Por Héctor Sánchez de la Madrid

Para hacer un análisis del trabajo de la gobernadora Indira Vizcaíno Silva es necesario partir de lo que está sucediendo en el país bajo la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, lo cual nos proporcionará los elementos suficientes para explicar (no justificar, aclaro) los casi 7 meses del mandato gubernamental que inició el 1 de noviembre de 2021.

Durante los periodos sexenales de los gobernadores en las eras priista y panista, los presidentes de la República ejercieron un gran poder en las entidades y el Distrito Federal (hoy Ciudad de México), sin embargo, los titulares del Poder Ejecutivo en los estados mantuvieron su fuerza legal, social y política, aunque obedecían a la investidura presidencial.

Nuestro país se independizó de España en 1810 y proclamó el régimen democrático representativo federal en la Constitución de 1824. En 1917 entró en vigor la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reafirmando el federalismo que agrupaba a 29 entidades, 2 territorios (en 1974 se convirtieron en estados) y el Distrito Federal, el cual en este siglo cambió a Gobierno de la Ciudad de México.

Del imperio azteca y los reinos españoles provienen las figuras del tlatoani y el rey, en consecuencia la docilidad y sumisión a la autoridad que prevaleció durante la conquista y continuó después de la independencia, a pesar de la separación de España y la instauración del régimen democrático federalista. Por sendos lados, el autóctono y el europeo, nos viene ese legado.

Traemos en la sangre la disposición al culto de quien representa el poder, sea tlatoani o rey, la cual se transformó en adoración al presidente de México, que simboliza la veneración al poder superior, esto es, a quien tiene el mando y representa la fuerza pública. Han transcurrido 501 años de la conquista y 212 años de la independencia, pero seguimos igual.

A partir de 1929, durante 71 años el PRI gobernó al país, siguieron 12 años del PAN y luego 6 años más del abanderamiento tricolor, los últimos 3 años y casi 6 meses lo ha hecho Morena. Es verdad que en los regímenes priistas y panistas predominó la devoción a los mandatarios, pero ni unos ni otros perdieron el piso como el actual, tampoco dieron la impresión de convertirse en dictadores como lo transmite cotidianamente Andrés Manuel López Obrador.

Es evidente la personalidad autócrata del presidente López Obrador, la cual se refleja con su Gabinete donde no permite que brille ninguna de las figuras que ocupan los más altos cargos públicos, es más, ni siquiera tolera que sobresalgan en su desempeño. Todas y todos le rinden pleitesía, aclamando vergonzantemente: “es un honor estar con Obrador”, o permanecen callados, a la espera de que su jefe les suelte un comentario, una pregunta o una gracejada (no sabe de otras) para sonreír o reírse a carcajadas.

Similar situación sucede con las y los gobernadores de Morena, el partido de Andrés Manuel, de nadie más, porque es de él, no de los militantes de ese abanderamiento. Les decía que lo mismo pasa con las y los gobernantes morenistas, puesto que en los hechos ninguno gobierna su estado, todas y todos están supeditados a lo que ordene y se le ocurra al patrón, no a lo que ellas y ellos consideren y quieran hacer, menos lo que el pueblo bueno necesita y demanda.

Ningún funcionario o autoridad, mujer u hombre, nombrado o electo, perteneciente a los gobiernos federal, estatales y municipales de Morena, secretarios de Estado, gobernadores y alcaldes (de ahí para abajo), al igual que los legisladores federal y estatales (también los regidores) del citado abanderamiento, todas y todos dependen absolutamente del presidente de la República. Igual situación habrá de suceder en la Suprema Corte de Justicia y el Instituto Nacional Electoral cuando se renueven magistrados y consejeros.

Por ese estilo autoritario del Mandatario federal, que no respeta la Constitución y las leyes secundarias, tampoco la separación de Poderes, ni entiende el Estado de Derecho, nadie de las y los miembros de su Gabinete (incluido el ampliado), de las y los senadores, de las y los diputados federales, de los magistrados de la SCJ, de los consejeros afines del INE, de todo el aparato oficial perteneciente a Morena, ninguno ha destacado ni lo hará en lo que resta del régimen lopezobradorista.

Lo mismo pasa con las y los gobernadores de Morena, que no mueven una hoja de papel, que no toman una decisión de mediana importancia, no digamos de suma relevancia, sin el visto bueno y la autorización del dictador en ciernes que habita Palacio Nacional. Por todo lo anterior, Indira Vizcaíno no se comporta como Mandataria sino como Vicegobernadora, ya que a punto de cumplir 7 meses en su cargo no ha tenido un acto o declaración trascendental, menos ha tomado las riendas para enfrentar la ola de asesinatos que hoy cumple 4 meses de haber comenzado, lo único que ha hecho hasta ahora es viajar a la Ciudad de México para apoyar a la desangelada jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, al igual que participar en los actos de campaña de las y los candidatos de Morena a las gubernaturas, como si ella fuera un buen ejemplo a seguir.