Por César Barrera Vázquez

Lo que se esconde atrás de la popularidad del presidente 
Si la popularidad del presidente es un indicador que determina el buen rumbo del país, luego todos los males del pasado –violencia, corrupción, inseguridad, pobreza, inflación—tendrían que revertirse.
Cuestionémonos, entonces, ¿estos problemas han empeorado o se han revertido? ¿La economía crece o sigue sin recuperarse a los niveles del 2018? ¿La violencia se mantiene en los más altos índices de asesinatos (110 mil en lo que va de su gobierno) o se pacificó México? ¿El dinero nos alcanza para llegar a fin de quincena, nos rinde más o menos?
El presidente tiene un nivel de popularidad del casi 59% de aprobación. Recuperó en 8 días lo que perdió por el bochornoso escándalo de la casa gris de su hijo José Ramón López Beltrán. En ese lapso, ¿vivimos mejor en México y el nivel de bienestar incrementó proporcionalmente a la popularidad del presidente?
Considerando que el presidente tiene una gran popularidad y que los índices de aprobación son altos, ¿la violencia ya no impera en gran parte del país y los hospitales tienen medicamentos, sobre todo para niños con cáncer?
Una pregunta: de acuerdo a datos de la Fiscalía General del Estado, en Colima asesinaron a 50 en enero, 68 en febrero y 66 en marzo, más los que se han agregado en estas fechas a partir del miércoles de la semana pasada, ¿podríamos afirmar que la estrategia del presidente es exitosa?
¿Ya se recuperó la economía de la caída histórico de un 8% durante la pandemia y se crece por arriba de los niveles mediocres de los gobiernos neoliberales?
¿Ya disminuyó la pobreza en México y se revirtieron los 8.9 a 9.8 millones de personas con ingreso inferior a la Línea de Pobreza por Ingresos, y entre 6.1 a 10.7 millones de personas con ingreso bajo la Línea de Pobreza Extrema? Son datos del Coneval, del mismo gobierno.
¿Seguimos manteniendo el quinto lugar mundial en muertes por Covid-19 con más de 322 mil fallecimientos por esta enfermedad? ¿Podríamos afirmar que fue un buen manejo de la pandemia cuando se esperaba, en el escenario más catastrófico, 60 mil muertes?
Luego, si la popularidad de un presidente está afianzada en los buenos resultados de un gobierno, ¿cómo entender la alta popularidad con estos nefastos resultados en la pandemia, en la economía, en la inseguridad, en la violencia?
Entonces, se puede ser popular y tener malos resultados. De ahí que tengamos un presidente que es popular y hasta ahí. Considerando esto, puede que haya presidentes impopulares cuyos gobiernos fueron mejores en generar empleo, contener la violencia, disminuir la pobreza y otros rubros que impactan el bienestar de la población. Pero eso no importa en términos de popularidad.
Ante esto, hay dos formas de pensar: si nos basamos en las encuestas de popularidad del presidente, vivimos en uno de los mejores lugares del mundo; si evaluamos los indicadores del INEGI, CONEVAL, entre otras estadísticas, entonces hay mucho por hacer y debería rectificarse la estrategia y las políticas públicas.
Dos puntos 
El anuncio de la gobernadora Indira Vizcaíno de un vocero para temas de seguridad puede ser un acierto o un error, todo dependerá de la aptitud y disponibilidad de quien fungirá en la vocería. Si está ahí para facilitar el trabajo periodístico de información, enhorabuena; si por el contrario, es un pretexto para que la gobernadora no dé entrevistas sobre este tema, entonces estaríamos ante un terrible retroceso.