Tiempo fuera
Por Héctor Sánchez de la Madrid
Cerca de terminar 2002, el gobernador Fernando Moreno Peña nos invitó a cenar a Casa de Gobierno a mi hermano Manuel y a mi con el presidente nacional del PRI, Roberto Madrazo Pintado, sus colaboradores Felipe Solís Acero y Carlos Jiménez Macías, y los precandidatos priistas, Socorro Díaz, Héctor Michel, Humberto Silva, Jesús Orozco, Rogelio Rueda y Gustavo Vázquez.
En la cena, Roberto Madrazo me pidió mi opinión sobre el inminente proceso que llevaría a cabo el partido tricolor para elegir a quien lo representaría en el año 2003 en la contienda por la gubernatura, le contesté que prefería que mi consanguíneo externara primero su análisis y luego yo expondría el mío. Manuel como priista, expuso su criterio partidista, el cual lamentablemente no recuerdo.
Al concluir mi fraterno su comentario, fijé mi posición apartidista, comentando que en general las leyes en México eran imprecisas, que no definían con exactitud los pasos que se tenían que dar en el tema que fuere para que la autoridad, en sus distintos ámbitos, tomara la decisión de acuerdo a su criterio personal; lo mismo sucedía con los procesos priistas, al carecer de reglas claras sus estatutos.
Durante muchas décadas, desde 1929 —continué con mi exposición—, funcionó ese sistema, sin embargo, en los últimos años, precisamente por la falta de normas que regularan los métodos de selección, habían surgido innumerables inconformidades de los participantes al ser excluidos o por perder las nominaciones a las candidaturas que buscaban, a tal grado que se salían del partido echando pestes.
Por ello —añadí— les sugerí que fijaran reglas definidas para que quienes contendieran en el proceso interno de Colima supieran a lo que se metían y así no pudieran quejarse ni reclamar si perdían, siempre y cuando se respetaran los procedimientos estipulados y acordados por la y los participantes, el cual faltaba poco para que se llevara a cabo. Mi posición incomodó a los jerarcas y agradó a los aspirantes.
Nadie hizo algún comentario a lo que había planteado a pregunta expresa de Madrazo Pintado, durante la cena o en la sobremesa. Al despedirme de Felipe Solís y Carlos Jiménez, me felicitaron por mi análisis, reconociendo que tenía razón en mi exposición en cuanto a reglamentar los procesos de elección interna del partido, pues de no hacerlo aumentarían las fugas de militantes.
No me hicieron caso, no crearon las normas y el proceso interno fue un desbarajuste, Humberto, Rogelio, Socorro y Jesús se inconformaron ante el triunfo de Gustavo, hubo negociaciones con el primero y el segundo para que no se salieran del PRI, mientras que la tercera y el cuarto migraron al PRD, ella nominada a una diputación federal plurinominal y él como candidato a la gubernatura.
21 años después está pasando algo parecido con la dirigencia del PRI en el preámbulo de las postulaciones de Colima, ahora coaligado con el PAN y el PRD, particularmente con la figura priista activa más importante en el municipio donde está enclavada la capital del estado, la alcaldesa Margarita Moreno González, quien a su vez en las últimas semanas ha estado “deshojando la margarita”, esto es, si se queda o se va del PRI.
Su asistencia como única priista al informe del emecista gobernador Samuel García en Monterrey, el 28 de octubre, así como su políticamente inoportuna fotografía con un refresco de naranja, cuyo envase y venta estatal perteneció a sus antepasados Gómez Guerra, son señales de que no se siente cómoda en el PRI y pudiera irse a Movimiento Ciudadano.
Al no sentir Margarita el apoyo nacional y estatal de su partido, estableció relaciones con figuras de MC que encelaron al PRI, además de que el diputado federal, Riult Rivera Gutiérrez, no ha terminado de entender que el tricolor y la propia Moreno González llevan mano en la reelección de la alcaldesa, sin embargo, los dirigentes nacional y estatal priistas reaccionaron a tiempo y la buscaron para asegurarle la candidatura para su reelección. Falta el apoyo del PAN y PRD.
Hay referencias de que Margarita Moreno tiene interés en ser postulada a una senaduría, cargo electoral para el cual no tiene conocimientos ni experiencia y es completamente diferente a la Alcaldía de Colima que ya ganó y en la que ha tenido un excelente desempeño, de ahí la viabilidad de su reelección. La eventual salida de Moreno González colocaría al PRI, PAN y PRD en una situación complicada al perder a uno de sus principales activos políticos de cara a las elecciones del 24. Ojalá los directivos partidarios jueguen limpio y no repitan la negociación del 21 de la gubernatura y se entregue en el 24 la presidencia capitalina a Morena.
P.S. Sería un error estratégico que Margarita Moreno renunciara al PRI y con ello a perder su oportunidad de buscar su reelección, especialmente si aspira a contender por la gubernatura de Colima en 2027. La alcaldesa capitalina debería de comprender que en ningún otro espacio político podría crecer lo suficiente para enfrentarse a Morena en 4 años más.







