++Estudiantes y docentes de los 18 grupos del plantel participaron en un taller para reconocer lo que sienten, comprender sus causas y pensar cómo responder ante situaciones cotidianas.
La presión de los amigos, las discusiones en casa, el uso de redes sociales y las dificultades para organizar el tiempo pueden despertar emociones que las y los jóvenes no siempre saben cómo expresar. Estas situaciones fueron el punto de partida de un taller realizado en el Bachillerato 8 de la Universidad de Colima, en Manzanillo, para reflexionar sobre cómo afrontar lo que sienten y cuidar su relación con otras personas.
El taller “El ABC de las emociones: Mi emoción tiene un mensaje”, realizado el 5 de octubre, reunió a estudiantes y docentes de los 18 grupos del plantel. Durante sesiones de 50 minutos, trabajaron con una idea central: las emociones aportan información sobre lo que vivimos; reconocerlas y comprender qué las provoca puede ayudar a elegir cómo actuar.

La propuesta llevó esa reflexión a experiencias cercanas al entorno juvenil. En equipos de aproximadamente diez integrantes, las y los participantes analizaron una situación cotidiana e identificaron las emociones que podría generar, sus posibles causas y las señales físicas o los pensamientos que podrían acompañarlas.
El ejercicio también les pidió proponer tres acciones saludables para responder ante cada situación. Así, el trabajo pasó de nombrar una emoción a pensar qué hacer con ella, mediante un mapa mental elaborado con dibujos, frases y recortes.

Uno de los puntos del taller fue completar la frase “Lo primero que puedo hacer es…”, con la que cada estudiante definió una respuesta inicial ante la situación analizada. La intención fue vincular lo aprendido con una decisión concreta que pudiera aplicar en su vida cotidiana.
Como parte de la jornada, estudiantes y docentes realizaron una pausa de respiración guiada, presentada como un recurso para afrontar momentos de tensión. Después, los equipos compartieron sus conclusiones frente al grupo y reflexionaron sobre cómo sus respuestas pueden influir tanto en su propio bienestar como en el de quienes les rodean.

Los trabajos quedaron expuestos en el “Tendedero del ABC de las emociones”, instalado entre los edificios E y F del bachillerato. El espacio reunió las propuestas de las y los jóvenes como un recordatorio de las alternativas que identificaron para responder a situaciones de presión, conflicto o estrés.
Esta actividad, que forma parte de una estrategia nacional de atención a la salud mental, propuso un aprendizaje que rebasa el aula: sentir una emoción es parte de la vida cotidiana, pero comprenderla y decidir cómo expresarla también requiere atención y práctica.








