Por César Barrera Vázquez
La estrategia del presidente
El presidenta López Obrador presenta una iniciativa de reforma constitucional en materia electoral que responde a las demandas de las y los ciudadanos, sí, pero de los años 60s, 70s, 80s y principios de los noventas, antes de que se creara el Instituto Federal Electoral (ahora Instituto Nacional Electoral).
Si la estrategia es dominar la agenda mediática y distraer a la opinión pública del incremento histórico de la inflación (sin parangón en más de 20 años), la creciente violencia (110 mil ejecutados en su gobierno), el aumento de la pobreza (4 millones de pobres nuevos) y de otros temas verdaderamente relevantes para las y los ciudadanos del 2022, al presidente le está saliendo de maravilla esta jugada.
Por otro lado, si el presidente realmente se preocupa por resolver estos problemas de inseguridad, inflación, pobreza y falta de empleo de calidad, entonces la estrategia no es la adecuada y la realidad lo demuestra con contundencia: las balaceras en Mazamitla y el asesinato de Ángel Yael Ignacio Rangel, estudiantes de Guanajuato asesinado a manos de un elemento de la Guardia Nacional.
Para no hablar de eso, al presidente le funciona muy bien mandar iniciativas indefendibles y que no serán aprobadas, en un momento en que solivianta los antagonismos de la oposición al acusarlos de traidores a la patria.
Pareciera que, al generar esta polarización, al presidente no le interesa lograr que esta reforma electoral se apruebe, sino explotar el discurso maniqueo y dualista de traidores y patriotas, que logró capitalizar cuando su reforma eléctrica no fue aprobada por las dos terceras partes de la cámara de diputados, y que tan efectivo resultó para distraer a la opinión pública, momentáneamente, de los grandes problemas que padecemos.
Lo anterior suena plausible, más cuando se considera que días después del sainete en la cámara de diputados, entre acusaciones de traidores y con los ánimos todavía caldeados, se presentó una ley inane, superflua en términos jurídicos, para que el litio sólo pudiera explotarse por el estado mexicano. Es decir, más humo para no hablar de la violencia y la crisis inflacionaria.
¿Realmente son importantes estas iniciativas y leyes aprobadas en un momento en que la inflación crece a un porcentaje histórico, que la violencia en México se mantiene en niveles sin parangón desde que se contabilizan las ejecuciones (un promedio de 98 asesinatos al día), cuando la pobreza creció en 4 millones?
A ver si entiendo: el presidente presenta una iniciativa de reforma electoral, que a nadie urge, en un momento en que la economía no crece (estamos prácticamente en recesión desde el 2019), la inflación está casi al 8 por ciento, lo que no pasaba en más de 20 años; cuando nos encontramos, a penas, con el nivel de ocupación laboral que se tenía en el 2020. Es decir, hay un rezago de generación de empleo de dos años y, lamentablemente, el que se está creando está dentro de la economía informal; es un empleo precario que no cuenta con seguridad social y las prestaciones que por ley debe tener un trabajador. Cuando padecemos todo esto, el presidente se le ocurre desaparecer el INE.
¿Cortina de humo o una propuesta genuina para fortalecer nuestra democracia y que ya no haya fraudes electorales, lo que tanto se vio en los tiempos del viejo PRI?
¿Es para fortalecer nuestra democracia o para distraer de los resultados de la encuesta de ocupación y empleo del INEGI que informa que un millón de personas pasaron al empleo informal, una cifra 10 veces superior a lo registrado en febrero de este año?
La inseguridad está peor, la economía está peor, el empleo es cada vez más precario, no ajusta con lo que se gana para lo básico, lo elemental, como es la compra del mercado; considerando todo esto, ¿no sería mejor que el presidente presentara iniciativas para paliar estos males o mejorar estos temas?
Digo: que la prioridad fuera abatir la inflación, generar condiciones propicias para la generación de empleo formal y de calidad, fortalecer las políticas públicas en materia de seguridad, sin la necesidad de militarizar al país.
¿Por qué si estos son son temas que realmente le importan al mexicano y que impactan en su bienestar, el presidente no los prioriza en su agenda legislativa?
Dos puntos
Una felicitación y fuerte abrazo al doctor Emilio Prieto Díaz por su nuevo nombramiento como director de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colima, un logro que más que coronan una vida exitosa en la salud pública y también en la docencia. Enhorabuena.







