**Felicidades a Héctor André por
su nacimiento el 13 de agosto y
a Luca por cumplir 8 años ayer
30 de agosto.

Por Héctor Sánchez de la Madrid

En el momento que mi papá percibía que la plática se tornaba ríspida o demasiado complicada, con quién o quiénes fueran sus interlocutores, decía: “hablemos de astronomía”, lo cual significaba que giraría el tema en cuestión para dialogar de lo que fuera, hasta de futbol, que nunca le gustó pues afirmaba que era un deporte en el que la inteligencia se encontraba en los pies.

Trataré, en Tiempo fuera, de hablarles de cualquier tópico, menos de política, inclusive hasta de astronomía, que muy poco sé porque me dan pavor las distancias inconmensurables del universo, al que prefiero ver como un aspecto decorativo y hermoso del mundo en que vivimos y nada más, aunque me impresiona la rotación permanente de los planetas y las estrellas, al igual que los asombrosos eclipses y las lluvias de estrellas.

No voy a platicarles de política porque los mexicanos de bien estamos cansados de este rubro por el exceso en el que ha caído el mesías tropical, hoy presidente de la República, por obra y gracia de su antecesor que le entregó la plaza y por el hartazgo que provocaron en la ciudadanía miles de militantes distinguidos del PRI que se enriquecieron a manos llenas, sin embargo, no podemos cruzarnos de brazos porque sería peor.

Contrario a la posición de quienes recomiendan no escuchar su informe de mañana 1 de septiembre, de sus mañaneras (que nunca he visto ni escuchado en vivo), así como de sus entrevistas, declaraciones o mensajes a la nación, les sugiero estar pendientes de lo que dice y hace el Mandatario, para luego no llamarse a sorprendidos, pero también no conversar y menos discutir con los chairos porque es una pérdida de tiempo.

Mejor les comento situaciones personales que he vivido en este mes que han llenado de alegría a mi familia y a mi en particular, como es el nacimiento de Héctor André, primogénito de mi hijo Héctor y mi nuera Andrea (de ahí la combinación del nombre) el 13 reciente, que ha venido a sumarse a los tres vástagos de mi hija Daniela y Daniel su marido, Daniel, Eugenio y Luca, que ayer cumplió sus primeros 8 años de existencia.

Desde el embarazo de mi esposa Patricia de la primera Paty (30 de septiembre-17 de octubre de 1974), me impresionó sobremanera pensar en la gestación que se desarrollaba en su útero, lo cual es una maravilla, para enseguida entrar en una enorme preocupación de que la o el bebé naciera sano. Durante los primeros días de nacida la criatura, como buenos novatos, nos volvíamos locos para saber que tenía cuando lloraba.

La primera parte ya fue superada, esto es, en la actualidad se practican estudios —cribados se llaman— a la futura mamá desde las primeras semanas para saber exactamente cómo se está formando el producto, hasta confirmar a los pocos meses si la o el bebé viene bien o tiene algún síndrome o malformación. De venir mal, hay un tiempo límite para que los papás tomen la dura decisión de interrumpir el embarazo.

Por fortuna, los análisis confirmaban que el niño venía sano, lo que les dio a sus papás una gran tranquilidad al igual que a las dos familias que solamente esperaban a que pasara la última frontera, o sea, su nacimiento. Andrea tuvo un embarazo modelo, guardó la dieta prescrita para ella y el bebé, hizo los ejercicios necesarios, se preparó a conciencia para el evento más importante de su vida y la de Héctor.

De esa forma, Héctor André nació bien el 13 de agosto, por todas las previsiones y precauciones que tomaron sus papás, por los exámenes, preparación y ejercicios de su mamá. Además, se esmeraron en arreglar lo mejor y más bonito posible el espacio en el que lo cuidarían, con las comodidades y cuidados que la modernidad facilita. El nuevo miembro de la familia se adaptó a la vida exterior sin problema alguno.

Nunca había visto a un papá como Héctor, al pendiente de su hijo, de día y de noche, abrazándolo y besándolo, cuidando el horario de sus comidas, ayudando a limpiarlo, a bañarlo y vestirlo, es un padre ejemplar, mucho mejor de lo que fui yo, pues siempre me dio temor sujetar entre mis manos a Paty, Dany y Héctor; lo mismo me sucedió con los nietos. Patricia fue, lo sigue siendo, una madre perfecta, Daniela igualmente. Andrea también es una mamá excelente.

La vida continúa, aprovechemos todos los momentos que podamos para disfrutar y convivir con nuestras familias, que es lo mejor que tenemos, al igual que a los amigos de la infancia, de la juventud y ahora de la senectud, para quienes peinamos canas, cada vez menos, y algunos ya ni eso. Recordemos que la salud y la felicidad dependen de nosotros mismos, que las construyamos y las gocemos con los nuestros, que nada ni nadie, ni siquiera el belicoso presidente de México y sus insoportables chairos puedan disminuir o escamotear.