandes partidos de oposición, ¿qué ganaría López Obrador al contar con un priismo colaboracionista, cuando la aniquilación del tricolor ha sido vista como un hito de la Cuarta Transformación?

LO CHAIROS DEL PRI:

En un diálogo con el Círculo de Analistas Políticos, la ex gobernadora de Yucatán explica la duda anterior:

En 2021 el público al que le hable Morena será el mismo del PRI. Con los fifís del PAN, el Movimiento de Reconstrucción Nacional no tiene un lenguaje común, enfatiza la carismática política quien, a despecho de los señalamientos por enriquecimiento inexplicable que se han intensificado a raíz de su disidencia, dice haber construido su patrimonio criando puercos en su casa y vendiendo Mary Kay de puerta en puerta.

Si el PRI se reconstruye y vuelve a sus orígenes, si se reconcilia con su gente, en 2021 competirá por 14 congresos locales con posibilidades de ganar siete, “y con eso rompemos la reforma constitucional”.

Si los priistas logran tener 87 diputados federales en las elecciones intermedias, “rompemos la reforma constitucional”.

Y si recuperan alguno de los ayuntamientos capitalinos que ahora no tienen, sería evidencia de que el PRI puede volver a gobernar un buen número de municipios del país.

Es más, si compite exitosamente por alguna de las 12 gubernaturas en disputa, significará que el priismo volvió a hablarle al público y, con ello, que “para Morena la elección se puso difícil”.

¡AMLITO PARA PRESIDENTE!

¿Pero qué gana la cúpula priista al jurar vasallaje al presidente López Obrador?
Hay un consenso en las columnas políticas que se escriben en la Ciudad de México, respecto a que el ex presidente Peña Nieto y los gobernadores que aún le quedan al Partido están buscando impunidad para sus millonarias malversaciones. Mas Ivonne Ortega ve en este sometimiento un mero afán de supervivencia política: Alito, a quien ya en tono de guasa los priistas reapodaron Amlito, intenta no perder el control de Campeche. Si no consigue el respaldo de Morena, en la elección intermedia el PAN ganará la gubernatura de Campeche.

Los tres alfiles del gobernador con licencia perdieron en 2018, y si la elección en Campeche fuera hoy ganaría el PAN.

Alejandro Moreno “trae un proyecto” presidencial para 2024, pero si entrega el gobierno al PAN en 2021 no tendría posibilidades de aspirar a la grande.

UN ORTEGAZO AL DEDAZO:

Darle un madrazo al dedazo esconde una intención más noble: reformar al PRI.
En su relato del devenir priista, Ortega le da la razón a los políticos de la 4T que se formaron en el PRI y se fueron pasando a la izquierda partidista en diferentes momentos de la historia reciente.

Son esos ex priistas, como el propio López Obrador que fue presidente del PRI estatal y hasta compuso el himno del partido, quienes vivieron “la irrupción de la Corriente Democrática”.

Personajes como Porfirio Muñoz Ledo y Cuauhtémoc Cárdenas integraron el Frente Democrático Nacional en 1988 y “no ganaron la Presidencia de la República porque se cayó el sistema”. El que lo tiró fue Manuel Bartlett, actual director de la CFE.

“Pero el régimen del PRI ya estaba tocado. Una vertiente se convirtió en el PRD, que no tuvo una gestación porque el PARM [Partido Auténtico de la Revolución Mexicana] simplemente se transformó”. Contra lo que dice Ortega, el partido del sol azteca surgió en 1989 con el registro del Partido Mexicano Socialista (PMS).

“Son ellos mismos [los ex priistas] quienes quieren darle una orientación ideológica a Morena. La 4T es idea de Porfirio Muñoz Ledo. AMLO no entiende qué significa una Cuarta República. La redujo a un slogan”.

Un mismo origen doctrinario hace que “el segmento electoral al que Morena le habla sea el mismo del PRI”. El discurso del PRI siempre fue el del nacionalismo revolucionario, pero Salinas lo quiso cambiar hacia el liberalismo social “y ahora somos socialdemócratas”. Lo cierto es que “el priista sigue pensando en la constitucionalidad del país”.


