PARACAÍDAS
Por Rogelio Guedea
Gobernadora Indira Vizcaíno, sí pero siempre no
Un hombre se levantó de una mesa contigua en el restaurante donde desayunaba y, con visible sospechosismo, vino para decirme que era mi lector y que le gustaría pedirme que escribiera sobre el “desastre de nuestro sistema de salud” de nuestra entidad. Le pregunté que con quién tenía el gusto de estar hablando y me dijo su nombre y su cargo directivo dentro del Hospital Regional Universitario (creo que ahora ya del Bienestar), pero me pidió anonimato. De veras le pido que no saque mi nombre, dijo, incluso nervioso. Pero todo es un desastre, hay desabasto, las máquinas no sirven, todo está mal, y la gobernadora ni sus luces, esas fueron sus palabras. Eso fue hace unos dos meses. Por una razón u otra, no escribí nada, pero dadas las circunstancias (tan claras y tan evidentes) es preciso decir que, en efecto, hay un desastre en el sistema de salud en Colima (y en el país) y viene desde el arranque del sexenio de López Obrador, agravándose cada día. La gobernadora emitió unas declaraciones desafortunadas cuando fue cuestionada sobre esta situación, prácticamente criminalizando y culpando al personal médico del hospital de esta crisis (incluso a uno de los directivos le balearon el coche en medio de esta refriega de dimes y diretes) y ayer o antier tuvo que desdecirse ante el tsunami de críticas que se le vinieron por parte del sector médico y de directivos, muchos de los cuales presentaron su renuncia. Esto me recordó a aquel médico más bien temeroso que se me acercó aquel día en el restaurante donde desayunaba, quien por cierto me dijo que podía mostrarme una a una todas las deficiencias si consentía una visita al hospital. Me dio su teléfono y le dije que lo llamaría. No ha sido necesario. Con la respuesta de los médicos agraviados derivada de la ofensiva gubernamental basta y sobra para corroborar que lo que está sucediendo con el tema de la salud en nuestra entidad no es grave sino espantoso y que más allá de instalar módulos de atención para servirnos mejor lo que se requiere es abastecer como se debe de medicamentos e insumos a los hospitales, apapachar al personal médico que se raja la vida aun cuando cuentan con lo mínimo indispensable para hacer su trabajo y ofrecer realmente un disculpa abierta (no sesgada) a uno de los sectores que parece ser que también es víctima de la espiral de violencia que vivimos. Es positivo que la gobernadora Indira Vizcaíno se haya retractado de su ofensiva, como también será positivo que de verdad ya se atienda esta problemática tal cual estuviéramos llegando a la sala de urgencias de cualquier hospital.
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Rogelio Guedea
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