PARACAÍDAS 

Por Rogelio Guedea

El programa de Colibecas Computadoras llevado a cabo por el gobierno del Estado tiene como propósito entregar 19 mil equipos de cómputo marca Lenovo y HP a todos los jóvenes que cursan la educación superior pública en nuestra entidad. Esta inversión representa casi 250 millones de pesos y es parte, según dijo la gobernadora Indira Vizcaíno, de los ahorros por más de 500 millones de pesos que le quitaron a aquellos funcionarios de gobierno que recibían beneficios extra e, implícitamente, innecesarios. No menos hace unos días se hizo una segunda entrega de este programa a estudiantes de nuestra máxima casa de estudios, la Universidad de Colima. El programa, de entrada, me parece un acierto indudable si te toma en cuenta que beneficiará muchísimo a estudiantes que carecen de una computadora, hoy que es imprescindible para la adquisición de información y conocimiento, y más si cursan una carrera que así lo exija. Con todo y las críticas que se han hecho aquí y allá sobre el hecho de que gobierno del Estado está haciendo un negocio con esto pues ha comprado los equipos a precios inflados y obtenido ganancia de ello, el hecho real es que los jóvenes reciben una computadora y esto siempre será mejor que no recibir nada. El problema real radica, y este es para mí el principal yerro no de este sino de todo los programas de asistencia social del gobierno estatal y federal, es que la diseminación de estos apoyos se da de forma irracional e indiscriminada (sin que esta palabra tenga aquí un dejo peyorativo). En palabras coloquiales: que los apoyos se entregan muchas veces a quienes no lo necesitan y esto es parte también de un problema que tiene que ver con la transparencia y la rendición de cuentas, porque tanto no dar a quien lo necesita como dar a quien no lo necesita es básicamente lo mismo. En el caso de las Colibecas-Computadoras, sucede exactamente lo mismo. Hay estudiantes, muchos, que ya tenían computadoras y que les entregaron otra, sin haber existido un previo registro de estudio de casos para ver quiénes sí las necesitaban y quiénes no. Como se trata de recursos públicos, esto es de dineros que provienen de los impuestos de los ciudadanos, es importante que estos recursos no se usen indiscriminadamente. Si bien es cierto que tener dos computadoras no daña a nadie porque, como en la máxima del derecho “lo que abunda no daña”, en este caso es una exepeción porque esos recursos podrían destinarse a apoyar a otras áreas en las cuales son urgentes, como por ejemplo la salud o la misma seguridad. Como he dicho al principio, la intención del gobierno del Estado es, sin duda, buena, pero es necesario que la parte operativa, esa que mueve la maquinaria, tenga los bujes bien calibrados para que aparte de ser buena sea efectiva y pertinente. Todavía es tiempo de hacer los ajustes respectivos para los programas futuros de asistencia social.