En solfa
Por Héctor Sánchez de la Madrid

“Cada pueblo o nación tiene
el gobierno que se merece”.
Joseph de Maistre (1753-1821)

Es bastante grave lo que sucedió en las elecciones del Estado de México y más aún porque podría replicarse el año próximo en otras entidades y la propia República. Lo delicado no es que haya perdido la coalición opositora y obviamente ganado el partido oficial y su fauna de acompañamiento, sino por quién se alzó con la victoria en uno de los territorios más ricos del país y con la mayor cantidad de votos que se puede aportar en una elección.

Me refiero a la profesora Delfina Gómez Álvarez quien ostenta una licenciatura en la Universidad Pedagógica Nacional, de la que no presentó tesis, más dos maestrías, la primera en el Tecnológico de Monterrey con una tesis plagiada, la segunda en el Centro de Estudios Superiores en Educación donde no existe prueba alguna de que haya cursado tal grado, según la revista “etcétera”. Eso para empezar, pero sigamos.

El 26 de abril de 2017, Delfina Gómez, siendo diputada federal le confesó a Carmen Aristegui que cuando fue alcaldesa de Texcoco (2013-2015) le retuvo el 10% de sus salarios a 550 trabajadores del municipio y el DIF respectivo por la suma de 10.8 millones de pesos, de los cuales 2 millones 264 mil 612 pesos fueron utilizados para la formación y operación ordinaria de Morena; del resto no se especificó. El INE sancionó en 2022 a Morena por 4 millones 529 mil 225 pesos por retener “voluntariamente” los salarios de los trabajadores de Texcoco y el DIF municipal para la campaña de Delfina a diputada federal en 2015.

Fungiendo como secretaria de Educación Pública, de febrero de 2021 a septiembre de 2022, la Auditoría Superior de la Federación le hizo observaciones a la dependencia federal a su cargo sobre 1,073.2 millones de pesos, de los cuales aclaró 242.4 millones de pesos, faltando 830.7 millones de pesos de comprobar. En plena campaña electoral por la gubernatura del EdoMex el presidente Andrés Manuel López Obrador salió en su defensa aduciendo que “la maestra Delfina es una mujer honesta que tiene toda mi confianza, toda. Es una mujer incapaz de robarse un centavo, nada que ver con los políticos de viejo cuño”.

A lo anterior, que son los antecedentes de la profesora Delfina, le sumo el apoyo constante, permanente del mandatario federal en las conferencias mañaneras y en cuanta oportunidad tenía de hacer declaraciones ante los medios de comunicación, para ponderarla, defenderla, atacando a quienes la denunciaban por sus múltiples acciones ilícitas, contraviniendo las disposiciones electorales que la ley respectiva ordena.

Por si fuera poco contó con la participación de las cuatro “corcholatas” de Morena que aspiran a recibir la candidatura presidencial del dueño del partido que, igualmente violando las normas electorales e inclusive desobedeciendo la recomendación de la presidenta del INE, Guadalupe Taddei, de abstenerse de hacer proselitismo personal, intervinieron abiertamente en sus respectivos actos de campaña en el EdoMex.

Por último, agrego el acarreo de personas provenientes de otros estados para comprar votos, incluidos un ex alcalde de Cuautitlán Izcalli y el presidente de Chucándiro, Michoacán, y otras cuatro personas más que fueron detenidos por coaccionar el voto a favor de la candidata de Morena. Todos traían dinero en efectivo y propaganda de Delfina. El edil michoacano portaba un arma y un cuchillo. ¿Cuántos más se escaparon?

En una contienda electoral se gana y se pierde, sin embargo, lo que molesta y preocupa es por qué el presidente López Obrador escogió hace seis años a Delfina Gómez como candidata de Morena a la gubernatura del Estado de México si ya sabía de sus limitaciones personales y sus antecedentes académicos y administrativos en Texcoco. Por qué después de perder y de su desastroso papel en la SEP volvió a postularla para el importante cargo y le echó todos los kilos hasta hacerla ganar. ¿Por qué, no lo entiendo?

Tenía razón el político tabasqueño cuando era opositor y decía que muchas de las políticas del PRI y del PAN estaban mal, que el sistema priista fundado en 1929 y al cual perteneció durante 13 años aproximadamente se había agotado y necesitaba cambiarse, renovarse, actualizarse, y una de esas prácticas tricolores era precisamente el nombramiento de amigos y colaboradores a puestos públicos sin ser los idóneos, exactamente lo mismo corresponde para muchas de las y los candidatos a los distintos cargos de elección.

Algunas acciones del régimen lopezobradorista son acertadas, como desaparecer organismos gubernamentales que no servían o que duplicaban las funciones de otras oficinas, por poner un ejemplo, pero fue un error desaparecer a institutos y programas que funcionaban y solucionaban los problemas, las necesidades de las familias, de las mujeres o de los hombres. Bajar los sueldos es una buena dispocisión pero para qué hacerlo a la brava, como si los servidores públicos se hubieran asignado el salario que devengan.

En un año más tendremos a una o un presidente de la República electo, nadie sabe quien será ni lo que va a pasar de aquí a entonces, lo que si es verdad es la necesidad imperiosa de que Andrés Manuel López Obrador recupere las propuestas que dio a conocer hace alrededor de 35 años y las ponga en práctica. La salida de un político es lo más difícil de su encomienda, ya que al terminar no podrá cambiar lo que hizo, su obra, buena o mala será para siempre su legado histórico. Ya basta de imposiciones como la del domingo señor presidente, seleccione con responsabilidad a quien podría sucederlo, por el bien de México y de usted.