En solfa
Por Héctor Sánchez de la Madrid

A raíz del escándalo que suscitó el escritor, periodista y académico, Guillermo Sheridan Prieto, al dar a conocer el plagio cometido por la ministra Yasmín Esquivel Mossa en la elaboración de su tesis de licenciatura en Derecho de la UNAM, el periódico español El País descubrió un segundo plagio de la Ministra en su tesis doctoral de la Universidad Anáhuac. En el primer caso está pendiente la sanción, en el segundo no está contemplada.

El tema se remonta a agosto de 2016 cuando Aristegui Noticias reveló que el entonces presidente Enrique Peña Nieto plagió en 1991 su tesis para recibirse como licenciado en Derecho por la Universidad Panamericana. En la investigación periodística se corrobora que al menos 197 párrafos de 682 fueron plagiados por Peña Nieto, o sea, el 28.8 por ciento del estudio fue robado de obras de otros autores, uno de ellos Miguel de la Madrid Hurtado.

Un caso que no está relacionado con los plagios pero sí con la política y la función pública es la carrera profesional del actual presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ingresó en 1973 en la UNAM para estudiar la licenciatura de Ciencias Políticas y Administración Pública, misma que terminó a duras penas en 1977 con promedio de 7.8, reprobando 14 materias, algunas en más de una ocasión. Transcurrieron 14 años para que López Obrador se titulara.

En mayo de 2022 Andrés Manuel señaló: “Habían acordado darme mención honorífica por la tesis y en eso ven mi antecedente y no tenía yo de promedio ocho, sino 7.8, porque fue muy difícil para mí estudiar, 7.8; entonces no se puede presentar o no se puede dar mención honorífica sino es arriba de ocho”. Quizás por su paso complicado por la UNAM es que le tiene fobia a la máxima casa de estudios en el país y en general a la educación, sea básica o universitaria.

El periodista Marco Levario, director de la revista Etcétera, señaló que el trabajo de la aspirante presidencial por el Frente Amplio por México, Xóchitl Gálvez Ruiz, presentado ante la UNAM para recibirse como Ingeniera en Computación contiene “abundantes plagios y mala citación”. La senadora hidalguense explicó que “no escribí una tesis, sino un proyecto de experiencia profesional”. Sostuvo que “si la falta es suficiente para anular mi título acataré la decisión de mi querida UNAM y volveré a presentar un nuevo trabajo para titularme”.

Por su parte, Claudia Sheinbaum Pardo, candidata virtual a la presidencia de México por Morena, PT y PVEM, fue señalada también de plagiar su tesis de licenciatura en la UNAM por el propio Guillermo Sheridan en el portal Latinus de Carlos Loret de Mola, al apropiarse del trabajo realizado por Samuel F. Baldwin en el idioma inglés sin citar la fuente en la traducción, a lo que Sheinbaum respondió molesta que la referencia se encuentra en el pie de página, argumentando que no hay muchas formas de explicar un proceso fisicoquímico. Sin aludir a la UNAM, Claudia recomienda ver la mañanera del 21 de agosto de 2023.

Sheridan Prieto sostiene que las dos profesionistas plagiaron sus estudios para titularse y tiene razón, tan mal una como la otra —al igual que Peña Nieto; el caso de López Obrador es por deficiente para estudiar (él lo acepta) y por negligente—, la diferencia es que Xóchitl lo reconoce ante el mismo Levario Turcott y está dispuesta a presentar otro proyecto ante su querida UNAM para titularse, mientras que Claudia se enoja y la agarra contra el mensajero (Sheridan), remitiendo a los interesados a la mañera para, según ella, me imagino, convencer que no plagió. El mismo error, sin embargo, las reacciones fueron muy diferentes.

Lo que sucedió con el secretario de Educación Fausto Alzati durante el mandato presidencial de Ernesto Zedillo, es conveniente traerlo a colación ya que cuando desempeñaba el importante cargo público se descubrió que el Doctorado en Ciencias Políticas de la Universidad de Harvard que ostentaba el guanajuatense no era cierto porque no se había titulado, si bien era verdad que había cursado los estudios. Después del descaro tuvo que renunciar, o lo renunciaron que es lo más seguro, titulándose luego del desaguisado.

Es injusto generalizar porque en ocasiones terminan pagando justos por pecadores, pero los ejemplos anteriores podrían servirnos para formar una idea bastante cercana a la realidad de lo que sucede entre muchos estudiantes universitarios que trampean las tesis o los proyectos de experiencia personal, lo cual es incorrecto, más aún si el asesor o guía de tesis fue avalado por la institución académica, ya que entonces tendría que haber estado de acuerdo y por tanto sería cómplice del plagio. En los casos de Xóchitl y Claudia, la UNAM avaló el robo de ideas.

Yasmín Esquivel pasará a la historia no solamente como plagiaria comprobada sino como la ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que llegó al cargo gracias a su matrimonio con José María Riobóo, contratista favorito del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien la apoyó para tal fin y de no ser por la denuncia de Guillermo Sheridan, actualmente sería la presidenta del Poder Judicial, sino porque en lugar de someterse a los lineamientos jurídicos de la UNAM aplicados por el Comité de Ética se amparó para que este último no diera a conocer el dictamen que seguramente confirmará el plagio de la aún Ministra.

Es grave lo que ha ocurrido y ocurre en el país con nuestras más altas autoridades o de quienes aspiran a serlo el año próximo. Es positivo que Aristegui, Sheridan y Levario nos hayan proporcionado los antecedentes universitarios de quienes nos gobernaron, gobiernan y gobernarán, así como las pruebas de que ellos y ellas hicieron trampas en sus estudios o fueron burros para estudiar. Por ello, defendamos con todos nuestros valores, comenzando con la libertad de expresión, pues gracias a ella podemos conocer las virtudes y defectos de quienes están al frente de los Poderes del Estado y las instituciones públicas; también de quienes aspiran a relevarlos.