Por Héctor Sánchez de la Madrid

Uno de los vicios que se crearon en el sistema priista fueron los dirigentes de las organizaciones sindicales que se adueñaban de las mismas, en algunos casos de forma vitalicia, impidiendo la generación de figuras inéditas y el surgimiento de ideas renovadoras, además de promover arreglos y complicidades con las autoridades en detrimento de los trabajadores.

Esos lideres federales, estatales y municipales le hicieron mucho daño al país al formar parte de los gobiernos en turno que acordaban con los organismos empresariales, implícita o explícitamente, que pagaran salarios bajos e injustos, a cambio de que estos últimos se hicieran de la vista gorda y no les exigieran el manejo pulcro y honesto del erario público. Esa fue la verdadera mafia del poder.

Es verdad que gracias a ese contubernio se mantuvo a México en paz durante muchas décadas, pero también permitió que viviéramos una economía ficticia y equivocada, ya que al facilitar que las empresas pagaran menos de lo que deberían a los trabajadores, no necesitaban esforzarse para ganar más. Fidel Velázquez simboliza el freno al avance económico del país, a su crecimiento natural.

De igual forma, aunque en sentido adverso, surgieron líderes en el sector público que negociaban con los gobernantes, federales, estatales y municipales, canongías laborales verdaderamente excesivas, que ahorcaban a los presupuestos de las dependencias a su cargo, dejándolas con un margen mínimo para hacer obra pública o inclusive cumplir con los servicios a los que estaban obligadas.

Los dirigentes sindicales del sector público tienen la obligación de proteger a sus agremiados e incrementar los beneficios conquistados a lo largo del tiempo, sin embargo, también deben salvaguardar y acrecentar los intereses de los gobiernos en que laboran. Es conveniente para ambas partes lograr una simbiosis en la que todas y todos sean beneficiados.

En esa renovación de líderes y proyectos que refiero encaja perfectamente el proceso que inicia en el mes de julio en el que se elegirá a la nueva directiva del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Gobierno del Estado de Colima, en el que se espera que Martín Flores Castañeda no intente reelegirse por octava vez (7 veces ha sido electo dirigente del STSGEC por periodos de 3 años, o sea tiene 21 años en ese cargo).

Afirmar que Martín en 21 años (15 en el primer periodo y 6 en el segundo) al frente del sindicato en mención nada ha hecho por los burócratas se caería en una mentira, sin embargo, es tiempo de que pase la estafeta a la sangre nueva que viene empujándolo desde hace más de 6 años y que por azares del destino y su ambición desmedida volvió por sus fueros desde el retiro político y sindical.

Flores Castañeda cometió el año pasado su mayor error político al traicionar al partido (el Revolucionario Institucional) que le dio todo lo que tiene —que no es cualquier cosa—, para apoyar inexplicablemente a uno de sus principales enemigos políticos, Leoncio Morán Sánchez, candidato de MC a la gubernatura de Colima, arrastrando innecesariamente a la derrota al sindicato de burócratas.

Por lo anterior y mucho más, Martín debe dejar que los trabajadores del Gobierno del Estado elijan sin presiones a la nueva directiva de su sindicato, en la cual no cabe ninguno o ninguna de sus incondicionales, solamente gente nueva, fresca, sin ligas con el cacicazgo que ha ejercido el anquilosado dirigente que nunca pudo ganar una elección, siempre obtuvo diputaciones plurinominales.

Los burócratas tendrán en unas cuantas semanas la oportunidad de quitarse para siempre la manipulación descarada que Flores Castañeda ha ejercido en el sindicato de burócratas durante 7 periodos —1992-2007 y 2016-2022– (exceptuando tres periodos de 3 años del líder Víctor Vázquez Cerda). Son tiempos de cambio, de terminar un vicio político que mucho daño le ha hecho a los trabajadores y a la nación misma.

Nos vemos aquí, siempre el miércoles.