En Solfa
Por Héctor Sánchez de la Madrid
Por primera vez en 18 años, el próximo 2024, no estará el nombre de Andrés Manuel López Obrador en la boleta de la elección del presidente de la República para el periodo 2024/2030, lo cual definitivamente será una desventaja para Morena (el partido en el poder) y aliados, en consecuencia, un beneficio para la coalición de abanderamientos opositores, PAN, PRI y PRD, al régimen. Del MC ni hablemos.
Hay versiones al respecto, en el sentido de que el político tabasqueño podría separarse del máximo cargo público de la nación para incorporarse a la campaña presidencial (en marzo siguiente) de quien “su dedito” escoja, supuestamente el siguiente 6 de septiembre, con el claro objetivo de fortalecer al o la para entonces candidata del instituto partidista de color guinda en la contienda electoral que se definirá el 2 de junio del 24.
Considero que lo anterior no sucederá, principalmente porque López Obrador no creo que decida perderse ni un segundo del tiempo que le queda a su mandato constitucional, así sea para apoyar a quien designe como posible sucesora o heredero. Además, ¿para qué dejaría el puesto público si desde las mañaneras de Palacio Nacional va a seguir interviniendo en el proceso electoral con la aquiescencia del INE?
A pesar de las bravuconadas de Andrés Manuel, de los 6 aspirantes a sustituirlo, así como del dirigente nacional guinda de que traen la elección presidencial en la bolsa, lo cierto es que quien resulte postulado por la alianza Juntos Haremos Historia no la trae nada fácil, partiendo de que sus prosélitos están acostumbrados a la personalidad de López Obrador, no a cualquiera de quienes aspiran a sucederlo en el cargo.
Las y los morenistas no existen, son en realidad lopezobradoristas, porque creen los discursos, las baladronadas y les gustan las poses, los gestos del mesías tropical; porque estiman que los apoyos recibidos se los regala el presidente y no el gobierno federal; porque están ciegos por Andrés Manuel, reconozcámoslo, los chairos son incapaces de ver la triste realidad que sufre el país ni el destino aciago al que nos lleva.
Esa circunstancia política, que es la base del régimen federal y de Morena, será la gran debilidad para quien resulte nominado la o el candidato guinda a la presidencia de la República; en contraparte, ese factor se convertirá en la enorme fortaleza de la o el postulante del Frente Amplio por México, quien no tendrá esa carga y podrá hacer su campaña aprovechando el vacío político que dejará López Obrador.
En los 9 días transcurridos, hoy será el décimo, de las campañas de los coordinadores de los Comités de Defensa de la Cuarta Transformación, ha sido notoria la diferencia de la oratoria de Andrés Manuel con la de los participantes de la alianza oficial, no porque la primera sea mejor sino porque los chairos están acostumbrados a la desagradable voz destemplada y a la pésima dicción del tabasqueño que se come letras.
Tampoco hemos oído o leído alguna crítica (ni siquiera ligera) al gobierno lopezobradorista, de quienes aspiran a sucederlo desde el interior de Morena y su igualmente desprestigiada fauna de acompañamiento, lo cual hace y hará insípidas y desabridas sus intervenciones. De ello debería tomar nota la o el abanderado de la oposición que debería de seguir los pasos de López Obrador como el feroz candidato de oposición que fue.
No se trata de que quien represente a las fuerzas partidistas y ciudadanas copie el estilo grosero, corriente y mentiroso que empleó en sus campañas el eterno postulante presidencial (sigue igual) sino de que haga lo mismo que él en el sentido de señalar y remarcar en sus discursos y declaraciones los errores, saqueos, contubernios, falacias, omisiones, conflictos de interés y violaciones a la Constitución cometidos en su gobierno.
Por eso es mejor que la o el candidato del Frente Amplio por México no pertenezca a ninguno de los partidos políticos y menos tenga una carrera larga en cualquiera de los tres abanderamientos, especialmente del PRI, para que carezca de nexos con el pasado de los abanderamientos y tenga libertad para reconocer y hasta de señalar lo negativo de los mismos, haciendo el compromiso de que en el futuro no volverán a ocurrir.
Aplaudamos la formación del Frente Amplio por México que integra a institutos partidarios (PAN, PRI y PRD) y a diversas organizaciones ciudadanas, al igual que la creación del método democrático para elegir a su postulante. Desde luego que el procedimiento es perfectible, lo cual espero que no tengan dudas en corregir, ya que es uno de los atavismos que deben desterrar para siempre. Vamos por el buen camino, la mejor prueba de ello es que la creación del Frente Amplio por México les ardió al presidente López Obrador, a sus 6 títeres y al impresentable dirigente de Morena.







