Momentos en la Historia
Noé GUERRA PIMENTEL
DE ESPAÑA. CRÓNICA DE VIAJE
Ni el primero ni el último, seguramente; el caso es que ninguno de quienes íbamos había ido. Esta fue la primera vez que cruzamos el Atlántico para pisar España. Salimos el 21, llegamos a otro día con la emoción de quien quiere verlo todo. Nos hospedamos cerca de Madrid, error, ahorramos unos Euros, perdimos tiempo. El mismo 22, previo traslado en tren desde la estación de Pinto a la Sol, anduvimos la ciudad, primero a pie y luego en turístico: Puerta del Sol (tomada), Plaza Mayor, Barrio de las Letras, Latino, Gran vía, Palacio Real, Parque del retiro, La Cibeles -tapada- y Museo del Prado.
Al entrar a la Puerta del Sol topamos con la Acampada 26S, decenas de plásticos cubrían el kilómetro cero, según, en protesta por vivienda. Solo de pasadita tomé foto de esa otra Madrid. Ya en Colima supimos que el martes 3 de noviembre, a las 3 de la mañana, cientos de policías la desalojaron pacíficamente. La icónica plaza quedó limpia. No la vimos. El sábado 24 nos fuimos a Toledo, la Ciudad de las tres culturas (cristiana, judía y musulmana) y difíciles cuestas ¡Hermosa! la recorrimos sin saber que días después estaría de luto. El domingo 25, por la tarde, salimos en directo a Guadalupe. Luego de tres horas y media en autobús la sierra nos recibió húmeda y fría, con niebla. Eran las 20:30 h., los parroquianos en bares y cafés a puerta cerrada.

El Real Monasterio de Santa María de Guadalupe nos esperaba imponente desde su atrio y escalinatas inmensas cargando sus 7 siglos de historia, como un gran libro de pastas duras y esquinas niqueladas. Entre brindis, canciones y poemas una pomposa cena presidida por el Guardián y Custodio, el fraile franciscano Vidal López, nos dio la bienvenida. El 26 y 27 abrimos las III Jornadas con la inauguración a cargo de autoridades locales, Colima presidía desde su Quinto centenario, la impecable organización y convocatoria fueron de la Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste y la Fundación Extremeña de la Cultura. Gracias por la invitación y todas sus atenciones.
En complemento, durante los dos días tuvimos el privilegio de recorridos privados por el atávico inmueble con la amable guía del alto prelado. En los paneles hablamos del municipio castellano, de Cortés, Bernal, Gómara, justicia, lengua, franciscanos y de Lebrón, ese guadalupense nacido en 1515 tan vinculado a Colima. El 27, después de la clausura de las III Jornadas, fuimos testigos del hermanamiento entre la Puebla de Guadalupe y la ciudad de Colima. Dos pueblos que se habían mirado cinco siglos desde la distancia hoy, mediante acta, se abrazaron ante nosotros. Era la primera vez de todos, y lo estábamos viviendo en ese protocolo encabezado por el alcalde Guadalupense y el secretario del ayuntamiento, representante del alcalde de Colima.

A otro día, el 28, salimos de Guadalupe rumbo a Sevilla con escala en Cáceres y Mérida. Paseábamos por Cáceres cuando fuimos enterados de la tragedia: a las 8:53, un AVE de Renfe Madrid-Sevilla había embestido por alcance a un Iryo detenido en Urda. Decenas de muertos y cientos de heridos, vagones descarrilados, destrucción, tristeza y caos. Un minuto de silencio. España, antes orgullosa de su alta velocidad estaba en crisis de confianza y lo imaginable: corredor Madrid-Andalucía paralizado, venta de boletos (billetes) suspendida, frecuencias reducidas. En el caos guardamos la calma. Mi esposa y yo habíamos viajado por esa vía y el AVE 4 días antes. El dolor fue personal.
En Sevilla, el jueves 29 sesionamos con académicos de la Universidad y vivimos el Archivo de Indias, la Catedral, el Puente de barcas, el Barrio de Triana. El viernes 30, después de la Real Maestranza y la Torre del oro, navegamos el Guadalquivir y nos deslumbramos con Plaza España, el atardecer y el adiós entre tapas, jamones, café, abrazos, cerveza, cantos y vino. Ese viernes 30 por la noche, a las 23:30 h., volvimos a Madrid para despegar el sábado 31. Llegamos acá a las 8 de la noche, cansados y distintos. Cargados de buenas voluntades, un hermanamiento, muchas fotos y dos hitos que nos marcaron: la acampada y el choque de trenes. Fue nuestra primera vez y por eso, inolvidable.








