En solfa
Por Héctor Sánchez de la Madrid

“Si grazna como un pato,
camina como un pato y se
comporta como un pato…
¡seguramente es un pato!”

Ha surgido una generalizada coincidencia de opiniones sobre las similitudes que hay en el ambiente político que se respira actualmente con el entorno político que se vivía en los meses previos al asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta, candidato del PRI a la presidencia de la República, en 1994. Todo comenzó el 28 de noviembre de 1993, con el “destape” del aspirante, y terminó el 23 de marzo de 1994, con su magnicidio.

Previo al anuncio de la postulación de Colosio se dio un intenso jaloneo entre los simpatizantes del malogrado sonorense y los prosélitos del entonces regente del Distrito Federal, Manuel Camacho Solís, también aspirante a la nominación priista al máximo cargo público en el país, situación que dejó correr el presidente Carlos Salinas de Gortari y que se agudizó a partir de la definición presidencial por Luis Donaldo.

Se vinieron en cascada un sinnúmero de sucesos que fueron enturbiando el espectro político y social en el país, como la renuncia de Camacho a la Regencia y su nombramiento como secretario de Relaciones Exteriores; la gira por oriente del Mandatario acompañado por el Canciller; el levantamiento armado del Frente Zapatista en Chiapas; y el nombramiento de Manuel como comisionado para la paz, entre otros.

Mientras tanto, el candidato oficial del PRI a la presidencia de la República se deslindaba del aún Mandatario criticando fuerte al régimen del cual había emergido. Arrancó su campaña en el poblado más pobre del país, en Huejutla, Hidalgo; al día siguiente “El Nacional”, periódico que sostenía la Secretaría de Gobernación, minimizó el acto y publicó de nota principal el nombramiento de Camacho como comisionado para la paz y la reconciliación en Chiapas.

El 27 de enero de 1994, el presidente Salinas, antes de salir a Davós, Suiza, al Foro Económico Mundial, se reunió en Los Pinos con su Gabinete, gobernadores, senadores, diputados federales y directivos nacionales del PRI para puntualizarles, con el cinismo que le caracterizaba, que: “No se hagan bolas; hay un solo candidato del partido, al que apoyamos todos y con él llegaremos al triunfo en las próximas elecciones”, cuando era él quien había descompuesto el clima político.

Febrero transcurrió en una calma chicha, hasta que el 6 de marzo en la explanada del Monumento a la Revolución, Luis Donaldo Colosio pronunció un hermoso discurso basado en la arenga de Martin Luther King, “I have a dream” (“Yo tengo un sueño”), ideado y dirigido por él mismo y escrito por Javier Treviño, Cesáreo Morales y Samuel Palma, que seguramente decidió su acribillamiento 17 días después en Lomas Taurinas, Tijuana, Baja California.

Lo anterior es historia. El futuro nadie lo sabe, pero por los acontecimientos recientes hay una gran similitud entre la participación del presidente Carlos Salinas que enturbió el ambiente político de 1994 y el protagonismo exacerbado del presidente López Obrador en el anticipado proceso electoral por la presidencia de la República de 2024 que ha viciado el entorno político atacando directamente a Xóchitl Gálvez, aspirante del Frente Amplio por México a la postulación presidencial.

El año 2023 pudiera ser el peor en la vida de Andrés Manuel, sus derrotas y yerros son innumerables, uno de los principales fue el de no acatar la resolución que lo obligaba a concederle el derecho de réplica a la senadora Xóchitl Gálvez Ruiz quien se había amparado por el señalamiento del presidente de que ella estaba en contra de los programas sociales, al rehusarse cometió un desacato y con ello la convirtió en la candidata natural e ideal a la presidencia de la República.

Cometió un grave error al no acatar el fallo judicial, pero más aún el continuar su campaña de odio, de difamación y calumnias en contra de Xóchitl, que de la noche a la mañana se transformó en la horma de su zapato, en el antídoto efectivo a los señalamientos groseros, vulgares y misóginos de López Obrador. Las ofensas vertidas por el presidente hacia la hoy puntera de quienes buscan la candidatura del FAPM no sólo le han hecho lo que el viento a Juárez sino que le ha ganado las diferencias con sus respuestas ágiles y simpáticas.

Sin embargo, esa campaña ilegal, bárbara y machista del mandatario de México en contra de la senadora Xóchitl Gálvez está alimentando la aversión, el rencor y la bajeza de sus fanáticos para que la ofendan, la agredan verbalmente y hasta le hagan daño físicamente, en pocas palabras que la asesine un chairo lopezobradorista de la 4T solamente para quedar bien con su ídolo, su mesías tropical, su dios maya-chontal. El caso Salinas-Colosio es muy distinto al asunto López-Gálvez, éste último es bastante peor.

El presidente tira la piedra y esconde la mano, lástima para él, lo vimos con claridad, las evidencias son muchas y más diáfanas que el agua, los videos y los audios grabados con su imagen y su voz son las pruebas documentales de que desde el 12 de junio ha estado intrigando, ofendiendo, difamando y calumniando a Xóchitl Gálvez por el hecho de haberle ganado un amparo, mismo que desacató, y también, sobre todo, por haberla convertido en la esperanza de México para ganar la elección presidencial del 2 de junio de 2024 y sacarlo de Palacio Nacional, incluidas sus corcholatas, el 1 de octubre de 2024.