Por Esteban Cortés Rojas

= Una pachanga en Casa de Gobierno = ¿Cuál es el mensaje? = El recinto de la frivolidad… = Viridiana se suma a AMLO

La pachanga que a todo mecate se efectuó el viernes 18 en Casa de Gobierno tiene dos interpretaciones: una, la enorme insensibilidad de la gobernadora Indira Vizcaíno que no le importa, en plena temporada de asesinatos, ponerse alegre y hacer una fiesta rumbosa, con un conjunto musical ensordecedor que le metió decibeles al ambiente sin ningún respeto. La otra interpretación que le podemos dar es que con ese ruidoso fandango se quiso enviar el mensaje de que en «nuestra» Colima no pasa nada, ¿cuál problema?, ¿cuáles mantas amenazantes?, ¿cuáles muertos?, ¿cuáles balazos?, ¿cuáles mezcaleros?, ¿cuál vaca?, ¿cuáles ejecutados?

Pero la verdad es que en «nuestra» Colima sí está pasando algo muy gordo que ha generado una ola de crímenes desde hace años y se ha recrudecido en estas últimas semanas hasta horrorizar a medio mundo y que, lejos de amainar, no ha cesado, pues este lunes 21 se recogieron dos muertos y un herido de la colonia Gustavo Vázquez y, júrelo, así como no son los primeros tampoco serán los últimos.

Vecinos y transeúntes se dieron cuenta, en las primeras horas de la noche del viernes 18, que había una gran concentración de vehículos en Casa de Gobierno. Inicialmente se pensó en una reunión del gabinete de «seguridad» para tratar el tema de las ensangrentadas calles de «nuestra» Colima; pero poco después se develó el misterio del «gentío» en la residencia oficial al escucharse la música estridente que indicaba el ánimo con que disfrutaban los contertulios. Una ciudadana pudo grabar con su celular desde la Calzada Galván las notas de la canción Cielo Rojo que parecía hacer alusión a los tiempos que vive «nuestra» Colima.

¿Cuántos ejecutados van desde aquella masacre de nueve en el Cereso? Muchos. ¿Cuántos faltan? Quién sabe, pero ojalá y no se hagan realidad las amenazas a funcionarios, incluida la gobernadora. ¿Cuántos maleantes han detenido las autoridades locales y federales que se dejaron venir en la primera semana de balazos? Van varias decenas, según informan las autoridades, pero nadie cree que se trate de los perpetradores de tantos asesinados -ya lo habrían cantado a todo pulmón-, y más bien parece que se trata de raterillos y vendedores de droga, de esos que ni se esconden.

Un día después de la pachanga en Casa de Gobierno se tuvo a bien informar que se trató de la presentación de un libro de cocina -sí, ¡un libro de cocina! -, de un afamado chef y a la entrega de reconocimientos a varias mujeres cocineras. Por ridículo que parezca ese fue el motivo del jolgorio en la residencia oficial, ¡la presentación de un libro!, un evento que, dada su intrascendencia, pudo posponerse para mejores tiempos o, de haber resultado impostergable por no sabemos qué razones, efectuarlo en otro escenario y en otro horario más acordes al tipo de evento.

En fin. Parece que entre tanto mal momento en «nuestra Colima, se encontró pretexto para darle una oportunidad a lo que es el sello de la casa: la frivolidad del antro en que parece convertida la Casa de Gobierno.

MESON.- La diputada Viridiana Valencia Vargas, coordinadora de la bancada de Morena en el congreso local, se permitió decir que en Colima «hay algunos medios de comunicación chayoteros que si no les pagan comienzan a tirar a alguien en específico». La agresión al gremio ocurrió cuando diputados del PRI, PAN y PVEM exhortaron a la gobernadora Indira Vizcaíno a que atienda la violencia criminal del Estado en vez de sumarse a la indefendible causa de apoyar al presidente López Obrador y su hijo José Ramón. Al no tener argumentos contra esa propuesta, la diputada se quitó el bozal y rebuznó. La verdad no habría de qué preocuparse, pero resulta que esta tonta de capirote se quiere sumar al linchamiento de su patrón el presidente López quien a diario agrede a periodistas descalificando su trabajo solo porque lo critican y opinan contrario a su credo. Por eso, es de suponer, muchos periodistas y han sido asesinados en el país, pues si el presidente los señala, otro pendejo jala del gatillo. Por ello mi más enérgica protesta al dicho de esta inútil diputada. Si hay chayoteros que los denuncie por su nombre {} Por cierto, esta diputada es la que, como si el H. Congreso del Estado fuese una sala de lactancia, se lleva a su hijo «de brazos» a las sesiones, cual si no tuviera quien se lo cuide allí mismo en un lugar apropiado (¿o le pesará pagar?). ¿O será que es una damnificada porque su adorado presidente suprimió las guarderías? ¡Arrieros somos!