Por Héctor Sánchez de la Madrid

Ningún partido político ha tenido tantas oportunidades de cambio como el PRI, tan sólo tres en lo que va del milenio, en 2000, 2012 y 2018, después de perder la presidencia de la República, de volverla a recuperar y de entregarla de nuevo, sin hacer la transformación que necesitaba desde 1988 cuando Manuel Bartlett Díaz tumbó el sistema de computo y manchó el triunfo presidencial de Carlos Salinas de Gortari.

Los priistas son de tal forma que nada ni nadie puede transformarlos, sus características son permanentes, en lo bueno (que si tienen su lado positivo, aunque usted no lo crea) y en lo malo, que deberían de corregir y erradicar si quieren sobrevivir en el corto plazo y más adelante hacer un gran esfuerzo para recuperar el control y la fuerza que tuvieron durante 71 años ininterrumpidos, más los 6 infames de Enrique Peña Nieto.

Durante la hegemonía tricolor siempre me llamó la atención la connivencia entre militantes buenos y malos, honestos y sinvergüenzas, preparados e ignorantes, demócratas y autócratas. Hasta este momento no sé como lo hicieron. Uno de mis adagios favoritos es el que dice: “Los pájaros de las mismas plumas vuelan juntos”, o sea, águilas con águilas y zopilotes con zopilotes, jamás águilas con zopilotes.

Sin embargo, volaron juntos, durante 71 años dirigieron y gobernaron la nación, construyeron las instituciones y el conjunto de leyes que nos colocaron en la primera década de este siglo en el lugar 12 de las mejores economías en el mundo, con el intervalo de 12 años de gobiernos federales panistas. Luego, pasamos al sitio 13 y 14 en la segunda década, para descender en la tercera década hasta el lugar 16.

¿Cómo formaron los priistas esta simbiosis política y administrativa? Me da pena decirles la respuesta, pero quizás se debió a la composición de personalidades disímbolas y contrastantes de la sociedad civil a la que pertenecemos, en la que convivimos con personas bondadosas y altruistas, al igual que con seres egoístas y miserables, cohabitando, unidos o separados, sirviendo a la comunidad y formando parte de ella.

Hace muchos años escribí que el Partido Nacional Revolucionario, antecesor del Partido de la Revolución Mexicana y del actual Partido Revolucionario Institucional, fundado por el presidente Plutarco Elías Calles, había copiado la forma de ser del mexicano, en su mayoría, esto es —no se enojen conmigo—: mentirosos, corruptos, arbitrarios, prepotentes, nepotistas, compadres, caciques, cualidades intrínsecas de lo que es en general.

Tan funciona esa fórmula que Morena siguió los parámetros del PRI y los rebasó al recibir entre sus filas a lo peor de todos los partidos opositores, especialmente del tricolor, pero también del PAN y el PRD, inclusive del PT, PVEM y MC. El propio Presidente y tres de sus “corcholatas” aspirantes a sucederlo fueron priistas: Marcelo Ebrard Casaubón, Ricardo Monreal Ávila y Adán Augusto López Hernández.

Sin querer, lo que no terminaba de entender desde hace muchos años hoy lo acabo de comprender al hacer este análisis somero, si bien la sabia naturaleza nos indica que “los pájaros de las mismas plumas vuelan juntos”, en la política y la función pública no importa el plumaje de los actores y actrices, solamente impera la ambición personal de unos y otras, menos el supuesto interés que tienen por las causas públicas.

Nunca, como ahora, había caído tan bajo el nivel de la política como en los tiempos que estamos atravesando, pues si alguna vez hubo lealtad a los principios ideológicos y las banderas de los partidos políticos, desde la década pasada desaparecieron para imponerse únicamente el objetivo de ganar, que es lo que buscan sin importar los medios para alcanzar el fin, parafraseando a Napoleón Bonaparte y él a su vez a Maquiavelo.

Todos los abanderamientos políticos que tiene nuestro país son heterogéneos, ninguno es auténticamente homogéneo; sin temor a equivocarme, les puedo asegurar que el partido que más carece de miembros importantes en los puestos directivos o administrativos de origen propio, es Morena, así que no tienen cara para criticar a los demás institutos del tema que sea si de ellos emanaron y se beneficiaron en mayor o menor medida.

Así que no nos cuenten los morenos de su pureza partidista, política o personal si los más de ellos y ellas provienen de lo que tanto señalan y reniegan. El PRI y el PAN son los partidos que menos prosélitos tienen que pertenecieron con anterioridad a otros abanderamientos. Morena es el que posee más militantes que estuvieron inscritos en otros institutos. En la política los pájaros (y pájaras) de diferentes plumas vuelan juntos.