En solfa
Hoy en día respiramos un aire envenenado
por el discurso lleno de odio, de separación,
de enfrentamiento, repetido una y mil veces
por quien debería hacer lo contrario, esto es,
unir, entrelazar, armonizar los objetivos, los
sentimientos e inteligencias de los mexicanos.
Héctor Sánchez de la Madrid
Es imposible dejar de hablar o escribir en México sobre el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien no lo hace es porque le importa un bledo el país, su familia y la persona misma, o porque tiene intereses ilegales o ilegítimos que le impiden comentar lo que la mayoría de mexicanos platicamos en casa, en el trabajo o en el café. Que hablen bien o mal, pero que externen su opinión, ¡carajo!, no puede ser.
Resulta cansado, enfadoso, desgastante, referirnos a lo que expresa diariamente el mandatario federal, sin embargo, dada la importancia que tiene su cargo, no su persona, es imprescindible escucharlo o leerlo, para medir sus palabras y adelantar los propósitos, casi siempre aviesos, que propone y persigue. Cuán irresponsables son las y los mexicanos adultos y jóvenes que viven en las nubes, que no se quejen después.
Es increíble que durante ya más de 4 años al frente del Poder Ejecutivo, López Obrador se haya dedicado solamente a denostar, a calumniar, a difamar a sus detractores y a quienes difieren de sus acciones e ideas, en lugar de buscar y encontrar los consensos, de crecer y fortalecer los avances que habíamos construido entre todas y todos durante décadas enteras, pero él se esmeró en destruirlos a cambio de nada, por puro capricho.
Andrés Manuel se escuda, se esconde en el pueblo que se hartó de los malos gobiernos que le precedieron y confió en sus promesas votando por un cambio en las políticas públicas, el cual, en efecto, lo está logrando con su Cuarta Transformación, pero para mal, pues es bastante peor que lo anteriormente realizado. No cuenta con ningún acierto completo, los pocos que tiene en su haber están plagados de errores legales.
Sus programas asistenciales ayudan a sobrevivir a los ancianos, a las madres solteras y a los jóvenes que no estudian ni trabajan, pero son paliativos que no los sacan de la pobreza extrema que padecen ni los enseñan a trabajar (a los primeros no), a producir para alcanzar una autonomía e independencia propias que les permita mejorar y elevar su nivel de vida de forma sólida y progresiva, sino que los vuelve dependientes, cautivos.
Lejos está de cumplir con sus compromisos de campaña sobre desterrar la corrupción al solapar las pillerías que tanto mencionó y repitió en el pasado sin probar ni castigar a uno solo de esos saqueadores del erario. La mafia del poder que tanto atacó, es la misma que ahora lo apoya y a la que le entrega contratos jugosos, además del nuevo grupo de millonarios que ha surgido a la sombra del gobierno, igual que en el pasado.
Abusando del pueblo bueno y sabio que lo eligió, miente flagrantemente al sostener que fue éste quien le solicitó las obras faraónicas que lo marcarán en la historia de México por el fracaso anticipado y anunciado desde antes que las iniciara, como son el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, la Refinería de Dos Bocas y el Tren Maya. Ninguna de las tres se las solicitó mexicano alguno, son ocurrencias de su mente enferma.
La última falacia, si es que hoy no sale con otra, es la de destruir el INE porque el pueblo se lo pidió, cuando ello no es verdad y el objetivo perverso que busca es regresar al pasado cuando el gobierno federal era juez y parte y organizaba las elecciones, lo cual en un principio fue una necesidad y después se convirtió en un vicio al que nunca debemos volver. Por eso el pueblo bueno y sabio, además de libre y justo, salió a las calles a defender al INE.
¿Por qué pretende desaparecer a la máxima autoridad electoral en el país y a sus similares en los estados? La respuesta es sencilla: porque de esa forma, regresaría el manejo de los comicios a la Secretaría de Gobernación, quizás para el año próximo en el Estado de México y Coahuila, pero sobre todo para las elecciones presidenciales de 2024, mismas que no tiene seguras y puede perder en las urnas si el pueblo bueno y sabio despierta y vota en su contra.
Jamás en la historia de nuestra nación un presidente de la República había ordenado a los diputados federales afines a su régimen (Morena, PT y PVEM) que aprobaran en la madrugada sin leer más de 300 hojas de su iniciativa que intenta deformar la ley secundaria del INE, luego de abortar en la Cámara Baja la tentativa de reforma a la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos para quitarle fuerza y prerrogativas a la principal autoridad electoral en el país.
Después de que se aprobara antier en comisiones del Senado el considerado Plan B del mandatario federal, para asestar un golpe mortal al INE, con el voto cautivo, sumiso y vergonzante de los senadores de Morena, PT y PVEM, hoy pasará al pleno donde se verá de qué esta hecho el senador Ricardo Monreal Ávila, coordinador de la bancada guinda y presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara Alta, aspirante a la candidatura de Morena a la presidencia de la República. Hoy se sabrá si es íntegro o una marioneta más que ni siquiera llega a “corcholata”.