EL SEXENIO MÁS CORRUPTO:

Ortega coincide con la tesis de que la decadencia del PRI comenzó cuando el partido hizo suyo el modelo neoliberal:

“En el 2000 nos dieron el primer golpe, pero seguíamos siendo la primera fuerza electoral. La institucionalidad del PRI hizo que Fox y Calderón se hicieran del poder.
“En 2012 recuperamos la Presidencia, pero en lugar de transitar a la democracia se restableció el régimen autoritario. En el afán de sostener el Pacto por México, ni siquiera se desmantelaron las estructuras administrativas del PAN”.

Encima, en el sexenio pasado se dieron los episodios de corrupción más escandalosos de la historia. Pero lo fundamental es que el PRI abandonó a su base. Por eso, 2018 fue la votación más desastrosa: “la gente nos dijo que no quería un partido asociado a la corrupción, la frivolidad y el autoritarismo”.

En ese sentido, la cúpula de gobernadores “no quiere aprender de la historia”. Insisten en que no se hable mal del Partido, y por ello desalientan el debate y la autocrítica. Pero “sacar el tema de la casa de Alejandro no desprestigia al Partido. No hay explicación de esa fortuna”.

EL ADN DE LA LÍNEA:

Arrebatarle el Partido a la cúpula no será fácil. Las bases no saben que pueden elegir. “Cuando hay presidente de la república priista, está en el ADN del militante seguir la línea. Por eso no gritamos durante seis años. Y ahora que no hay presidente de la república del PRI, la línea la da un mandatario que no es del PRI”.

Según Ivonne Ortega, López Obrador les pidió a los gobernadores el apoyo para Alito. Cuando renunció a la candidatura, José Narro denunció las injerencia del gobierno y las deficiencias del padrón. Y ahora “nosotros queremos dar la lucha porque la militancia no acepta eso”.

Para una mujer que ha estudiado en forma abierta desde la secundaria al doctorado en Derecho, y para una priista que ha sido votada nueve veces, cuatro en elecciones internas y cinco en constitucionales, ganar la presidencia del Comité Ejecutivo Nacional no resulta una hazaña imposible.

Pero tampoco olvida que la militancia del PRI está más hecha a la cultura de la línea que a la tradición democrática:

“El PRI se enfrentó a la transición democrática, pero no entendió los nuevos mecanismos. En 1997 se dividió la votación y así se dio el enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Legislativo primero, y luego la alternancia en la Presidencia, pero el PRI no logró adaptarse” a la democracia.


VOTO POR VOTO…

Sin embargo, confía en que la nueva Ley de Partidos Políticos que establece el derecho a la libre afiliación y eleva los derechos políticos al rango de derechos humanos, le permitirá ganar la mayoría de un padrón limpio de registros duplicados (muchos priistas nominales también están afiliados a Morena) o inventados (ya están muertos).

El único padrón que se puede usar es el que verificó el Instituto Nacional Electoral. “Quisieron inflar el padrón con 650 mil nuevas afiliaciones, pero el INE rechazó 400 mil inscripciones en Coahuila, Oaxaca, Campeche y Ciudad de México. Con 53 mil pesos de multa por cada afiliación indebida”.

El problema es que votará el 20% del padrón a lo sumo. “Y el abstencionismo se presta a que rellenen las urnas”. Por lo demás, “el padrón en su gran mayoría es de gente grande. Nuestro electorado tiene más de 45 años y se informa de manera tradicional”. De ahí que la estrategia de Ivonne sea visitar a los militantes en su casa.

No habrá mítines multitudinarios. Esos los hará “el candidato oficialista” a riesgo de ilusionarse con la asistencia masiva, como se engañó en la campaña presidencial José Antonio Meade quien creyó que votarían por él todos los que fueron a sus concentraciones, resume Ivonne Ortega.

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