En solfa
Por Héctor Sánchez de la Madrid

Desde ahora los opositores al régimen de Andrés Manuel López Obrador, a Morena, a la 4T, a “las corcholatas” (término peyorativo con el que el Presidente nombra a los aspirantes de su partido a sucederlo), deben entender que tienen que estar unidos para enfrentar a los poderes federal, estatales y municipales en los comicios presidenciales de 2024 y ganarles por el pésimo gobierno implementado por el tabasqueño.

Deben comprender, quienes están en la oposición, que si los partidos políticos y sus dirigentes están desgastados, ambos son imprescindibles para la postulación de quien los va a abanderar el año próximo; lo que pueden hacer actualmente es cuidar que los institutos partidarios y sus directivos hagan bien su trabajo, para ello tienen que dejar de denostarlos, ya que son necesarios unos y otros para lograr un propósito común.

Es cierto, también, que los políticos, en general, con escasas excepciones, perdieron credibilidad y confiabilidad, más con el desempeño desastroso del presidente López Obrador, absolutamente político, aunque en ocasiones resulte todo lo contrario por sus declaraciones y acciones totalmente impolíticas. La realidad es que las y los ciudadanos de nuestro país estamos hasta el copete de la clase política, es un hecho.

Por las premisas anteriores, esto es, el cansancio hacia los partidos políticos y sus dirigentes, así como el hartazgo de la sociedad civil por los políticos profesionales, considero que la o el postulante opositor para las elecciones presidenciales de 2024 debe emanar del sector empresarial o de la sociedad civil, para ser bien visto y recibido por quienes estamos hastiados de aquellos que hicieron de la política su modus vivendi.

Sin menoscabo de algunos aspirantes presidenciales del PRI, PAN y PRD, como Beatriz Paredes, Enrique O. de la Madrid, Claudia Ruiz Massieu y José Ángel Gurría; Juan Carlos Romero, Mauricio Kuri y Mauricio Vila; Miguel Ángel Mancera y Silvano Aureoles, quienes podrían contar con la capacidad y experiencia para gobernar a nuestro vapuleado México, considero que podrían ser rechazados por su pasado político.

En cambio, si se postulara a una o un empresario de alto nivel, nacionalista, preparado, responsable y honesto, estoy seguro que sería aceptado por millones de mexicanos que votaríamos por ella o por él, porque estamos hasta la madre de los políticos de todos (dije todos) los partidos que se hincharon de robar del erario, de hacer grandes negocios a la sombra del poder público y de ocasionar daños y perjuicios a nuestro querido país.

Otra posibilidad que deberían de explorar las cabezas opositoras es encontrar a una persona que represente a la sociedad civil, a una o un dirigente de alguna organización ciudadana, con el potencial de crecimiento en campaña que pueda ganarle a la o el candidato de la nueva mafia en el poder, con la capacidad y honestidad para dirigir desde la Primera Magistratura de la nación el destino de 130 millones de mexicanos.

Son tiempos de cambio, se decía a finales del siglo pasado, augurio que se cumplió en el año 2000 con el ascenso del panista Vicente Fox a la presidencia de la República, con la ayuda del mandatario Ernesto Zedillo quien frenaba al aspirante priista, Francisco Labastida, porque si ganaba podía permitir el regreso al poder de su némesis Carlos Salinas; pocos cambios hizo Fox. Siguió el panista Felipe Calderón y todo siguió igual.

Regresa el PRI con Enrique Peña para volver a la corrupción en su máxima expresión, quien repite la fórmula de Zedillo al facilitarle el camino al candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel, poniéndole obstáculos al panista Ricardo Anaya, en vez de llegar a un arreglo para que se encuestaran a él y al priista José Antonio Meade, y quien fuera abajo se sumara al de arriba. Por eso el Presidente nada le hizo ni le hará a Peña.

Hemos experimentado tres cambios de partidos políticos, PAN, PRI y Morena, sin alcanzar el éxito prometido por sus postulantes en las campañas electorales. En los tres casos los candidatos triunfadores se quedaron cortos, bastante lejos de las metas propuestas, sin haber sufrido alguna catástrofe natural, un problema económico mayor o una crisis de gobernabilidad interna. Simplemente no pudieron con el paquete.

Por eso me parece que es tiempo de probar nuevas experiencias, con una o un abanderado del sector empresarial o un dirigente de la sociedad civil, que pudiera aglutinar en campaña las simpatías y adhesiones de una mayoría de ciudadanos que lo hagan ganar ampliamente en las urnas al representante del para entonces viejo régimen que no cumplió sus compromisos ni sacó a los mexicanos de su pobreza sino que los hundió aún más.