++ Dijo en conferencia que además de los conocimientos disciplinares, las y los estudiantes requieren desarrollar distintas formas de pensamiento, entre ellas el pensamiento matemático y científico, así como el creativo, analítico, crítico y estratégico.
La formación de las nuevas generaciones de Técnicos Analistas Químicos debe responder a los retos científicos, tecnológicos, ambientales y profesionales del siglo XXI, mediante una preparación que fortalezca el pensamiento científico, crítico, creativo y estratégico, señaló Xóchitl Angélica Trujillo-Trujillo, coordinadora general de Investigación Científica de la Universidad de Colima.
Al impartir la charla “La química del futuro: tendencias científicas, tecnológicas y profesionales para la formación de nuevas generaciones”, en el marco del Foro “Orientaciones metodológicas y disciplinares para la reestructuración del plan de estudios Técnico Analista Químico”, la profesora-investigadora destacó la importancia de que este proceso de reestructuración permita definir con claridad el perfil de las y los estudiantes que se busca formar y la manera en que cada asignatura contribuirá a ese propósito.
“Tenemos tres preguntas: ¿Cuál es el perfil de Técnico Analista Químico que queremos formar?, ¿cómo está estructurado actualmente el programa que tenemos para crear ese perfil? y ¿cómo contribuye cada asignatura del programa a construir ese perfil deseado?”, planteó.
Explicó que la química debe analizarse desde una visión amplia e interdisciplinaria, vinculada con los distintos sectores que integran el entorno social. En este sentido, propuso pensar la formación del Técnico Analista Químico desde un modelo de interacción entre la academia, el sector público, la sociedad, la industria y el medio ambiente.
Xóchitl Trujillo dijo que las ciencias básicas deben convertirse en un detonante del desarrollo y contribuir a que las y los estudiantes comprendan los problemas de su entorno y participen en la búsqueda de soluciones. Aquí destacó el potencial de la Universidad de Colima para articular la formación académica con el trabajo de sus investigadoras e investigadores.
Señaló que además de los conocimientos disciplinares, las y los estudiantes requieren desarrollar distintas formas de pensamiento, entre ellas el pensamiento matemático y científico, así como el creativo, analítico, crítico y estratégico.
En cuanto a las tendencias que actualmente transforman el campo de la química, habló de la incorporación de herramientas digitales para el diseño y análisis de moléculas, los simuladores, la digitalización de los laboratorios, el análisis de datos, y los laboratorios virtuales.
Destacó que estas nuevas tecnologías permiten almacenar, analizar e interpretar información con mayor rapidez, identificar patrones, realizar predicciones y apoyar la toma de decisiones. Por ello, consideró fundamental que en los programas educativos exista una adecuada articulación entre la formación teórica y práctica.
Entre las principales tendencias de la química en el siglo XXI mencionó la química verde, la economía circular, el análisis de grandes volúmenes de datos, el desarrollo de nuevos materiales, la biotecnología y la seguridad profesional. Estas áreas, dijo, deben considerarse desde la perspectiva de formar profesionales capaces de desempeñarse en diferentes contextos y responder a problemáticas globales.
También resaltó la importancia de utilizar la inteligencia artificial de manera ética y como una herramienta de apoyo, sin sustituir la experiencia, la preparación ni el juicio de las personas. “La inteligencia artificial puede apoyar, pero la experiencia es de la persona que se prepara para realizar su trabajo, y también está la ética de esa persona”.
Finalmente, invitó a aprovechar el proceso de reestructuración curricular para promover una formación basada en el conocimiento científico, la sostenibilidad y la solución de problemas del entorno, de manera que las y los jóvenes no sólo se preparen para incorporarse al ámbito laboral como técnicos, sino que también puedan visualizar una trayectoria profesional y de investigación.
“La educación en el siglo XXI” requiere, concluyó, superar una visión tradicional y estrictamente disciplinar para avanzar hacia un conocimiento transversal, conectado con otras áreas y con el desarrollo de habilidades en las y los estudiantes.









