++El destacado poeta chiapaneco tuvo una charla sobre su obra y trayectoria con estudiantes y docentes de la Facultad de Letras y Comunicación de la Universidad de Colima.
El poeta y psicoterapeuta Efraín Bartolomé sostuvo un diálogo con estudiantes y profesores de la Facultad de Letras y Comunicación (FALCOM), este jueves 21 de mayo en su visita al estado y a la Universidad de Colima.
La presencia del poeta chiapaneco en la FALCOM reunió a la comunidad de docentes que conocen y siguen su obra, y a estudiantes de los últimos semestres para hablar de sus poemarios, su trabajo y trayectoria.

La primera y las más recientes y significativas obras poéticas del autor fueron el tema central: Ojo de jaguar (con una de sus 14 ediciones hecha por la Universidad de Colima), Música Lunar, Música Solar, Testamentum, Cuadernos contra el ángel.
El diálogo fue conducido por el narrador y docente de la FALCOM, Alberto Llanes Castillo, quien reveló el impacto que le causó leer, primero, el poema “Fuego en voz alta para encender la primavera” y después escucharlo en la propia voz del poeta (Vibro / Estoy cantando / Ilumino la oscuridad cantando…)
Efraín Bartolomé recitó, de pie, el poema Las palabras: “Las palabras son clavos, son martillos, leznas, tirabuzones, verduguillos, tizones y tornillos; son dagas, son tenazas, son cuchillos. Las palabras se hunden hasta el hueso con puntas aceradas y en su exceso brutal…”

A la petición de reflexionar sobre la música en la poesía dijo que desde pequeño leyó poesía y quedó encantado por la música de ésta, que en ese entonces no entendía del todo. El autor Efraín Bartolomé declamó el fragmento de un poema de Héctor Eduardo Paniagua, poeta chiapaneco que su padre declamaba y que al momento de recitarlo, hizo que se le quebrara la voz.
Dijo que la música o la imagen, por sí solas, no hacen el poema. Éste necesita de ambas y de un elemento más, la emoción. “Sin emoción, el poema nace muerto”.
Sobre recomendaciones para escribir, les dijo que llevaran siempre una libreta para escribir ideas y emociones cuando éstas ocurren. Y guardar todo lo que escribe. En este tema recordó a Horacio, quien recomendaba guardar los manuscritos por nueve años “para no arrepentirte después, porque la palabra que se soltó no puede recogerse”.







