Por Héctor Sánchez de la Madrid

Cambiar lo que no servía, solamente

Desde el 1 de diciembre de 2018 los mexicanos vivimos en constante zozobra a partir de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, ya que un día sí y al siguiente también nos enteramos de alguna declaración o decisión suyas que literalmente nos paran los pelos de punta por lo contradictorias, imprudentes, ilegales, autoritarias e irrazonables que resultan. El entorno nacional, claro, está cada vez más descompuesto y enrarecido.

Tal parece que el Mandatario federal se propuso cambiar al país que nuestros ancestros empezaron a construir desde la independencia, pasando por las Leyes de Reforma, la Revolución y la Constitución que nos rige, movimientos sociales y políticos que nos fueron dando sentido, forma y rumbo hasta llegar a 2018 con la Cuarta Transformación que está obstinada en destruir los aciertos y logros que tuvieron sus antecesores, más aún que la corrupción y vicios que también crearon.

En 1929 el presidente Plutarco Elías Calles fundó el Partido Nacional Revolucionario; en 1938 el mandatario Lázaro Cárdenas del Rio cambió sus siglas a Partido de la Revolución Mexicana; y en 1946 el gobernante Manuel Ávila Camacho lo renovó como Partido Revolucionario Institucional, conservando el poder hasta 2000 cuando lo entregó al Partido Acción Nacional que lo mantuvo un sexenio más para regresarlo a los tricolores en 2012 que a su vez lo transfirió en 2018 a Morena, nadie sabe por cuanto tiempo más.

Durante 89 años prevaleció en nuestro país el mismo sistema político y económico bajo los regímenes priistas y panistas, el cual fue adquiriendo virtudes y vicios, bondades y maldades, que desde luego requería una revisión y una transición a fondo en la que conservara lo positivo y desechara lo negativo, que era bastante en ambos sentidos, pero por supuesto no tirar todo por la borda para empezar de nuevo o sustituirlo por un régimen que está probado que no sirve.

Me queda claro que la actual administración presidencial ha estado socavando los planes y programas desarrollados por los gobiernos anteriores para desaparecer o debilitar a los partidos políticos que los auspiciaron, sustituyéndolos por acciones y objetivos con tendencias socialistas no muy claras para no despertar reacciones en contra, tanto internas, con el sector empresarial, como externas, con nuestro vecino del norte, pero ahí está presente la intención política.

La reciente gira del presidente López Obrador por países de Centro América y el Caribe, tenía como objetivo principal mostrar a México como el hermano mayor latinoamericano, así lo refirió el mismo viajero (por cierto es un concepto acuñado durante la era priista), al igual que culminar el periplo en Cuba, el más viejo país socialista de esta parte del mundo, con el cual, obviamente, se iba a portar más generoso que con las otras naciones visitadas, por la identificación política e ideológica del tabasqueño.

Gran malestar ocasionó el compromiso contraído por el titular del Poder Ejecutivo federal de contratar a 500 médicos cubanos para cubrir la falta de profesionistas en materia de salud y las necesidades sanitarias de los habitantes de lugares alejados de la civilización, ya que según Andrés Manuel carecemos de suficientes galenos mexicanos y los que hay se niegan a trabajar en sitios aislados o inhóspitos, provocando la reacción fuerte de organizaciones de médicos que desmintieron al Presidente en uno y otro sentido.

Para acabarla de amolar, hay la versión confirmada de que la contratación de galenos cubanos es una forma empleada por el gobierno de Cuba para allegarse divisas de países afines a su ideología política y económica, quedándose con la mayor parte del dinero y entregando la menor a los profesionistas isleños. En 2020 México lo hizo al inicio de la pandemia. Por otra parte, se desconoce si los médicos van a presentar un examen académico para confirmar sus estudios y prácticas profesionales.

La obra insignia de la administración lopezobradorista “tiene tintes capitalistas”, como el Tren Turístico Transpeninsular y el Corrredor Transístmico para el Desarrollo Integral del Istmo de Tehuantepec, según la Consultora DBS, por su visión futurista y los beneficios que tendrá la iniciativa privada, al igual que sus programas sociales que solamente podrá realizarlos con proyectos empresariales que requieren la inversión de grandes capitales para, en consecuencia, aumentar la recaudación fiscal.

Cuba y Venezuela son naciones socialistas favoritas de Andrés Manuel, las cuales tienen sus economías por los suelos, a pesar de que el primero tiene más de seis décadas de seguir ese modelo y que el segundo está nadando prácticamente en petróleo. Por algo Rusia cambió el sistema socialista por el capitalista en 1990 al disolver la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas, dejando al garete a la hermosa isla del Caribe cuyos habitantes viven en la penuria, al igual que los venezolanos.

¿Por qué, entonces, en México se ha estado cambiando lo que sí funcionaba? Si algo estaba mal debería corregirse de inmediato o suprimirse si no tenía remedio, pero transformar lo que está bien en algo que no funciona adecuadamente es un disparate. El sistema político y económico que teníamos, se había agotado en muchos aspectos, habían proliferado innumerables vicios, estaba desfasado en incontables rubros, que desde luego era necesario erradicar y renovarse, requería ajustes, cierres, cortes, adaptaciones, innovaciones, limpiarlo de pies a cabeza, pero no echar a la basura lo que estaba bien.