Por César Barrera Vázquez
 
El mensaje de Indira
¿Cómo apelar a la unidad, cuando la gobernadora utiliza las mismas fórmulas que el presidente para polarizar y dividir a los mexicanos? Decir que la situación de inseguridad que padecemos se debe a los desastrosos gobiernos del pasado, es un subterfugio, una forma de evadir la responsabilidad y que, en una última instancia, deja mal parada a la gobernadora: ella formó parte del gobierno anterior.
 
¿Qué sentido tiene descalificar un gobierno de cual formó parte en los primeros años? En todo caso, mejor ni mencionarlo y destacar, como también se hizo, los puntos importantes de su mensaje, como el apoyo irrestricto del gobierno federal: 600 elementos de la guardia nacional, 300 elementos del ejército y 300 de la marina están realizando operativos en Colima.
 
La gobernadora debe centrarse en construir esa unidad, pero para hacerlo es necesario que deje de buscar culpables y se concentre en lograr soluciones. Decir que la violencia es culpa de los gobiernos anteriores, al tiempo de que se mantienen las mismas estrategias que la provocaron es, por decir lo menos, una incongruencia.
 
Indira Vizcaíno, en ese sentido, no puede voltear al pasado y buscar culpables, porque estas 26 muertes, en sólo seis días, ocurrieron durante su gobierno, en este momento, en este doloroso tiempo presente y no durante un gobierno corrupto o neoliberal, sino a tres meses de su gestión.
 
El planteamiento debería ser qué estamos haciendo nosotros, quienes gobernamos en este momento el estado, para resolver la inseguridad y la violencia que padecemos, en lugar de acudir a la gastada fórmula presidencial de culpar al pasado, en cuyos cuatro años el presidente no ha dado un solo resultado.
 
La ciudadanía quiere respuesta, soluciones; exige una coordinación eficiente entre los diferentes órdenes de gobierno, sin sesgos partidistas; sobre todo, queremos que la gobernadora asuma un liderazgo y apuntale una presencia fortalecida del gobierno, cuyo mensaje sea claro para recuperar la paz y tranquilidad de Colima.
 
La gobernadora no puede asumir que este aumento del 65 por ciento en la violencia delincuencial del estado, a comparación del mes de enero, se debe a los gobiernos de Fernando Moreno, Silverio Cavazos, Mario Anguiano o Nacho Peralta.
 
Y es que la respuesta a las problemáticas actuales no está en Fernando Moreno, Mario Anguiano o Nacho Peralta, sino en la gobernadora Indira Vizcaíno, quien tiene la actual responsabilidad y puede tomar las decisiones necesarias para un cambio de estrategia, presentar iniciativas o realizar los cambios que considere necesarios dentro de su gobierno.
 
Hasta el momento no hay ningún cambio ni rectificación en la estrategia de seguridad a nivel nacional: la militarización continúa, incluso aún más ahora con AMLO que durante los gobiernos neoliberales de Calderón y Peña. Por eso no entiendo por qué se culpa al pasado si se está haciendo exactamente lo mismo.
 
En fin. Ojalá que la gobernadora tome decisiones razonadas, con fundamento, escuchando a los expertos, pero sobre todo haciendo copartícipe a la ciudadanía organizada y también a los demás actores políticos, incluso a los de oposición. Se trata de hacer equipo. De ahí la importancia de que la gobernadora sepa llamar a la unidad.
 
Dos puntos
 
La experiencia nos dice que la Universidad de Colima siempre ha actuado con una total responsabilidad, sobre todo cuando está en riesgo la integridad de su alumnado y cuerpo docente. Fue así durante la pandemia, al inicio y en los momentos de mayor incertidumbre y que, con decisiones adecuadas, responsables se logró un seguro y gradual regreso a clases presenciales. Lo mismo sucede ahora, durante esta crisis de inseguridad: se han tomado decisiones con sustento. Por eso el rector anunció, la semana pasada, la suspensión de las clases y actividades académicas en los municipios de Colima, Villa de Álvarez, Coquimatlán, Cuauhtémoc y Comala. Las decisiones se toman conforme a coyunturas, circunstancias y siempre priorizando el bien mayor de los estudiantes, docentes y quienes integran la comunidad universitaria. Fue una decisión momentánea, pero no permanente. No olvidemos, por otro lado, que ha sido un reclamo, no sólo de la comunidad universitaria sino de la sociedad en general, que el gobierno –los tres niveles– garantice la seguridad de la población. ¿O la respuesta va ser ya no salir a las calles y estar enclaustrados? ¿La solución es que los negocios no abran, que las escuelas estén cerradas ante la creciente inseguridad? No podemos dejar que el miedo nos paralice y se debe presionar, desde la sociedad, para que el gobierno asuma su papel y garantice la seguridad de todas y todos. Volver a encerrarnos, perder nuestra libertad por el miedo a la inseguridad, es inadmisible.