++Las doctoras Myriam Rebeca y Malena Tejeda participaron en el conversatorio “Metodologías para el aprendizaje significativo”, como parte del Seminario de Sensibilización del Modelo Educativo de las Jornadas Académicas 2026.
Las metodologías activas de aprendizaje no consisten sólo en cambiar dinámicas dentro del aula, sino en transformar la manera en que la o el profesorado diseña, acompaña y evalúa las experiencias formativas del estudiantado, coincidieron en un conversatorio virtual realizado esta semana las doctoras Myriam Rebeca Pérez Daniel y Malena Tejeda Yeomans, profesoras investigadoras de la Universidad de Colima.
El conversatorio en el que ambas participaron fue “Metodologías para el aprendizaje significativo”, como parte del Seminario de Sensibilización del Modelo Educativo, que a su vez forma parte de las Jornadas Académicas 2026 de esta casa de estudios.
Durante el conversatorio, Myriam Rebeca Pérez Daniel, profesora investigadora de la Facultad de Psicología, explicó que las metodologías activas parten de una idea central: las personas aprenden principalmente a través de la experiencia. Por ello, dijo, no basta con que el profesorado exponga contenidos o muestre diapositivas, como suele ocurrir en modelos tradicionales de enseñanza. “La información que procesamos no entra sólo por una vía, como la visual o la auditiva; ingresa a través de todos nuestros sentidos. Las experiencias integran distintas fuentes de información”, señaló.
En ese sentido, dijo que el nuevo Modelo Educativo de la UdeC plantea aprendizajes complejos relacionados con el saber, hacer, convivir, ser y transformar. Esto, agregó, exige que el estudiantado participe de manera activa en procesos también complejos, como la elaboración de proyectos, la resolución de problemas, la participación en juegos o competencias, la prestación de servicios o la realización de investigaciones.
Lo importante, explicó, no es únicamente que las y los estudiantes completen una tarea, sino reconocer cómo viven ese proceso, cómo integran la información que reciben y de qué manera generan aprendizajes a partir de dicha experiencia. “La persona docente es quien diseña las experiencias de aprendizaje más adecuadas para los fines de la materia, de acuerdo con las características del estudiantado; además, monitorea, acompaña y orienta el proceso”, puntualizó.
Por su parte, Malena Tejeda Yeomans, profesora de la Facultad de Ciencias y doctora en Física por la Universidad de Durham, Reino Unido, habló desde el enfoque STEM y compartió parte del trabajo que realiza la Red PI Docentes, vinculada con estrategias desarrolladas por profesorado de nivel medio superior del Perimeter Institute, en Canadá, y adaptadas a contextos de Latinoamérica y Europa.
Desde esta perspectiva, dijo, las metodologías activas buscan que en el aula ocurran procesos similares a los que se desarrollan al hacer ciencia o matemáticas: predecir, observar, modelar, revisar lo que se sabe y replantear ideas a partir de nuevos datos u observaciones. “Las actividades que proponemos ponen al estudiantado a debatir con las ideas que ya tenía antes de enfrentarse a un problema o a un fenómeno, a observar con detalle, tratar de modelar y ajustar sus explicaciones cuando la evidencia sacude lo que pensaban”, explicó.
Tejeda Yeomans señaló que el trabajo en contextos STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), requiere diseñar actividades que permitan visibilizar el pensamiento de las y los estudiantes; es decir, que muestren cómo razonan, cómo interpretan un fenómeno, cómo construyen explicaciones y cómo modifican sus ideas.

Para ello, compartió que en la Red PI Docentes trabajan con un marco de cuatro etapas: activar el conocimiento previo, establecer una base para construir nuevo conocimiento, profundizar en ese conocimiento y, finalmente, revisar y reflexionar sobre las ideas que se transformaron durante el proceso. “Las metodologías que activan estos procesos son las que llevan a un aprendizaje profundo. Su implementación para abordar problemas reales requiere intencionalidad y preparación en cada una de estas etapas”, comentó.
Motivación y emociones
Otro de los temas abordados fue el papel de la motivación y las emociones en el aprendizaje. Myriam Pérez Daniel explicó que, desde una mirada constructivista, toda experiencia de aprendizaje está atravesada por emociones, ya que las personas procesan lo que viven con todo el cuerpo, los sentidos y la historia personal.
Dijo que las emociones fuertes pueden ayudar a que una experiencia se conserve mejor en la memoria; sin embargo, aclaró que esto no significa que la tarea docente consista en producir entusiasmo permanente o convertir cada clase en una experiencia eufórica. “No todos los aprendizajes tienen que asociarse con estados de exaltación. Sí debemos procurar que las experiencias sean positivas o al menos agradables, pero lo más importante es reconocer la experiencia emocional del estudiantado y tomarla en cuenta al diseñar las actividades”, explicó.
En otra parte del conversatorio, Pérez Daniel planteó que un cambio importante para avanzar hacia modelos más activos consiste en dejar de ordenar las asignaturas únicamente a partir del temario o los contenidos, y comenzar a diseñarlas en torno a los productos de aprendizaje que se espera lograr.
Explicó que estos productos son expresiones materiales de que el estudiantado alcanzó los objetivos de la asignatura. Si se tiene claro el punto de llegada, añadió, el profesorado puede identificar mejor el punto de partida del grupo y diseñar experiencias que permitan acompañar el avance de manera gradual.
Integrar las ciencias en los contenidos de otras materias
Malena Tejeda habló de las estrategias que pueden favorecer la integración de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas de manera interdisciplinaria. Una de ellas, dijo, es construir y probar modelos, ya que muchos fenómenos de distintas áreas comparten estructuras matemáticas similares.
Como ejemplo, mencionó que el crecimiento poblacional en biología puede relacionarse con modelos matemáticos que también ayudan a explicar fenómenos como el decaimiento radiactivo en física, el enfriamiento en química o la propagación de información en ciencias sociales y comunicación.
Otra estrategia, explicó Yeomans, consiste en trabajar con traducciones entre distintas representaciones de un fenómeno: ecuaciones, diagramas, gráficas, videos, narrativas orales o visuales. Esto permite que las y los estudiantes conviertan la información de una representación en análisis, explicaciones o nuevas preguntas.
Además, destacó el abordaje de problemas complejos, ya sea desde contextos locales, regionales o abstractos, siempre que exista una intención pedagógica clara y condiciones para probar, revisar y mejorar las estrategias.
Tejeda Yeomans insistió en que no existe una herramienta universal que funcione igual en todos los grupos, niveles o contextos. Lo fundamental, dijo, es definir con claridad qué se busca lograr, en qué momento del proceso se utilizará una estrategia y cómo se evaluará si realmente ayudó al aprendizaje.
Adaptar las herramientas al grupo
Para cerrar, ambas académicas coincidieron en que las metodologías activas requieren intencionalidad, conocimiento del contexto, acompañamiento docente y trabajo colaborativo entre profesoras y profesores.
No se trata de trasladar mecánicamente herramientas al aula, sino de adaptarlas a las condiciones reales de cada grupo, bachillerato o facultad. “Requerimos evidencia, conocimiento del contexto y espacios comunitarios para que la práctica sea colaborativa y las y los docentes podamos intercambiar experiencias”, señaló Tejeda Yeomans.







