++La investigadora Guadalupe del Carmen Rodríguez Jimenes explicó cómo la ingeniería de alimentos contribuye a conservar los productos, prevenir riesgos para la salud y reducir desperdicios.

Cómo conservar la leche, transformar el cacao en chocolate o aprovechar las cáscaras de frutas para obtener nuevos productos son algunas de las aplicaciones de la ingeniería de alimentos que conocieron estudiantes de bachillerato de la Universidad de Colima durante una charla con la investigadora Guadalupe del Carmen Rodríguez Jimenes, del Instituto Tecnológico de Veracruz.

La actividad, titulada “La ingeniería de alimentos en la vida cotidiana”, se realizó de manera virtual el miércoles 28 de octubre, como parte del programa Adopta una prepa. Fue organizada por la Red Global MX Capítulo España y la Dirección General de Educación Media Superior de la Universidad de Colima (UdeC).

Esta tercera charla del ciclo 2026 estuvo dirigida al alumnado y profesorado de los 38 bachilleratos universitarios y reunió a aproximadamente 350 personas, entre estudiantes, docentes y personal de la dependencia organizadora.

Rodríguez Jimenes, doctora en Ingeniería de Procesos, explicó que esta disciplina combina conocimientos de química, biología, microbiología e ingeniería para transformar materias primas, como frutas, cereales y leche, en productos que puedan conservarse, distribuirse y consumirse de manera segura.

Su trabajo abarca desde el diseño de procesos y equipos hasta el desarrollo de envases, el control de calidad y la conservación del valor nutritivo de los alimentos. También busca utilizar mejor el agua, la energía y las materias primas durante la producción.

Para mostrar cómo ha evolucionado este campo, la especialista repasó métodos de conservación como el secado, el salado, el enlatado y la refrigeración. También abordó la pasteurización, desarrollada por Louis Pasteur en el siglo XIX, que consiste en aplicar calor durante un tiempo determinado para reducir microorganismos que pueden causar enfermedades o deteriorar los alimentos.

Uno de los temas centrales fue la inocuidad alimentaria, es decir, las condiciones y medidas necesarias para que los alimentos no causen daño a quienes los consumen. La investigadora destacó la importancia de prevenir la contaminación y controlar los riesgos durante la producción, el procesamiento, el almacenamiento y la distribución.

En este proceso interviene la trazabilidad, que es la posibilidad de seguir el recorrido de un alimento y sus ingredientes desde su origen hasta su destino. Este seguimiento permite identificar de dónde proviene un producto y actuar con mayor precisión cuando se detecta un problema de contaminación.

La ponente también abordó el aprovechamiento de subproductos agroindustriales, materiales que quedan después de procesar una materia prima y que pueden tener otros usos. Como ejemplo, presentó la obtención de aceites esenciales a partir de cáscaras de cítricos y el uso de otros residuos vegetales para elaborar nuevos productos.

Estas alternativas, aseguró, pueden reducir los desperdicios y generar oportunidades económicas, siempre que se evalúen la seguridad y la viabilidad de cada aprovechamiento.

Al compartir ejemplos del trabajo que desarrolla en su institución, habló de la transformación de alimentos como la vainilla y el chocolate. En el caso de la vainilla, mostró el proceso de curado, un conjunto de etapas de calentamiento, sudado, secado y acondicionamiento mediante las cuales las vainas desarrollan su aroma característico.

La presentación de la investigadora estuvo a cargo de Amparo Luna Costales, de la Red Global MX Capítulo España. Al concluir la exposición, estudiantes y docentes participaron en una sesión de preguntas sobre los procesos y aplicaciones de la ingeniería de alimentos.