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Solfa
Por Héctor Sánchez de la Madrid

Morena y la 4T son como un Frankenstein político formado por piezas desechadas de otros abanderamientos, principalmente del PRI, PRD y PAN, en orden de importancia. De ellos agarró mucho malo y algo bueno, especialmente del tricolor, multiplicando exponencialmente los negativos y reduciendo a la mínima potencia los positivos del partido que ha sido semillero de casi todos los institutos políticos.

Es verdad que Andrés Manuel López Obrador utilizó muchas prácticas priistas para alcanzar la presidencia de la República, así como para gobernar los poco más de 4 años y medio de su mandato, sin embargo, las ha distorsionado por completo hasta convertirlas en una maquinaria implacable que ha empleado para destruir lo que los mexicanos construimos desde la conquista (1521) hasta el México actual (2023).

Se equivocan rotundamente quienes responsabilizan y culpan al PRI del mal gobierno que encabeza el presidente López Obrador, puesto que el originario de Tepetitán, Tabasco, militó en el tricolor pero se salió de sus filas en 1988, hace 35 años, entonces cómo es posible que aún lo liguen con un partido que desde hace tres décadas y media nada tiene que ver con el político del sureste mexicano.

Jamás he defendido a quienes se han enriquecido al amparo del poder público durante las administraciones federales, estatales y municipales del partido que fuere, tampoco he solapado los excesos, las arbitrariedades, los engaños de los gobernantes y funcionarios que abusaron de sus cargos públicos. Esos atropellos proliferaron en los gobiernos priistas, al igual que en los panistas, y ahora con Morena.

La principal desgracia de la política mexicana sin lugar a dudas es la corrupción, no sólo el robo o el desvío de recursos públicos sino también los negocios a la sombra del servicio público, así como el desempeño excesivo o negligente de sus funciones asignadas. Al estar el PRI 71 años ininterrumpidos en Palacio Nacional es entendible que haya mayores casos que el PAN (12) o Morena (4.6), pero ninguno se salva.

A lo que voy es que me parece un error y un desperdicio que las y los antipriistas de antes que llegara el partido guinda al poder presidencial lo sigan siendo igual o más que cuando se disputaba la supremacía con el PAN y el PRD. Deben darse cuenta que el adversario a vencer en 2024 es Morena y achichincles (PT y PVEM), no el PRI y aliados. Con los negativos que tiene, se necesitan los positivos que le quedan.

Es tanta la perversidad, pero también la astucia del tabasqueño, lo reconozco, que no dudo que el ligarlo a él con el abanderamiento tricolor sea una estrategia suya para sembrar desconfianza con el albiazul y el negroamarillo en la coalición Va por México y dividirlos para el próximo proceso electoral en el que estarán en juego la presidencia, gubernaturas, senadurías, diputaciones federales y locales, alcaldías y regidurías.

Las y los ciudadanos electores deben tener en claro qué es lo que quieren para el 24, si seguir con el régimen de Morena, con cualquiera de las corcholatas, que es lo mismo a refrendar un periodo de seis años más a Andrés Manuel —el suyo concluye el 30 de septiembre del siguiente año—, o votar por el primer gobierno federal de coalición de nuestra historia integrado por el PAN, PRI y PRD, lo cual es inédito en nuestro país.

Si a los chairos y simpatizantes de Morena no les importa la alianza con los partidos satélites y oportunistas, ni los candidatos chapulines que chaquetearon a sus abanderamientos (a los que ahora odian) para alcanzar el cargo o la postulación que no les dieron antes, ¿por qué a los panistas, priistas y perredistas les es imposible o les cuesta mucho trabajo entenderse en definitiva y echar en saco roto los pleitos y las diferencias que tuvieron?

El entendimiento debe venir de arriba hacia abajo, esto es, empezar por construir las buenas relaciones entre los directivos nacionales, estatales y municipales, para después reunirse con los militantes de primer nivel de los tres abanderamientos y sostener pláticas conciliatorias hasta lograr el avenimiento definitivo. Quienes no comprendan la necesidad apremiante de fortalecer la alianza, lo mejor es expulsarlos de sus partidos.

Morena y la 4T son la malformación de diferentes institutos partidarios, una especie de Frankenstein armado con los peores vicios, con los mayores defectos de los modelos que copiaron, por eso dependen de su creador, de Andrés Manuel, un sedicente mesías que se encuentra por encima de los supuestos correligionarios que son piezas que mueve a su antojo para satisfacer las ocurrencias que se le peguen la gana. Al igual que aquel monstruo imaginario por la escritora inglesa Mary Shelley, no saben amar ni construir, sólo odiar y destruir.