Por César Barrera Vázquez

¿Dónde están los buenos resultados de AMLO?

Si el presidente está tomando las mejores decisiones y encabezando un gobierno histórico, sin parangón, ¿por qué no se ven los buenos resultados de su gestión? Ya van para cuatro años de su gobierno, pero este cambio y estado de bienestar no se ve, no se percibe; al contrario, hay un retroceso en casi todos los indicadores.

Y esto no es para escarnio de su gobierno ni para demeritarlo, sino que, a la luz de las evidencias, los hechos y la experiencia de estos casi cuatro años deberían servir al presidente para rectificar, cambiar y mejorar las políticas públicas. ¿Lo está haciendo? ¿No le está faltando un poco de humildad a este gobierno que se jacta de ser el más austero y honesto que ha existido en la historia moderna de México?

Lo que podemos demostrar (y lo estamos viviendo todas y todos los mexicanos) es que la inseguridad cada vez está peor. Aquí en Colima es palpable cómo se ha deteriorado la seguridad, al grado de que en este último mes crecieron las ejecuciones en un 63% en comparación con enero; el narcomenudeo y la extorción también aumentaron 100 y un 115 por ciento, respectivamente.

Si el presidente está viendo cómo aumenta la violencia y los asesinatos, con la consecuente pérdida de tranquilidad y paz de la ciudadanía, ¿no sería hora de cambiar la estrategia que se ha implementado desde hace ya más de 15 años, como lo prometió en campaña?

El presidente debería de tomar decisiones a partir de diagnósticos puntuales y con el respaldo de los expertos. ¿Con qué sustento y con base a qué fundamentos el presidente asegura que todos los males de este país vienen de la corrupción?

Si es así, como dice el presidente, entonces su gobierno es uno de los más corruptos porque la economía no ha crecido (estamos en recesión), la pobreza ha aumentado, la generación de empleos es insuficiente y la inseguridad está desatada. Esa sería la conclusión lógica si nos basamos en la manera de pensar del presidente.

Estos males ya existían en el pasado, no son nuevos, pero si nos atenemos a los números, a las cifras, sin adjetivos y sin fobias, pues es claro que las problemáticas han crecido. ¿Por qué no reconocer esto y comenzar a remediarlo? Si nos mantenemos en el error de que estamos requetebién y que estamos mejor que antes, ¿entonces cómo solucionaremos un problema que ni siquiera reconocemos?

La honestidad valiente del presidente poco consuelo da cuando todos los males del periodo neoliberal están ahí, ahora, en el presente, cada vez más exacerbados. Sigue habiendo desvío de recursos y malversación del dinero de los mexicanos: la Auditoría Superior de la Federación detectó probables daños al erario por la cantidad de 49 mil 765 millones 790 mil 200 pesos.

Siguen los dispendios: 12 mil 650 millones de pesos costará el aeropuerto de Santa Lucía, 205 por ciento más que el costo original estimado en el anteproyecto que recibió la Sedena, así como otras obras insignia de su administración que nadie entusiasman.

Siguen los asesinatos: en tres años ya se rebasaron los más de 100 mil ejecuciones. Y así podemos desglosar otros datos, estadísticas, que demuestran lo que el presidente ya debería saber: que no hay resultados.

Y eso, la inflación que está en su máximo histórico desde el 2001, que se come el salario de las y los mexicanos; la inseguridad que nos cuesta vidas; la pobreza que depaupera la calidad de vida y las inconsistencias entre la realidad y el discurso del presidente han minado la imagen de su gobierno.

El discurso de la honestidad del presidente no tiene asidero con la realidad, y por eso no ha podido permear, pues los males del pasado siguen y crecen cada vez más. Si el presidente no entiende que para mejorar se tiene que reconocer el problema, entonces los próximos dos años de su gobierno serán como los cuatro que ya han pasado: una nulidad.

Dos puntos

La vida lujosa del hijo del presidente y los escándalos por conflicto de interés en su gobierno –reminiscencia de la corrupción del gobierno de Peña—, han generado una crisis en la imagen de López Obrador. Lo anterior le duele al presidente porque su discurso de la austeridad y honestidad queda desvirtuado. Sin embargo, lo que realmente afectará su popularidad es la precarización de la calidad de vida de las y los mexicanos. Lo anterior por todo lo mencionado ya en líneas arriba.